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Los que estamos casados sabemos que después de unos años, para muchos es complicado mantener la convivencia. El día a día y la rutina acaban por aburrir y hastiar a la pareja, y es cuando empiezan las crisis y las peleas. Da la sensación de que ya no funciona.

Es un poco difícil mantener viva la llama, pero además romper con la rutina. La pasión puede desaparecer rápido si no le dedicamos tiempo a la construcción del matrimonio y al mantenimiento del proyecto en común que comenzó el día del ‘sí quiero’.

Muchas veces pensamos que el matrimonio se ha acabado o que ya no funciona más por una cosa puntual o concreta, pero la mayoría de las veces es una serie de problemas que se van acumulando a lo largo de los años.

¿Cómo sabes que ya no funciona?

Vamos a analizar unas cuantas señales de que el matrimonio está realmente acabado.  Presta atención, ya que, posteriormente, daremos algunos consejos para intentar salvar la situación y volver a tener un matrimonio estable.

Lo primero que debemos observar es si la negatividad forma parte de nuestras vidas. Todos tenemos crisis o ciertos momentos en los que no vemos que la relación vaya a salir bien, pero cuando realmente tiene que acabar se nota enseguida.

Si tú o tu pareja tienen realmente ganas de arreglar la situación y mejorar la relación, pero el otro se muestra resentido o sin ganas, lo más probable es que no vaya a salir adelante ni con buena intención.

También, cuando ha existido un episodio de infidelidad y no se sienten remordimientos. Puedes estar de acuerdo o no, pero la infidelidad es una situación que sí se puede superar; con trabajo, mucha disculpa, amor y compasión.

Pero si tu pareja o tu mismo sois infieles y engañáis al otro y no mostráis remordimientos por lo sucedido, es una clara señal de que no vale la pena luchar por salvar un matrimonio en el que no hay amor.

Otra de las señales es la falta de intimidad. Y no nos referimos solo a la falta de intimidad para las relaciones sexuales, aunque esto es algo fundamental en la pareja. Si no también a la intimidad de tener contactos tipo: cogerse de la mano, abrazarse o besarse.

Si este tipo de intimidad ya no existe en tu matrimonio es una mala señal. Claramente hay algo que no está funcionando, pues la intimidad es algo extremadamente necesario para que una pareja funcione.

Una de las señales más indicativas es la confianza. En una pareja en la que no hay confianza no hay mucho que hacer. Si  no puedes contar con la otra persona o no te apetece contarle tu día en el trabajo, o salir juntos y hacer planes…

Compartir cosas con el otro, hablar de los sentimientos que se tiene y confiar en la otra persona es clave para el buen funcionamiento de la pareja y el matrimonio. Si ya no se escriben o se sientan a hablar, es una clara señal de falta de interés.

Y, por último, aunque no menos importante, una clarísima señal es que ya no exista amor entre ambos miembros del matrimonio. Pues es el amor el que realmente da fuerzas para seguir adelante y arreglar las cosas.

¿Qué puedo hacer para arreglarlo?

Lo primero es sentarse a hablarlo. ¿Realmente queremos seguir juntos? Si la respuesta es afirmativa, entonces hay unas cosas que tenemos que tener en cuenta para empezar a cambiar y mejorar la relación.

Primero de todo lo más importante es que cada uno se sienta bien consigo mismo, en equilibro, con su dominio propio digamos. Ni él tiene el control sobre todo ni ella no puedo vivir sin él.

Hay que encontrar el equilibrio que sea saludable para ambos y para la relación. Esto va unido con lo siguiente: dar espacio. Cada uno debe tener su espacio propio donde sentirse libre y relajado para pensar y reflexionar sobre lo que está pasando en la pareja.

También debemos evitar discutir, y, sobre todo, evitar discutir en caliente. Es mejor aplazar unas horas la discusión y hacer la en frío con los pensamientos en orden, ahorrando así malas palabras que en realidad no sentimos y que empeoran la situación.

Ahora vienen las dos cosas más difíciles: hacer cambios personales y pedir perdón. Para poder arreglar una situación que no funciona lo primero que debe cambiar es uno mismo. Porque si, finalmente, no lográis salvar nada, ambos debéis continuar con vuestras vidas.

Luego también hay que reflexionar y pedir perdón por los errores cometidos. Esto debe hacerse con valentía y decisión sin que sea demasiado tarde. Tampoco hay que forzarlo. Que cada uno se retire a reflexionar y luego se disculpe si es necesario por sus errores.

Como ves, las relaciones de pareja no son fáciles, y los matrimonios pueden deteriorarse con el tiempo. Pero, si le ponemos esfuerzo, podemos conseguir superar esos baches… ¡Porque en eso consiste el matrimonio, al fin y al cabo!

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