Los niños, a partir de los 3-4 años presentan resistencias a aquellas peticiones que provienen de sus padres. “Consideramos que estos niños son desobedientes“. Sí, esa es la palabra con la que los padres definen a sus hijos y que, a su vez, está cargada de connotaciones negativas. Connotaciones que se convertirán en expectativas negativas cuando los niños asumen dicha etiqueta. Es decir, cuando un niño escucha en repetidas ocasiones que es un desobediente tenderá a comportarse más aún de esa forma, como la propia palabra indica.

Lo primero que deberemos hacer es intentar empatizar con el niño, ya que sólo poniéndonos en su lugar podremos entenderle.

Los niños tienden a desobedecer las órdenes porque es su forma de descubrir dónde están los límites, cómo son las normas, y para ello echan pulsos, retan. Ellos también quieren mostrarse fuertes, quieren mandar. Están forjando su carácter y desarrollando su personalidad.

¿Entonces, qué hacemos, cómo podemos educarles?

Cuando abusamos del castigo, al final este pierde su efecto ya que los niños terminan acostumbrándose a ello y lo normalizan aprendiendo a vivir con castigados. Así pues, los psicólogos especializados en infantil darán mucha importancia al hecho de que a los niños se les explique sin gritar y sin mala actitud por qué su comportamiento ha sido inadecuado y los motivos por los cuales tienen que sufrir consecuencias. Además, animarles a que no vuelvan a repetir ese comportamiento será igual de importante.

El niño, por tanto, deberá conocer las normas y saber las consecuencias que sufrirá en el caso de saltárselas; de esa forma podrá contemplar si le compensa o no traspasar los límites. El castigo deberá ser inmediato a la conducta inadecuada, deberá ser coherente y proporcionado al hecho y a la edad, en intensidad, coste emocional y tiempo de duración. Si se abusa de algo, deberá ser de la explicación y del esfuerzo por fomentar la corrección del comportamiento, reforzándole de forma positiva en la simulación. Un ejemplo podría ser el siguiente “Como no has recogido los juguetes cuando te lo he dicho hoy no bajamos al parque y mañana si recoges y lo tienes todo ordenado, mamá y papá se van a poner muy contentos y bajaremos al parque.”

No se deberán hacer restricciones absolutas del tipo “No vas a volver a ver dibujos nunca más”, puesto que no podría cumplirse, ni por supuesto podremos utilizar sus necesidades básicas como moneda de cambio, como por ejemplo “Hoy no comes”.

Amenazar al niño será contraproducente mientras que animarle a comportarse de una forma adecuada y prestarle especial atención cuando presente buena actitud y obedezca, será todo lo contrario. Esto último favorecerá el comportamiento del niño que poco a poco normalizará comportamientos más adecuados y adaptativos.

Autora: psicóloga Marta Camacho Calvo, Centro de Psicología Psicomaster

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“Mi hijo es un desobediente” La importancia de educarles para el mundo real
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