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La exactitud del testimonio

Desde la aparición y primer desarrollo de la psicología como disciplina científica, algunos investigadores fueron conscientes de que los conocimientos que se empezaban a generar en el ámbito sobre la memoria humana, podían ser utilizados para resolver algunas incógnitas y problemas que se planteaban en ámbitos aplicados. Unos de estos ámbitos es el del testimonio que hacen las personas cuando declaran ante los tribunales de justicia o para la policía.

A principios de siglo, autores como Münsterberg, Binet o Stern publicaron trabajos de investigación sobre la psicología del testigo y plantearon la necesidad de que los jueces, al igual que son asesorados por diferentes profesionales sobre temas que caen fuera de su esfera de conocimiento, tengan peritos psicólogos que los asesoren sobre diferentes aspectos psicológicos implicados en los contextos jurídicos.

Hoy en día, cada vez está un poco más normalizado que haya psicólogos forenses, participación que se materializa en ámbitos muy diversos, como son los siguientes:

  • La criminología.
  • La selección de jurados.
  • La atribución de responsabilidad.
  • La formación de la policía.
  • El ámbito penitenciario.
  • La atención a las víctimas.
  • El peritaje del daño psicológico.
  • La valoración del testigo.

Cuando una persona, en comisaría de policía o ante un juez, explica los hechos que ha presenciado o vivido, o cuando es sometida a una rueda de identificación en la que debe intentar reconocer a una persona sospechosa, está haciendo un ejercicio de memoria.

Este ejercicio de memoria puede ser extraordinariamente trascendente por sus consecuencias, sin embargo, no se diferencia sustancialmente de lo que hacemos cuando intentamos relatar a un amigo el episodio de una película que hemos visto o cualquier otra cosa, más o menos trivial que nos haya pasado.

Que nuestro relato de una película no sea muy fiel no suele tener demasiada trascendencia. Sin embargo, los errores en el testimonio pueden determinar que personas culpables de delitos sean absueltas o, lo que es peor, que inocentes sean condenados. Por este motivo, los jueces, abogados y fiscales se basan cada vez más en los peritajes psicológicos para tratar de determinar el grado de exactitud que deben atribuirse a un relato de un testigo, o un proceso de identificación.

El efecto de la información engañosa

El efecto de la información engañosa se produce cuando la persona distorsiona el recuerdo original de un episodio debido al procesamiento posterior de información contradictoria con lo que realmente se ha percibido.

Cuando percibimos cualquier evento, los procesos que operan en los diferentes sistemas de memoria elaboran una representación de lo que hemos percibido en nuestra memoria. Sin embargo, si posteriormente, por cualquier medio, recibimos información que no concuerda con el episodio original que percibimos, aumenta la probabilidad de que se distorsione de alguna manera la representación del episodio original de tal manera que, cuando lo recordamos posteriormente, introducimos inexactitudes o errores en nuestro recuerdo.

Los psicólogos interesados en el tema de la exactitud del testimonio han puesto de manifiesto a partir de muchos experimentos el efecto de la información engañosa.

En un experimento de Loftus, Miller y Burns (1978), por ejemplo, se presentaba a los sujetos una secuencia de diapositivas que representaba un accidente de circulación. En esta secuencia de diapositivas había una en la que los sujetos veían un coche detenido ante una señal de stop.

Vista la secuencia, a los sujetos se les pasó un cuestionario de veinte preguntas sobre lo que habían visto. Para la mitad de los sujetos una de estas preguntas era: Adelantó otro coche en el coche rojo mientras estaba parado en la señal de Stop? (Información consistente con los que el sujeto había visto); para la otra mitad de los sujetos la pregunta crítica fue: Pasó otro coche en el coche rojo mientras estaba parado en la señal de ceda el paso? (Información engañosa o inconsistente con lo que los sujetos habían visto).

Posteriormente, los participantes realizaron una tarea distractora de veinte minutos que consiste en leer un texto y contestar algunas preguntas.

Finalmente, los sujetos eran sometidos a una prueba de reconocimiento en que se les presentaron pares de diapositivas simultáneas entre las que los sujetos tenían que seleccionar aquella que les había sido presentada previamente en la secuencia del accidente.

El par de diapositivas crítico, en el que los sujetos tenían que elegir la diapositiva vista en la secuencia original, presentaba el coche parado ante la señal de Stop, en una diapositiva, y parado ante la señal de ceda el paso, en la otra.

Los resultados mostraron que en el grupo de participantes en los que la pregunta era coherente con la información vista el porcentaje de sujetos que eligió la diapositiva original fue del 75%, claramente por encima de 50% que nos marcaría el efecto del azar; mientras que en el grupo que recibió información engañosa en la pregunta el porcentaje de respuestas acertadas fue del 41%.

Un experimento de Loftus y Palmer (1974) nos pone de manifiesto como la información después del suceso, introducida sutilmente según sea la expresión lingüística que se use, puede alterar el testimonio de las personas.

En este experimento se presentó a los sujetos una filmación en la que se veían dos coches que colisionaban entre sí. Posteriormente se formulaba a los sujetos la pregunta siguiente:

¿A qué velocidad iban los vehículos cuando……………….?

Para una parte de los participantes el verbo utilizado fue se estrellaron; en el otro grupo el verbo fue colisionaron; en otro abollar, en otro colisionar contra, finalmente en otro grupo de sujetos el verbo que se usó era contactar.

Debemos tener en cuenta que los diferentes verbos utilizados en la pregunta implican una gradación de más a menos violencia en el choque y, por tanto, de una mayor velocidad previa al choque.

La media de los resultados en la estimación de la velocidad de los coches de los diferentes grupos según el  verbo que se utilizó fue la siguiente:

Verbo utilizado en la preguntaVelocidad estimada (km / h)
Estrellarse40.8
Colisionar39.3
Abollar38.1
Topar contra34.0
Contactar31.8

 

Aunque la variación de la estimación de velocidad que hicieron los sujetos pueda pareceros pequeña, piensa que hay es suficiente para que en una situación real se pase de una velocidad legal en una de ilegal.

El efecto de la información engañosa, que ha sido demostrado en multitud de experimentos, pone de manifiesto problemas interesantes tanto aplicados, como teóricos.

En el ámbito aplicado se plantea el problema de cómo evitar que, cuando una persona ha presenciado o sufrido como víctima un delito, la información posterior que recibe distorsione de alguna manera su recuerdo.

La información de un suceso puede provenir de fuentes muy diversas: los mismos interrogatorios de la policía, conversaciones con otras personas, o incluso la información proporcionada por los medios de comunicación.

En el ámbito teórico, la pregunta fundamental es: ¿qué procesos mentales determinan que se produzca el efecto de la información engañosa?

Actualmente se investigan varias explicaciones:

  • Puede ocurrir que la información posterior engañosa borre y sustituya parte de la representación original del evento en la memoria del sujeto.
  • Puede ocurrir que tanto la información original del evento, como la información posterior engañosa coexistan en la representación del sujeto y varios factores determinen que el sujeto acceda a una o a otra.
  • Puede ocurrir que, aunque el sujeto conserve en su representación la información original percibida en el evento, varios factores el fuercen a dar una respuesta sesgada con información que no está representada en su memoria.

Variables que inciden en la exactitud del testimonio

Los investigadores de la psicología del testigo han tratado específicamente qué factores o variables inciden particularmente en la situación concreta en la que se encuentra una persona que tiene que atestiguar y cómo estos factores y variables hacen que el testigo tienda a ser más o menos exacto. Se han elaborado diferentes clasificaciones de las variables que inciden en el testimonio y aquí repasaremos algunas de estas variables han sido la clasificación que hace Ibabe (2000).

Variables relacionadas con el evento

En primer lugar, tenemos las condiciones físicas como el tiempo que ha durado la percepción del evento por parte del sujeto, la distancia en que se ha producido esta percepción y el grado de iluminación que había. Evidentemente, cuanto menos tiempo de exposición, más distancia e iluminación más mala, menos probable es que el testigo sea exacto.

Por otro lado, tenemos las características propias del evento. Por ejemplo, se ha demostrado que suele ser peor el testigo de acontecimientos violentos que el de eventos que no implican violencia. Además, dentro de un episodio no todas las acciones y objetos implicados tienen la misma relevancia y el testigo tiende a empeorar cuando afecta a elementos menos importantes.

Variables relacionadas con el testigo

En primer lugar encontramos toda una serie de variables de carácter físico relacionadas con el testigo. Una de estas es la edad. Por ejemplo, se sabe que el testimonio de los niños muy pequeños, en edad preescolar, y el de los ancianos tiende a ser peor que el de las personas que están entre estos límites de edad.

Otra variable de índole física es la raza de testigo en relación con la raza de la persona sobre la que debe prestar testimonio. Tendemos a codificar más elementos y detalles, y consecuentemente a recordar mejor, la apariencia física de las personas de nuestra misma raza.

También han sido demostradas diferencias en la calidad del testigo según el sexo del testigo. Entre otros, se sabe que las mujeres recuerdan peor los acontecimientos violentos que los hombres. Aunque el testimonio de las mujeres es mejor.

También han sido investigadas muchas variables cognitivas relacionadas con el testigo.

Una de estas se refiere a las diferencias individuales en las habilidades de memoria para el recuerdo de eventos o el recuerdo de personas. Se ha demostrado que recordar eventos o identificar personas son habilidades que no tienen que coincidir en una persona. Es decir, podemos ser muy hábiles en el recuerdo de eventos y muy poco en los procesos de identificación o viceversa.

Otra variable importante para la exactitud del testigo es la atención. Si ha sido muy focalizada sobre aspectos particulares de un episodio (por ejemplo, el arma que portaba el delincuente), el recuerdo de otros aspectos del evento tenderá a ser muy pobre. Esto es lo que se conoce como efecto de focalización en el arma.

Un elemento muy importante en relación con la exactitud del testimonio es el grado de activación emocional que el hecho suscitó en el testigo. Aunque antes hemos dicho que tanto relatar un episodio de una película en un amigo, como dejar testimonio sobre un delito del que hemos sido víctimas o testigos presenciales son ejercicios de memoria, no podemos dejar de lado que en muchas ocasiones el testigo de un delito en un caso real vivió el evento con un alto componente de estrés.

La cuestión es: ¿un episodio que despierta un alto grado de estrés en quien lo percibe será mejor o peor recordado que un hecho neutro? Hoy en día no tenemos, desgraciadamente, una respuesta clara y simple al respecto.

Memoria y testimonio: la psicología del testigo
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