Memoria olfativa


Acaba nuestra jornada laboral. Regresamos a casa a las 14:00 horas. Siempre solemos ir a pie. El trayecto es corto, no más de diez minutos. Caminamos tranquilamente cuando, de repente, percibimos un olor con el que automáticamente aparece en nuestra mente un familiar fallecido. El impacto es tan fuerte que incluso podemos sorprendernos y quedar aturdido durante unos segundos. Aunque parezca uno de los sentidos menos abordados, se está comprobando que la memoria olfativa es de las que dejan una huella más profunda y duradera.

A lo largo del artículo se indagará en la razón de la relación entre olor y recuerdo. Se abordarán las estructuras cerebrales implicadas y cómo se lleva a cabo este proceso de asociación. ¿Quién no se ha visto sorprendido alguna vez por un fuerte recuerdo a través de un olor particular? Quizá un perfume, un plato de comida, un lugar concreto… Hay olores que marcaron nuestra infancia y que, con el paso de los años, sin saberlo, están ahí grabados a fuego esperando el estímulo adecuado para evocar un recuerdo lejano.



Memoria olfativa, ¿qué ocurre en nuestra mente?

La memoria olfativa es una de las más peculiares por su fuerte capacidad de evocar recuerdos. Cuando vemos una foto podemos recordar muchos momentos de nuestra vida. Lo mismo ocurre cuando tocamos algo que fue de un familiar o un regalo muy especial. Sin embargo, el olfato destaca por gran potencial emocional. El bulbo olfatorio es parte del sistema límbico, por lo que cuando olemos un perfume, una comida, o cualquier otra cosa que nos evoque un recuerdo, se produce una fuerte reacción emocional.

El sistema límbico es un conjunto de estructuras cerebrales relacionadas con las emociones y la memoria. Cuando nos enamoramos y sentimos “mariposas” en el estómago, podemos decir que se ha activado nuestro sistema límbico. Así pues, el olfato, al estar entre la memoria y las emociones, produce una fuerte asociación entre el olor y el contexto. Sin embargo, cabe decir que estos procesos son inconscientes. ¿A que nos referimos con esto?

De pequeños solemos asociar un perfume a nuestros padres, o a nuestros abuelos, así como una comida favorita. Otras personas, cada vez que huelen cierto incienso, les recuerda cuando de pequeños veían los tronos en Semana Santa. A otras personas, el olor a mar les recuerda las vacaciones en la playa de su infancia. Son asociaciones que se producen a través de nuestras vivencias sin saber que en un futuro, al volver a oler el mismo estímulo, nos evocará a un momento o momentos del pasado.

Una asociación poderosa

La amígdala y el hipocampo son estructuras importantes en esta asociación. Por una parte, la amígdala es la encargada de procesar emociones, y por otra parte, el hipocampo está relacionado con el aprendizaje asociativo. Como afirma el equipo de Bello-Medina (2018) en un artículo de revisión, “el hipocampo juega un papel muy importante en varios procesos cerebrales como son la ubicación espacial, el procesamiento de información emocional y el aprendizaje y la memoria”. El bulbo olfatorio tiene acceso a ambas estructuras, por lo que a través de éstas se crea la asociación olor-emoción.

De esta forma, también se puede explicar porqué algunas personas prefieren unos olores a otros. Si en el momento de oler un estímulo concreto nuestra situación era negativa, es posible, que si en un futuro olemos el mismo estímulo, nos sintamos regular. Por otro lado, si teníamos un familiar que siempre llevaba un perfume concreto y era una persona que nos alegraba y nos gustaba su presencia; con el paso de los años, al volver a oler ese perfume, nos puede evocar un estado emocional agradable.

Así pues, un olor no solamente nos trae un recuerdo a la mente, sino también es capaz de producir un estado de ánimo. ¿Quién no ha tenido una experiencia agradable al oler determinado perfume? ¿Quién no ha recordado un evento de su infancia que ni recordaba al oler, por ejemplo, un plato de comida? Esta impronta emocional asociada al recuerdo es la clave en este proceso de asociación tan elevado.

Memoria olfativa paso a paso

El proceso de asociación de un olor a un recuerdo y emoción está compuesto por diferentes secuencias.

  1. Percepción. En primer lugar, a través del sentido del olfato percibimos un estímulo externo concreto, en este caso, un olor.
  2. En segundo lugar se crea una sensación. Como afirma Álvarez del Blanco (2011), la sensación es la respuesta al estímulo. En este caso, como postula Claudia Gómez (2012) consiste en una “interpretación y representación subjetiva que hace el individuo de un aroma según diversas variables individuales y sociales o culturales que haya vivido”.
  3. Emoción. En este punto la emoción se asocia a objetos concretos.
  4. La asociación es otro de los procesos importantes. Consiste en el significado generado en la mente del individuo en relación a los acontecimientos y situaciones que ocurren a su al rededor y que se almacenan en la memoria.
  5. La impronta, como describe Rapaille (2007), “es una conexión combinada resultante de la experiencia con la emoción correspondiente al entender o aprender por primera vez un concepto o una cosa y que genera una imagen mental o un significado relacionado con la misma”.
  6. El recuerdo. Por último, el recuerdo está ligado a la memoria de larga duración, por lo que la memoria olfativa se trata de memoria a largo plazo.

Qué mejor que un ejemplo para explicar el proceso. Imaginemos que de pequeños siempre ayudábamos a nuestro padre a cortar el césped. En primer lugar percibimos el olor a hierba recién cortada, olor que nos causa una sensación. Esta sensación produce una emoción que depende del contexto. Si nos gusta ayudar a nuestro padre, posiblemente la emoción sea positiva. Sin embargo, si vemos la experiencia como un suplicio y algo negativo, el olor podría provocarnos una emoción de rabia.

Una vez provocada la emoción, se produce la asociación, en este caso podría ser el olor a hierba con la emoción de bienestar, diversión y felicidad. Después de la asociación se produce la impronta. ¿Qué diferencia hay entre asociación e impronta? La asociación consiste en el establecimiento de la relación entre el olor y la emoción y la impronta sería la unión de ambos a partir de la cuál el estímulo oloroso elicitará la emoción. En otras palabras, la impronta equivaldría a la huella que nos dejaría en la memoria dicha asociación. Y por último, esta emoción será provocada a través del recuerdo cuando en un futuro volvamos a oler la hierba recién cortada.

Bibliografía

  • Álvarez del Blanco, R. (2011). Fusión Perfecta: Neuromarketing. España: Prentice
    Hall
  • Bello-Medina, P,. González, D. y Medina, A. (2018). El hipocampo: historia, estructura y función. Boletín Científico de la Escuela Superior Tepeji del Río, 10, 58-61.
  • Gómez, C. (2012). La identidad olfativa: una estrategia invisible y silenciosa. Revista virtual Universidad Católica del Norte, 37, 156-179.
  • Rapaille, C. (2007). El Código Cultural. Bogotá: Grupo Editorial Norma.
Memoria olfativa, ¿por qué es tan evocadora?
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