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Mi objetivo con este artículo no es detenerme en los aspectos teóricos de la eyaculación precoz, sino contextualizar brevemente el trastorno para poder realizar un abordaje eminentemente práctico del tema. Así, el lector puede hacerse una idea de cómo se tratan este tipo de dificultades en la consulta de un psicólogo. Si quieren profundizar en su conceptualización teórica, el blog ya ha abordado el asunto en este artículo que habla sobre los aspectos más descriptivos de la eyaculación precoz.

¿A qué nos referimos con eyaculación precoz?

Como su nombre indica, este trastorno está caracterizado por la presencia de un orgasmo y eyaculación persistente o recurrente en respuesta a una estimulación sexual mínima antes, durante o poco tiempo después de la penetración y en todo caso, antes de que la persona lo desee. Lo más importante para categorizarlo como trastorno, es que esta disfunción provoque malestar acusado en la vida del paciente o dificultad en las relaciones interpersonales (ej. problemas con su pareja).

Lo habitual en relación al origen del trastorno es que el varón haya aprendido esta respuesta de forma defectuosa y normalmente en situaciones sexuales dónde la ansiedad esté presente de forma relevante. Una vez que la respuesta se ha aprendido resulta complicado controlar voluntariamente el reflejo, ya que la eyaculación depende de la rama simpática del sistema nervioso autónomo, directamente relacionada con la activación del organismo, por lo que la propia ansiedad ayudará a disparar la respuesta eyaculatoria.

Causas de la eyaculación precoz

La gran mayoría de las disfunciones sexuales son de origen psicosocial (entre el 90 y el 95% de los casos, según Kaplan, 1974, y Masters y Johnson, 1970). Se ha observado, además, que no dependen de una única causa exclusiva sino que se suelen formular modelos multicausales en su explicación. Aunque la mayor parte de las disfunciones respondan a una etiología psicosocial, en algunos casos resulta conveniente realizar las pruebas médicas pertinentes para descartar organicidad.

Labrador en 1994, propone tres factores que suelen estar presentes en la mayoría de las disfunciones sexuales:

  • Ansiedad asociada a relaciones sexuales.
  • Falta de habilidades y conocimientos sobre el desarrollo de la respuesta sexual propia y de la pareja.
  • Adopción del “rol de espectador”. Esta etiqueta se refiere a aquellas personas que se dedican a preguntarse, de forma casi mecánica, si lo estarán haciendo bien, si aguantarán más que la vez anterior, si le estará gustando a la otra persona, si el pene está lo suficientemente duro, cual será la siguiente postura… en vez de limitarse a disfrutar de las sensaciones y de la experiencia. Se convierten en espectadores de su propio rendimiento, en vez de centrarse en disfrutar del partido que están jugando. De esta manera, gran parte de nuestra atención pone su foco en variables poco o nada relevantes que van a dificultar la consecución de una relación sexual satisfactoria para ambas partes.

El autor añade, de forma secundaria, la importancia de una educación sexual inadecuada, llena de mitos sexuales y creencias populares en su mayoría erróneas como agentes relevantes en la predisposición a las disfunciones sexuales.

Tratamientos eficaces

1. Compresión y apretón basilar (Masters & Johnson)

Como podréis observar, Masters & Johnson no se comieron mucho la cabeza con el nombre de esta técnica, pero lo más importante para ti es que esta herramienta es un recurso empíricamente eficaz, bastante sencillo y que si se pone en práctica de forma constante, puede proporcionarte resultados muy pero que muy positivos.

  • En primer lugar, ponte cómodo y relájate.
  • Cuando hayas conseguido este estado de calma y tranquilidad es cuando puedes empezar a masturbarte hasta conseguir una erección completa.
  • El ritmo debe ser constante pero con una velocidad moderada, hasta que sientas que estás acercándote a los sensaciones que marcan los momentos previos a la eyaculación.
  • Cuando alcances esta sensación premonitoria es cuando tienes que realizar una compresión firme con el pulgar sobre la parte del frenillo y los dedos índice y medio en la cara posterior del pene. La presión ha de ser fuerte (sin que resulte doloroso) durante tres o cuatro segundos, impidiendo así la respuesta eyaculatoria. En este momento, sentirás que tu pene pierde su urgencia eyaculatoria y tu erección disminuirá entre un 10 y un 30%.
  • Es conveniente descansar entre 15-30 segundos y tras este breve periodo, debes reiniciar el ciclo de estimulación hasta conseguir de nuevo esa sensación de inminente eyaculación.
  • En las primeras sesiones de entrenamiento, es conveniente que repitas el proceso de 4 a 5 veces y cuando vayas dominando la técnica y aumentando los periodos temporales, debes ir aumentando las repeticiones.
  • El ejercicio debe practicarse de forma constante hasta que percibas mayor control sobre tu respuesta eyaculatoria.

eyaculacion precoz

Este entrenamiento suele realizarse en 4 fases. Aquí las detallamos tal y como propone el Colegio Oficial de Psicólogos:

La primera de ellas consiste en realizar los ejercicios descritos de forma individual, tal y como hemos expuesto o también puede ser la propia pareja la que estimule y posteriormente ejerza la presión en el pene. Para una correcta aplicación, la mujer debe colocarse apoyada en el respaldo de la cabecera de la cama y con las piernas estiradas y abiertas; el hombre descansa sobre la espalda con la cabeza dirigida hacia los pies de la cama, su pelvis queda colocada entre las piernas de ella. Desde esa posición la mujer manipula con comodidad los genitales del hombre.

La segunda corresponde a la introducción del pene en la vagina sin movimiento. En este caso, el varón se acostará de espaldas y la mujer se colocará encima de él apoyada en las rodillas y rodeando con las piernas al varón. En esta posición la mujer introducirá el pene en su vagina y lo mantendrá en su interior sin realizar ningún movimiento mientras el varón controla e impide la eyaculación. Si el varón nota que su nivel de excitación hace peligrar el control de la eyaculación debe advertirlo de inmediato a la mujer y ésta después de extraer el pene aplicará la técnica de compresión durante 3 o 4 segundos. Una vez conseguida la retención de la eyaculación, la mujer volverá a introducirse el pene.

La tercera consiste en la introducción del pene en la vagina con movimiento. Una vez introducido el pene el varón realizará movimientos pélvicos con el fin de mantener la erección, pero sin que se produzca la eyaculación, en la misma postura descrita en el paso anterior. En caso de que el varón sienta la urgencia eyaculatoria se repetirá lo realizado en la segunda fase. Sólo cuando se consiga una adecuada duración de la penetración se le permitirá la eyaculación en esta postura.

En la cuarta y última fase el coito se realiza con una postura lateral, ya que es la posición que permite un máximo control en la eyaculación.

Cuando hayas logrado un adecuado control sobre la eyaculación puedes pasar a otras posturas, aunque suele recomendarse evitar al principio aquellas en donde el varón está en posición superior (ej. postura del misionero), ya que dificultan el control de la eyaculación.

Este proceso debe repetirse hasta que el hombre aprenda a aumentar el control sobre su eyaculación, primero suele hacerse de forma individual y posteriormente acompañado de su pareja, durante el coito, tal y como hemos desarrollado.

Tienes que tener en cuenta que el objetivo de esta técnica no es la obtención inmediata de placer, sino que con ella se pretende la reeducación de tu reflejo eyaculatorio. Si en algún momento crees que puedes eyacular, es necesario que dejes de masturbarte o que saques el pene de la vagina y no te dejes llevar por las sensaciones de placer, reiniciando el ciclo que aquí exponemos. Esta técnica te va a permitir una respuesta de excitación más duradera y así, podrás atajar directamente la inmediatez eyaculatoria, característica fundamental de la eyaculación precoz y centro de tus preocupaciones. De esta manera podrás prolongar el tiempo de permanencia del pene en la vagina sin eyacular.

Masters & Johnson se refieren a la técnica del apretón basilar como una variante de la que acabamos de describir. La principal diferencia con la técnica anterior es que en vez de comprimir debajo del glande, se aprieta la base del pene.

eyaculacion precoz

2. Parada y arranque o Stop-Start (Semans)

Esta vez Semans tampoco le dio muchas vueltas al nombre de la técnica, esto nos facilita enormemente su explicación ya que el título en sí mismo es bastante explícito.

El procedimiento es exactamente igual al que hemos expuesto en la técnica anterior y la principal diferencia consiste en que, en este caso, no hay que realizar ningún ejercicio de presión en el pene cuando el varón empiece a sentir esa urgencia eyaculatoria. Lo que se debe hacer en este punto es sencillamente detener la estimulación, relajarse y reiniciar la actividad, una vez que hemos sido capaces de controlar esa excitación.

Esta técnica tiene la misma secuencia que la anterior con lo que discurre exactamente por las mismas fases, explicadas punto por punto en párrafos anteriores.

3. Psicofarmacología

El último bloque de tratamientos eficaces consiste fundamentalmente en la administración de ISRS (ej. fluoxetina) y de antidepresivos tricíclicos (ej. clomipramina). Suelen pautarse cuando las técnicas conductuales que hemos comentado en los párrafos anteriores fracasan.

Reflexión

Uno de los objetivos de este artículo es normalizar la eyaculación precoz, ya que soy consciente de que en nuestra sociedad se vive, incomprensiblemente para mí, con gran estigma social porque valores como la virilidad, la masculinidad y la hombría se relacionan directamente con la potencia sexual.

Es conveniente saber que es la disfunción sexual más prevalente en los hombres, con cifras de hasta un 27% y que suele darse con mayor frecuencia en varones jóvenes y en las primeras relaciones sexuales. Esta dolencia puede llegar a socavar, en muchas ocasiones, la autoestima de un hombre, generar miedos, inseguridades, aislamiento, ansiedad, bloqueos… y es necesario que quien la sufre sepa que tiene muy buen pronóstico con un tratamiento adecuado. Autores como Kilmann y Auerbach (1979) hablan de una tasa de éxito terapéutico que se sitúa entre el 90 y el 98%.

Cuando inicies una relación sexual, tienes que pasar de ser un espectador externo a un actor protagonista. Tienes que disfrutar de la película y no dedicarte a atender a logros o resultados. Centrando tu atención en el rendimiento, lo único que vas a favorecer es la aparición de ansiedad y, con ella, el consecuente fracaso de la respuesta sexual. Céntrate en tus propias sensaciones, ya que si prestas atención a pensamientos irrelevantes y a otros indicios no relacionados con las claves eróticas de la situación, tienes una gran probabilidad de confirmar tus preocupaciones.

Tu miedo al fracaso te va a llevar directamente al fracaso y cuantas más expectativas deposites en el proceso, mayor probabilidad tienes de no cumplirlas. Rompe ese círculo vicioso de preocupación-nerviosismo-tensión viviendo el momento presente. Si estás relajado y centrado en tu contacto con la otra persona, en las caricias, en los gestos… tienes muchas más posibilidades de tener una relación sexual espléndida y satisfactoria. De esta manera, también mejorará indirectamente la comunicación con tu pareja, aspecto que suele ser central a la hora de trabajar en la mayoría de disfunciones sexuales. Eliminar tabúes a la hora de hablar de sexo facilita y mejora la experiencia de forma significativa.

En definitiva, preocúpate menos por el cómo lo estás haciendo y disfruta más de lo que estás haciendo. Si no eres capaz tu solo, no dudes en acudir a un experto para abordarlo de una forma más eficaz, efectiva y eficiente.

Los tratamientos más utilizados en la eyaculación precoz
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Jose Salido Botas
Licenciado en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense por la Universidad Complutense de Madrid. Experto en Mediación Familiar por la Universidad Camilo José Cela. Acreditado como Psicólogo General Sanitario por la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia.

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