De todos es sabido que el sueño es una actividad necesaria para la supervivencia de nuestro organismo. Las causas exactas de porqué necesitamos dormir todavía se desconocen, pero parece ser que principalmente cumple la función de dejar “descansar” nuestro cerebro y cuerpo de la actividad diaria. No todos necesitamos dormir el mismo número de horas. Generalmente las personas más jóvenes, aquellas que realizan esfuerzos físicos o psíquicos intensos, así como determinadas características personales, suelen necesitar dormir más.

Algunos han llegado a hipotetizar que las personas muy inteligentes deberían dormir más, pero al parecer esto no es cierto, no depende de este factor. Lo que sí parece que es más general es el hecho que las personas con CI alto tienden a ser más activos durante la noche y se duermen más tarde.

Un estudio realizado por el investigador Satoshi Kanazawa y su equipo del London School of Economics and Political Science, ha revelado que existen diferencias significativas entre las preferencias de horarios para dormir según el nivel de CI de la persona. La gente con mayores puntuaciones en esta área, es más productiva de noche, mientras que aquellos con menor CI prefieren realizar sus actividades principalmente durante el día.

Así pues, las personas con mayor cociente intelectual tienden a ser más noctámbulos

…mientras que aquellas con menor cociente intelectual, son más diurnas: prefieren ir a la cama temprano y ser madrugadores.

Según Kanazawa, nuestros ancestros eran principalmente diurnos, pero la tendencia se ha ido invirtiendo de forma paulatina a lo largo de los años hacia ir elevando nuestra actividad durante la noche. Al parecer, esto se ha producido al mismo tiempo en que ha ido evolucionando la mente humana, por lo que aquellos individuos con mayores aptitudes cognitivas acostumbran sentirse atraídos por el desarrollo personal durante las horas sin sol y sus mentes demuestran un “nivel más alto de complejidad cognitiva”.

Por otro lado, un estudio de 2008 dirigido por la psicóloga Marina Giamnietro indica que la gente más nocturna tiene menor estabilidad emocional, son menos fiables y más propensas a sufrir depresión, adicciones y trastornos de la alimentación, en comparación con los madrugadores que son relativamente más conscientes.

Paralelamente, en otro estudio también encabezado por Kanazawa, se ha querido conocer si también existía algún tipo de relación entre el CI y la belleza externa o física de las personas. En este estudio participaron 17.419 personas, entre las que había desde niños, hasta jóvenes que acababan de convertirse en adultos. En contra de lo que podríamos pensar en un principio, los resultados reflejaron que en el caso de las mujeres los cocientes intelectuales de las consideradas más bellas estaban 11,4 puntos por encima de la media, y en el caso de los hombres la diferencia de cociente intelectual crecía aún más, situándose en 13,6 puntos.

Recientemente se realizó un estudio similar en EEUU con la participación de 35.000 personas con resultados parecidos.

Tras analizar los resultados de la investigación que mide la relación entre belleza e inteligencia, Saatoshi Kanazawa, concluía que la conjunción de ambos factores se debe probablemente a las características de la sociedad en que vivimos. De acuerdo con Satoshi Kanazawa, “es más probable que hombres más inteligentes alcancen un mayor estatus, y si los hombres de mayor estatus tienen más probabilidades de casarse con mujeres hermosas, entonces, dado que tanto la inteligencia como el atractivo físico son altamente heredables, debiera haber una correlación positiva entre inteligencia y atractivo físico en la generación de los niños”.

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Los más inteligentes tardan más en dormirse… y son más guapos
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