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Cada persona procesa sus sentimientos en formas diferentes, y es que nuestro estilo emocional es un aspecto fundamental de lo que somos.

Estilo emocional y salud

Nuestro estilo emocional es algo más que la visión subjetiva y personal que hacemos de la vida, ya que tiene la capacidad de afectar a nuestro bienestar y salud física, además de psicológica. Se sabe que numerosas enfermedades crónicas no son únicamente el resultado de causas externas, sino que tienen sus raíces en nuestra biología emocional.

El vínculo que existe entre nuestro tipo emocional y la salud explica por qué la medicina moderna (que suele establecer un tratamiento “igual para todos”) a menudo no logra tratar con éxito el dolor crónico y la enfermedad.

Examinando la interacción de las emociones, enfermedades crónicas y el dolor, y el éxito del tratamiento, los psicólogos Michael Jawer y Marc Micozzi estudiaron cómo las condiciones crónicas están intrínsecamente vinculadas a ciertos tipos emocionales y de cómo estas dolencias se tratan mejor mediante la elección de una terapia de curación de acuerdo con su tipo emocional.

Las 12 enfermedades crónicas más comunes pudieron vincular a los lazos emocionales que generamos son:

  1. Asma
  2. Alergias
  3. Fatiga crónica
  4. Depresión
  5. Fibromialgia
  6. Hipertensión
  7. Síndrome del intestino irritable
  8. Migrañas
  9. Estrés postraumático trastorno
  10. Psoriasis
  11. Artritis reumatoide
  12. Úlceras

Estos autores realizaron el estudio del estilo emocional que les permitía identificar nuestro tipo emocional, así como las enfermedades a las que uno es más susceptible.

Extendiendo esta conexión entre la mente y el cuerpo, aconsejaron 7 terapias curativas alternativas a la farmacológica más tradicional:

  1. Acupuntura
  2. Hipnosis
  3. Biofeedback bio-retroalimentación
  4. Meditación
  5. Yoga
  6. Imaginación guiada
  7. Técnicas de relajación

¿Qué son los Límites Mentales?

El concepto de Límite Mental se refiere a un rasgo de personalidad relacionado con el grado de separación (“grosor”) o conexión (“delgadez”) entre las funciones mentales y los procesos emocionales.

Así, los límites delgados se asocian con un tipo de mente abierta pero a la vez sensible, vulnerable, creativa y con capacidad artística. Las personas con límites delgados tienden a confundir la fantasía y la realidad, así como a tener un sentido fluido de identidad, por lo que tienden a fusionarse o perderse en sus relaciones con los demás.

Las personas con límites gruesos diferencian mucho más claramente entre realidad y fantasía, ponen mucha más distancia emocional entre uno mismo y el otro, y tienden a preferir estructuras sociales bien definidas.

La energía de las emociones

Nuestros sentimientos son dinámicos y enérgicos.

Imagina un momento en que te sentiste frustrado o enfadado e impulsivamente golpeaste una pared o algún mueble. O piensa en cómo haces para “descargarte” cuando estás preocupado por un ser querido, por el trabajo o por tu salud. Es posible que llores, grites, te enfades, o por el contrario que una buena carcajada te ofrezca esa ansiada liberación emocional.

La cantidad de energía implicada puede ser inmensa.

Podríamos imaginar a uno de nuestras más hermosas emociones como la alegría, como una radiación de energía feliz, que se expande hacia el mundo, y uno de nuestros peores sentimientos como la desesperación, como una inhibición de la energía que el individuo retrocede en él o ella. Esa sensación de movimiento se refleja en la palabra “emoción” en sí misma, que viene del latín emovere, que significa “pasar de” o ” salir de”.

Este movimiento se caracteriza por cambios en la actividad dentro de nuestros cuerpos.

Cambios en el perfil químico del cuerpo… cambios en los órganos… cambios en el grado de contracciones musculares… y cambios en nuestros circuitos neuronales. En suma, el cambio connota movimiento, y el movimiento connota energía.

Mientras que utilizamos calorías para medir la ingesta y el gasto de energía física, no existe una manera “científica”  actualmente aceptada para delinear la energía emocional. Sin embargo, un intento de capturar esto lingüísticamente ha sido intentado por muchas culturas y filosofías, vinculado a los conceptos de salud y curación.

Los hindúes llaman a energía corpórea prana, los chinos la conocen como qi. Freud encontró algo que llamó la libido y, al mismo tiempo, que Freud, un filósofo francés llamado Henri Bergson llamó élan vitale, o “fuerza vital”.

Cualquiera que sea la forma en que elegimos llamarlo, parece proteger a las personas contra los efectos debilitantes del estrés.

El flujo de sensaciones o sentimientos

Un símil sería pensar que los sentimientos son como el agua.

Imagina cualquier sentimiento dado como un flujo de agua fresca y limpia, y ondulante a través del cuerpo, en movimiento continuo.

En las personas cuyos límites son más delgados, el flujo es más rápido y más directo. Las personas que tienen límites más anchos, el flujo es más lento y menos directo. Recuerda, sin embargo, que cada uno de nosotros es en cierta medida psicosomático, es decir, nuestras mentes y nuestros cuerpos funcionan como uno solo.

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Dadas las diferencias inherentes en el tipo de límite, podemos imaginar que la corriente de sentimientos serpentean por diferentes lugares, y causan efectos diferentes de persona a persona. En una persona, puede acumularse en un lugar en particular, en un meandro del río, mientras que en otra podrá bajar libremente en cascada. En una tercera persona, el flujo puede ser reprimido o retenido.

Una persona con una frontera delgada, sobre todo, parecerá estar muy sensible, reactiva, incluso “frívola”, porque sus sentimientos fluyen rápidamente por el organismo. Una persona de frontera especialmente gruesa, por el contrario, parece distantes, imperturbables, incluso “aburridos” porque sus sentimientos proceden más lentamente.

Y mientras que algunos sentimientos suelen registrarse en nuestra conciencia, otros – el tipo más intensivo o amenazante – pueden ser dejados de lado, reprimidos o negados.

El concepto de límites según Ernest Hartmann

Debido a que estamos limitados dentro de nuestro cuerpo, somos capaces de tener distintas mentes y personalidades.

El concepto de Límites, desarrollado por Ernest Hartmann, M.D., de la Universidad de Tufts, es una manera muy útil de ver las diferencias de personalidad y comprender por qué una persona puede desarrollar una enfermedad crónica que es claramente diferente de las otras.

Los límites son más que una medida de introversión o extroversión de una mente abierta o cerrada, simpatía u hostilidad, o cualquier otro rasgo de la personalidad.

Los límites son una forma de evaluar la forma característica en que una persona se ve a sí misma y la manera en que opera en el mundo sobre la base de cómo esa persona se encarga de la energía de los sentimientos.

¿Hasta qué punto los estímulos se “dejan entrar” o “se mantienen fuera”? ¿Cómo son procesados internamente los sentimientos de una persona? Los límites son una manera fresca y única de evaluar cómo funcionamos.

Según Hartmann, cada uno de nosotros puede ser caracterizado por un espectro de límites desde “gruesos” hasta “delgados”.

Según sus palabras:

  • Hay personas que nos parecen muy sólidas y bien organizadas, mantienen todo en su lugar. Están bien defendidas. Parecen rígidas, incluso inflexibles, a veces hablamos de ellos como que son de “piel gruesa”. Estas personas, en mi opinión, tienen límites muy gruesos.
  • En el otro extremo están las personas que son especialmente sensibles, abiertas, o vulnerables. En sus mentes, las cosas son relativamente fluidas… Estas personas tienen límites particularmente delgados.

Hartmann llegó por primera vez a esta concepción de una manera interesante.

En la década de 1980, él estaba estudiando a las personas que tenían pesadillas y se dio cuenta de que algunas también podían recuperar fácilmente otros sueños vívidos, sensaciones, olores… incluso si no se calificaban como pesadillas. Estas personas le parecían a él especialmente “sensibles”, “vulnerables” o “imaginativas”, en contraste con otras personas que parecían como más “sólidas”, “estoicas” o “perseverantes”.

Sospechó que existen diferencias reales entre el cerebro y el cuerpo de las personas de límites delgados y gruesos, y desarrolló un cuestionario para obtener una visión más clara.

Desde 1980, al menos 5,000 personas han realizado el Cuestionario de Límites de Hartmann  (BQ) y más de 100 artículos publicados lo han referenciado. Las puntuaciones en el BQ se distribuyen en todo el espectro de las fronteras en una curva en forma de campana de Gauss.

Las mujeres tienden a puntuar significativamente más delgado que los hombres, y las personas mayores tienden a obtener una puntuación algo más gruesa que las personas más jóvenes.

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Fronteras Delgadas y Gruesas

La evidencia demuestra que las personas con límites más delgados son muy sensibles en una variedad de formas y desde una edad temprana:

  • Reaccionan más fuertemente que otros individuos a los estímulos sensoriales y pueden llegar a agitarse debido a luces brillantes, sonidos fuertes, olores, gustos particulares o texturas.
  • Responden con más fuerza al dolor físico y emocional en sí mismos y en los demás.
  • Pueden llegar a estar estresadas ​​o fatigadas debido a una sobrecarga de información sensorial o emocional.
  • Son más alérgicas y sus sistemas inmunes son aparentemente más reactivos.
  • Se sienten más profundamente afectadas (o recuerdan haber sido más profundamente afectadas) por los acontecimientos de la infancia.

En pocas palabras, las personas de fronteras muy delgadas son como  antenas andantes, cuyos cuerpos y cerebros enteros parecen preparados para darse cuenta de lo que está pasando en su entorno e interiorizarlo.

Las enfermedades crónicas que estas personas desarrollan reflejarán este estilo “hiper” de sentimiento.

Las personas  con límites más gruesos, por otra parte, son descritas como estólidos, rígidos, implacables o de piel gruesa:

  • Tienden a dejar de lado el malestar emocional en favor de simplemente “manejar” la situación y mantener una actitud calmada. En la práctica, suprimen o niegan los sentimientos fuertes.
  • Podrían experimentar una sensación permanente de hastío, de vacío y
  • Los experimentos muestran, sin embargo, que la gente de límites gruesos en realidad no es que sientan menos. Los indicadores corporales (por ejemplo, la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el flujo sanguíneo, la temperatura de la mano, tensión muscular) muestran su considerable agitación pese a las afirmaciones superficiales de ser imperturbables.

En resumen, la gente de límites más gruesos no captan la misma cantidad de su entorno y  son mucho más lentos en reconocer lo que están sintiendo. Sin embargo, se ven afectados tanto como las personas de límites delgados por lo que está sucediendo en su interior.

Las diferencias en última instancia, según Ernest Hartmann, se manifestarán en los diferentes tipos de enfermedades crónicas.

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Referencias

http://www.youremotionaltype.com/book/overview.html
http://ernesthartmann.com/
https://drmicozzi.com/about-dr-micozzi

Los Límites Mentales y el estilo emocional
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1 Comentario

  1. Excelente artículo! No solamente ayuda al conocimiento profesional para su aplicación, sino también al conocimiento personal.

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