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El color del pelo de la mujer es algo que a lo largo de la historia ha generado muchos prejuicios tanto entre los hombres como entre las propias mujeres. Más allá del machismo intrínseco en este tipo de pensamientos, existe un componente psicológico que refuerza este tipo de creencias. Vamos a ver de qué se trata.

Un prejuicio muy arraigado en nuestra sociedad

La pregunta de si son más inteligentes las rubias o las morenas o el mito de que las rubias son tontas son prejuicios que están muy instaurados en la ciudadanía y que son difíciles de derribar.

Estos estereotipos están muy asociados al modelo de sociedad en el que la mujer sigue siendo valorada y juzgada por su físico y en el que, además, en el que los hombres continúan copando la mayoría de puestos de responsabilidad y sigue existiendo una importante brecha salarial.

Sin embargo, tal y como podemos imaginar, no existe ninguna evidencia científica que avale ninguna de estas formulaciones. La explicación es más bien psicológica y social, pues no son si no construcciones sociales que han ido transmitiéndose a lo largo de los años, restándole importancia y el peso negativo al ser tratado como una especie de chiste o broma.

Sin embargo, este tipo de afirmaciones no tienen nada de inocentes, tal y como pueda parecer, si no que esconden una importante discriminación que sufren directamente muchas personas en su vida real.

La razón de esto es que las mujeres rubias suelen estar asociadas a un ideal de belleza. Esto hace que se les tache de superficiales y, por lo tanto, de tontas. Sin embargo, más allá de que la cuestión de la belleza es algo completamente subjetivo y personal, no está para nada demostrado que las mujeres rubias y bellas sean por ello más tontas.

Este pensamiento es el que lleva, por agravio comparativo, a presuponer que la mujer morena es más inteligente y mejor líder. No obstante, esto no es justo para ninguna persona, ya que se realiza un juicio desde una característica física que no explica ni tiene nada que ver con sus capacidades ni con su coeficiente intelectual.

Experimentos al respecto

Al respecto se han llevado a cabo distintos experimentos. Uno de ellos lo hizo un medio neoyorquino, que realizó una prueba en medio de la calle para comprobar cómo se comportaban los transeúntes ante una misma situación, una de ellas protagonizada por una chica rubia y otra, por la misma chica pero con una peluca morena.

La chica llevaba mal puesta la falda, de forma que se le quedaba parte de la nalga fuera, en medio de la calle. El resultado fue bastante curioso: cuando la chica llevaba la peluca morena, en apenas 15 minutos tres personas se le acercaron para advertirle del problema con la falda.

Sin embargo, la chica con la peluca rubia estuvo casi una hora en la misma situación y nadie se acercó a decirle nada. Simplemente pasaron y miraron, pero ninguna de las personas que lo vio fue a avisarle.

Este pequeño experimento nos hace ver cómo las personas, en muchas ocasiones sin darnos cuenta, juzgamos las apariencias por unas creencias arraigadas en nuestro subconsciente. Es decir, aunque no lo sabemos, tenemos esos prejuicios que nos han sido instaurados desde nuestra más tierna infancia.

El problema es que estos mitos están muy arraigados en la mente colectiva y es difícil desprenderse de estos pensamientos subjetivos. Este hecho también está muy relacionado con la publicidad, donde las marcas han explotado históricamente el icono de belleza femenino, representado sobre todo por la mujer rubia.

Superar estas creencias no es fácil, pero sí necesario

Por eso, como decimos, es complicado abstraerse de todas estas creencias, si bien es necesario hacer un esfuerzo por no caer en este tipo de pensamientos que son totalmente discriminatorios e injustos para el conjunto de nuestra sociedad.

Y es que aunque pueda parecer que este tipo de prejuicios no hacen daño y son incluso divertidos, estos sí que tienen unos efectos reales en muchas personas, ya que estas son juzgadas por su apariencia física y, peor aún, por algo tan superficial como su color de pelo.

Esto genera que exista una mayor desigualdad e incluso que se lleguen a ofrecer menos oportunidades a algunas personas en el ámbito laboral. En cuanto al apartado personal, también es muy peligroso caer en este tipo de creencias y juzgar a las personas por su mero color de pelo.

En definitiva, el color del pelo no determina en ningún caso el nivel de inteligencia de ninguna persona. Este tipo de prejuicios vienen reforzados por un entorno social histórico que hace que muchas personas tengan este tipo de creencias sin ningún fundamento lógico.

Referencias

http://www.soycarmin.com/belleza/Los-hombres-confian-mas-en-las-morenas-20151011-0002.html

http://www.accessecon.com/Pubs/EB/2016/Volume36/EB-16-V36-I1-P42.pdf

http://www.dailymail.co.uk/femail/article-3830984/Can-hair-color-stop-helping-woman-need-New-Yorker-poses-blonde-brunette-one-gets-help-embarrassing-wardrobe-malfunction.html

Por qué muchos creen que las mujeres morenas son mejores líderes y más inteligentes que las rubias
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