Caso ejemplo

  • Francisco es una persona aparentemente segura, esto sobretodo en su casa, porque fuera de ella es distinto. A sus 30 años, para su madre y sus hermanas aun es Paquito, el bebé, el chiquillo adorable y precioso de la familia a quien atienden preparándole el desayuno, lavando su ropa y despertándolo para que vaya a trabajar.
  • Alejandra y Edgar son una pareja hecha para la crianza de los sus hijos, piensan absolutamente todo en función de las actividades de ellos, lo cual les impide ir al cine, salir al teatro o incluso darse un tiempo como pareja para ir a bailar, dejaron de ser novios y esposos. Desde que nació su primer hijito se olvidaron de ellos como pareja.
  • Fernanda, empieza su día desde las 6 de la mañana, después de la escuela va a clases de natación, las cuales combina con clases de inglés, karate, manualidades y piano, esto apenas le deja un espacio breve para convivir con sus amigos de la escuela y del vecindario.
  • Miguel se esfuerza por ser un padre ejemplar y le reitera a su hijo adolescente, Miguelito, que le tenga confianza porque él quiere ser su mejor amigo.
  • Víctor no tiene una hora precisa para hacer la tarea, comer, bañarse, ver la tele, ir a dormir, lavarse los dientes y por supuesto le cuesta trabajo levantarse, llegar a tiempo a cualquier lugar y cumplir con sus obligaciones en casa y en la escuela.
  • Nina ve con naturalidad su gusto por el ballet, los idiomas, las tardes del domingo en el teatro y la actuación, su madre está orgullosa de ella, pues siempre soñó con tener una hija que llegara más alto que ella en todas estas áreas de la vida, mismas en donde la madre de Nina no pudo llegar. ¿Recuerdas la película el cisne negro de Darren Aronofsky?.

Sin darse cuenta lo que en un acto de amor los familiares de Francisco ven como una atención, en psicología se conoce como infantilizar o regresión propiciada por su familia. Mientras tanto Alejandra y Edgar sin darse cuenta renunciaron a su relación de pareja y hoy son padres de tiempo completo olvidándose de ellos mismos. Por otro lado, Fernanda es víctima de una actividad excesiva impuesta por sus padres. Mientras Miguel supone que es mejor ser amigo de su hijo que padre y guía del mismo. A Víctor le cuesta trabajo adaptarse a las reglas porque en su casa nunca las hubo y por lo tanto espera que los sitios en donde interactúa sean exactamente igual, “sin reglas”. Finalmente la madre de Nina está orgullosa de su hija porque se ha podido realizar a través de ella, sin importarle las decisiones personales de la propia Nina. Todos ellos son algunos ejemplos de los errores más frecuentes que cometemos los padres en la educación de los hijos.

La crianza de los hijos va mucho más allá de elegir una pareja, decorar la habitación de los pequeños, leer muchos libros sobre paternidad o solicitar un par de consejos a otros padres mucho más experimentados. Ser padre es para toda la vida, pero educar en la paternidad tendrá una fecha de graduación con la autonomía e independencia de los hijos.

A continuación se describen algunas consideraciones a tener por parte de los padres que nos pueden ayudar a educar y graduarnos en la paternidad.

El inicio de la aventura de la crianza

La llegada de los hijos es posiblemente uno de los acontecimientos más importantes en la vida de los padres. Sin embargo, no siempre es así, pues aunque forman parte de la continuidad de la vida y de nuestra especie en el planeta, su llegada puede deberse no necesariamente a la planeación y el deseo compartido.

Los seres humanos orientamos nuestras acciones hacia la búsqueda de la satisfacción y el placer, y tratamos de escapar de lo que nos genera desagrado (Enigmas del cerebro 1a, 2012). La atracción que sentimos por alguien, estar enamorados, un beso de la pareja, comer un bombón o abrazar a nuestros hijos son fuentes de placer. Esas acciones forman parte del sistema de recompensa que activa nuestro cerebro y lo inunda de dopamina (hormona del placer).

En el plano puramente biológico se activan para darle una continuidad a la especie, mediante la unión de una pareja al menos tres programas relacionados con el amor: amor pasional, amor romántico y amor filial o maternal (Enigmas del cerebro 1a, 2012; La neurobiología del amor, 2010). Y, por supuesto, nos sentimos recompensados con ellos, cuando los deseamos.

La llegada de los hijos obedece al igual que la crianza a una serie de múltiples factores que pueden hacer la vida de padres e hijos relativamente fácil y natural o por el contrario, penosa y conflictiva.

En el plano psicosocial a grandes rasgos algunos de los acontecimientos que marcaran la vida de cualquier persona en este planeta es el llamado proceso de socialización y las relaciones de apego que se establezcan entre padres e hijos.

El apego es la relación afectiva que une a dos individuos a través de la valoración y la importancia que se conceden mutuamente. Mientras que la socialización es el proceso de aprendizaje y de integración social” (Fischer, 1990), mediado a través de las relaciones que una persona establece con otras más.

El apego tiene componentes instintivos y adquiridos mediante los cuales los padres satisfacen las necesidades o cuidados físicos de los hijos y ayuda a crearse entre ambos vínculos afectivos y con ello les brinda a los hijos una seguridad emocional, sentando las bases de sus relaciones socioafectivas posteriores. Fischer (1990), señala una correlación entre la calidad de las vinculaciones vividas en la primera infancia y la capacidad para establecer relaciones íntimas en la edad adulta.

Desde la época de los sesentas los trabajos de Schutz mostraron que la socialización depende de la sociabilidad del ser humano que se expresa en torno a tres necesidades fundamentales: 1) la necesidad de inclusión (es existir y ser alguien ante los ojos de los demás y busca la comunicación y contacto), 2) la necesidad de control (es la capacidad de sentirse seguro, de influir en los demás y de interiorizar las normas sociales para ser autónomo en la sociedad) y 3) la necesidad de afecto (son los vínculos de apego con el otro) (Schutz, 1960).

Lo que les enseñamos inconscientemente a los hijos

Sin estar exactamente consciente de ello, aprendemos a ser padres de diversas formas: por intuición, por culpa, por ensayo y error, por imitación de nuestros propios padres, por los consejos de nuestros amigos, padres, vecinos y otras personas más.

Y, nuestros hijos aprenden de notros de muchas formas, un ejemplo de ello fue documentado por el psicólogo Albert Bandura, en su teoría del aprendizaje social cognoscitivo, también se le conoce como aprendizaje vicario, observacional o por imitación. En dicho aprendizaje intervienen al menos dos personas: el modelo (los padres) y el que observa la conducta (los hijos).  Aunque en el aprendizaje por imitación intervienen no solo el modelo, sino también el ambiente que rodea a la persona, es de suma importancia el autocontrol del aprendiz, pues es quien a final de cuentas puede decidir si lleva a cabo una conducta funcional o disfuncional. Lo curioso es que también aprendemos de los modelos aún estando ausentes, es decir, si mis padres no leen pero me exigen leer, “si ellos no leen, ¿yo por que debería hacerlo?.

Esto es, en el aprendizaje de la conducta que nos muestran los modelos con los que interactuamos, los hijos pueden aprender como: preparar sus alimentos, llamar por teléfono, lavar su ropa, trasladarse en el transporte, ejercer un liderazgo en la paternidad, ser independientes, colaboradores, altruistas, ceder el paso a otros conductores, ser pacientes, pero también puede aprender como insultar a los mayores, fumar, tirar basura en la calle, consumir drogas, no responsabilizarse de las tareas de la casa o la escuela y agredir o golpear a otra persona. Así los padres, actúan como reforzadores de la conducta y un refuerzo es un estímulo que aumenta la probabilidad de que dicha conducta se repita en el futuro.

El aprendizaje por observación es una forma en que podemos aprender conductas sin refuerzos, pero los refuerzos siguen siendo muy importantes en la determinación de si la persona va a realizar verdaderamente esa conducta.  Sin embargo las personas realizan conductas debido al refuerzo vicario, cuando observamos que se refuerza a otra persona por realizar una acción determinada. Por ejemplo, si vemos que uno de nuestros vecinos gana dinero por reciclar botellas, es posible que nosotros lo hagamos (Santiago, 1989).

Lo que los hijos nos pueden enseñar a nosotros

Todos quienes tenemos la dicha de ser padres, nos preocupa el futuro de nuestros hijos, si pudiéramos tener un indicador para pronosticar su futuro que no sea las cartas o la lectura de los caracoles sería una bendición.

Para la década de los sesentas el psicólogo Walter Mischel de la Universidad de Stanford, realizó un experimento que aún hoy día sigue vigente sobre la capacidad de resistirse a los impulsos v.s. la gratificación inmediata, le llamó “demora de la gratificación” y que nos permite tener un indicador para pronosticar la conducta futura de nuestros hijos.

Se realizó con niños de cuatro años, se conoce como “la prueba del bombón” en donde se pone a prueba la eterna batalla que existe entre el impulso y la restricción, el yo y el ego, el deseo y el autocontrol, la gratificación y la postergación (Goleman, 1997).

El experimento “del bombón”, consistió en dejar dentro de una habitación a un pequeño, sentado en una silla, frente a una mesa con un plato que contenía un “bombón”. ¿A qué niño no le gustan los dulces?. El psicólogo que llevaba a cabo el trabajo instruía al niño a no comerlo y esperar su regreso. Y, si no comía el dulce, éste le daría uno más a su regreso. Los niños que se abstuvieron de comer tan apetitoso dulce recibieron uno más. Otros no lo lograron. La importancia de este estudio, es que se les dio seguimientos a los mismos chicos desde los cuatro años hasta que llegaron a la secundaria.

La diferencia emocional y social entre los niños que se apoderaron del bombón y sus compañeros que demoraron la gratificación fue notable. Tenían menos probabilidades de derrumbarse, paralizarse o experimentar una regresión en situaciones de tensión, o ponerse nerviosos y desorganizarse cuando eran sometidos a presión; aceptaban desafíos y procuraban resolverlos en lugar de renunciar, incluso ante las dificultades; confiaban en ellos mismos y eran confiables; tomaban iniciativas y se comprometían en proyectos. Y más de una década después eran capaces de postergar la gratificación para lograr sus objetivos. Los que se quedaron con el bombón, compartían rasgos psicológicos relativamente más conflictivos y seguían siendo incapaces de postergar la gratificación (Goleman, 1997).

De acuerdo a Walter Mischel, “no hay habilidad psicológica más decisiva que la capacidad de resistir el impulso. La capacidad de controlar los impulsos y demorar la gratificación, aprendida con naturalidad desde la primera infancia, constituye una facultad fundamental, tanto para cursar una carrera como para ser una persona honrada o tener buenos amigos” (Redes felicidad y voluntad, 2009).

Un par de reglas para iniciar el juego de la paternidad

Es difícil ser padre e hijo sino se saben las reglas y los roles de cada miembro de la familia. Luego entonces nunca es tarde para empezar a establecerlas o modificarlas si no funcionan.

  • La educación de los hijos es como el sistema de una formula química: pequeños cambios en la formula producen grandes resultados.
  • La disfunción del sistema está en los extremos: la sobreprotección o el abandono emocional.
  • No puedes cambiar una conducta a menos que la hagas consciente.
  • En cualquier trabajo, la constancia y el esfuerzo son la base del éxito (Friel & Friel, 1999).

Los principales errores relacionados con el apego y la socialización de los hijos

  1. Tratar a los hijos como si fueran bebés (Infantilizarlos). Suministrarles zonas de comodidad….es también infantilizar. Si tú no has crecido por favor, permítele crecer a él/ella.  Se lo merecen. Más vale enseñarle  a pescar que darle el pescado (Barrera, 2009).
  2. Primero están mis hijos y después mi matrimonio. En la crianza de los hijos tu pareja y tú son una unidad o trabajan como-unidad “cada quien impone sus reglas”. Las familias centradas en los hijos, no pueden formar ni hijos, ni padres sanos. En el matrimonio ¿en donde quedo la pasión?. Sexólogos y Psicólogos coinciden que uno de los mejores barómetros  para medir la salud de una relación es la calidad de la vida sexual.
  3. Someter a tus hijos a una actividad excesiva. Quiero que mi hijo sea el mejor en lo que quiera ser. Tus hijos, pueden ser muy buenos para la escuela ¿pero están preparados para vivir la vida?. Analiza tus propios valores y reflexiona, ¿Cuáles son decisión tuya y cuales serán de tu hijo? (Barrera, 2009).
  4. Querer ser el mejor amigo de tu hijo. Los padres son amigos hoy en día porque no tienen las agallas… para ser padres (Jackson Brown). ¿Eres tan buena onda que le cuentas a tus hijos todas tus cosas  íntimas y… ellos también te las cuentan?. Cuando las maestras exigen las tareas… Dejan de ser buena onda. Los amigos difícilmente  te  regañan  o te exigen. Por lo tanto es mejo ser líder  que amigo de tu hijo.
  5. No ofrecerle una estructura externa. Psicólogos como Jean  Piaget, Erick Erickson y otros han concluido que los niños no pueden tener una estructura interna si no tienen una estructura externa. El carecer de una estructura externa es como un barco sin rumbo. La forma como hablamos internamente, es como aprendimos nuestra estructura externa. La forma  como se hable  tu hijo, será la forma de cómo ellos contemplen el mundo. Tu hijo tendrá una estructura interna  sólo si tú la tienes y se la proporcionas.  Los discursos para los hijos difícilmente funcionan para cambiar una conducta.  Lo que funciona es siempre demostrar en lugar de decir. Lo más , más, pero más difícil, de todo es… “Predicar con el ejemplo”. Las grandes obras empiezan por cambios pequeños y constantes.
  6. Esperar que tu hijo haga realidad tus sueños. Enséñale a decidir para que aprenda a decidir por sí mismo. ¿Qué eres tú… y qué te gustaría que fuera tu hijo?. ¿Qué le gustaría ser a él… Si decidiera libremente, es decir, sin tu influencia? Deberías saber … que se comportan a de forma muy diferente en tu ausencia. Les decimos: ¡Tu trabajo es ir a la escuela y estudiar!, pero ¡cuidado su trabajo es más amplio que eso! (Friel & Friel, 2009).

Cómo  prepararse para experimentar un cambio

  • Solo las personas que eligen cambiar pueden cambiar.
  • Si ya tomaste la decisión  de realizar un cambio, considera que no existen acciones ni cambios en donde nadie salga de su zona de confort.
  • Hagas lo que hagas respeta de la decisiones de tu pareja frente a tus hijos, si no estás de acuerdo en eso necesitas platicarlo con él/ella y  tomar una decisión de grupo.
  • Pregúntate que más puedes aprender en la vida para poder educar.
  • Nunca, nunca, pero nunca, intentes dos cambios a la vez.
  • Recompensa a tu hijo de forma objetiva, de acuerdo al esfuerzo de su tarea.
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Juan Antonio Barrera Méndez

Psicólogo egresado por la Universidad Autónoma Metropolitana con una trayectoria de 20 años en terapia e investigación. Especialista certificado en terapias de aplicación de Campo Electromagnético que favorecen el equilibrio entre el cuerpo y la mente. Director y Fundador de Atención y Tratamiento Psicológico

3 Comentarios

    • Hola Alma:

      Un gusto saludarte, y es sin duda un tema por demás interesante!!!
      Nos encuentras en el 55193753 o en la linea de la salud 0445531662713
      El próximo mes tendremos un taller sobre este articulo!!!

      Saludos cordiales.

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