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“Fue una gran conmoción. No tenía ni idea de lo que era el instinto maternal. No tenía ni idea de que iba a poseerme un instinto tan tremendamente fuerte, no había tenido ningún indicio de ello antes de que nacieran mis hijos, pero fue algo que emergió de las profundidades…” Leonora Carrington

Todos hemos escuchado alguna vez que tener un hijo nos cambia la vida, que desde que sostenemos a nuestros hijos por primera vez, sabemos que nada volverá a ser igual. Aunque estas afirmaciones puedan llegar a sonar a cliché, no hay nada más lejos de la realidad: concebir una nueva vida, literalmente, provoca cambios en el cerebro de las madres que influyen en su forma de sentir y comportarse.

Todo cambia y también nuestro cerebro

Desde sentir emociones intensas al ver la sonrisa del bebé hasta saltar a protegerlo en cuanto suena su llanto, el comportamiento de las madres ha sido observado durante siglos. Sin embargo, no ha sido hasta hace poco cuando se han comenzado a relacionar estos cambios conductuales con los cambios que suceden en el cerebro.

Concretamente, un estudio llevado a cabo por la Universidad Autónoma de Barcelona demostró a través de imágenes de resonancia magnética una reducción de materia gris en determinadas zonas de la corteza cerebral de mujeres embarazadas, un cambio que se mantenía durante los dos años siguientes al parto.

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Regiones cerebrales con cambios de volumen después del embarazo.

Esta reducción no es en absoluto un déficit cognitivo, tal como explica Susana Carmona, coautora del estudio, sino una focalización total en todo lo que refiere al bebé: una selección de conexiones neuronales que impide la distracción comunicativa de las neuronas, favoreciendo una mayor madurez en los procesos mentales.

Los cambios hormonales

Existe una mayor concentración de materia gris, así como un aumento de la actividad de las regiones que controlan la empatía, la ansiedad y la interacción social; concretamente en el córtex prefrontal, lóbulos parietales o el mesencéfalo. Estos son impulsados por una avalancha de hormonas que comienza durante el embarazo y que ayuda a atraer a la madre a su bebé durante el periodo postparto.

Este aumento enorme de hormonas como la progesterona o el estrógeno durante el embarazo, solo se produce en cantidades tan similares durante la etapa adolescente, provocando cambios drásticos en el cerebro. Los sentimientos q provocan estos cambios pueden llegar a ser tan abrumadores que para algunos científicos podrían ser clave para entender la ansiedad y depresión que algunas madres pueden experimentar tras el parto.

“Es lo que llamamos un aspecto común en casi todos los comportamientos obsesivo-compulsivos los que se dan durante los primeros meses, tras la llegada del bebé”, explica la investigadora neurocientífica Pilyoung Kim, al hablar sobre las madres que refieren constantes patrones de pensamiento repetitivos y comprobatorios sobre aspectos relacionados con los bebés.

La amígdala y las respuestas emocionales

Una zona de gran interés entre los científicos es la amígdala, una estructura subcortical que se encuentra en el lóbulo temporal. Esta estructura ayuda en el proceso de memoria emocional y se encuentra altamente implicada en las reacciones emocionales como el miedo, la ansiedad o la agresión.

Durante las siguientes semanas tras el parto, la actividad de la amígdala crece en los cerebros normales y este crecimiento parece estar relacionado con los comportamientos hipersensitivos de la madre hacia el bebé: los circuitos de recompensa, los mismos que se activan cuando sentimos otros tipos de placeres, se ponen en marcha en la madre con el simple hecho de mirar al bebé, como así demuestran diferentes estudios académicos.

Convertirse en madre es también enamorarse

Según la investigadora neurocientífica Ruth Feldman, “los niveles de oxitocina materna (también llamada la hormona del amor), aumentan enormemente durante el embarazo y en el periodo postparto. Contra más se envuelve la madre en el cuidado del niño, mayor es el incremento de la oxitocina“.

Según Feldman, convertirse madre hace que nuestro cerebro se muestre muy parecido al cerebro enamorado; esto ayudaría a explicar los sentimientos que los padres primerizos describen al tomar en brazos a sus recién nacidos.

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Comparación entre un cerebro enamorado y el cerebro de una nueva mamá.

La amígdala, tal y como explicábamos anteriormente, se vuelve más activa, así como las redes reforzadoras: “En nuestra investigación, mostramos como ocurren cambios similares tanto en el cerebro de los enamorados, como en el de las madres primerizas”

Parece que os mayores cambios ocurren cuando se tiene el primer hijo, mientras que aún no está claro si el cerebro de la madre vuelve alguna vez a ser exactamente igual al que era antes de ser madre.

Los cambios que se producen en el cerebro tras ser madre
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