Inevitablemente, al entender que mas allá de ser un profesional de la psicología, logramos comprender que sigo siendo un ser humano por igual como todos y por dicho axioma, vivo las dificultades, emocionalidades y afecciones por igual que todos a mi alrededor; y haciendo hincapié en que eh vivido recientemente el tan famoso fracaso de pareja hoy en día y con la consecuencia intermedia de mi hijo en ella; y al vivir esta tan horrible, degradante, irritable y perversa situación de no poder ver a mi hijo con la libertad que debería debido a los problemas existenciales-emotivos que existen en la subjetividad de la conexión desfragmentada de dicha ex – relación, me ah llevado a indagar profundamente en mis pensamientos en si un bebe hablando en un promedio de 6 meses a 18 meses aproximadamente, vivirá esa sucumbe afectación emocional de vacio al extrañar ya sea a su padre o a su madre según sea el caso.

Después de analizar un tiempo a mi propio hijo en las oportunidades que he tenido, sus reacciones y sus acciones, expresiones y evasiones, así como la observación de otros infantes cercanos y de igual manera situándome en una combinación necesaria de conocimientos de mi contexto profesional tan necesaria de inhibir límites y paradigmas, así como contar con la apertura y libertad de indagación e innovación necesaria para poder encontrar una respuesta, que aunque en este momento sólo es una suposición filosófica, basada en conocimientos científicos claro está, pero al final de cuenta, ausente aún de instrumentos de campo, sea un tanto alentadora al menos o si no bien, una respuesta interesante e inesperada con posibles tintes futuros de investigación.

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Las principales teorías sobre el desarrollo

Son muchos las autores que se han prestado a investigar, evaluar, observar y crear las distintas teorías que existen sobre el desarrollo de los bebes, niños o infantes; Se han encargado de separar y/o dividir etapas, subetapas, fases y subfases en dichos teoremas; Sin embargo son solo algunos cuantos los que más han destacado y sonado en el oído social de la humanidad, como por ejemplo Jean Piaget y su “Teoría Piagetiana”, la cual se basa en explicar el desarrollo cognoscitivo del niño, haciendo énfasis en sus estructuras mentales; Lev Vygotsky y sus teorías sobre la construcción del aprendizaje, el cual se dedico a explicar cómo es que los niños lograban obtener sus conocimientos que se mantenían funcionales en su memoria presente; Sigmund Freud y sus distintas teorías del desarrollo del niño, sus función psíquicas, sus patologías, mecanismos y demás que definirán en cierto rumbo el futuro de dicho infante, sobresaliendo entre ellas en este caso la teoría de las etapas psicosexuales; Winnicott y su teoría sobre la agresividad en los niños, donde intenta explicar que no existe en ellos tal pulsión de muerte, si no que es debido a una vitalidad inestable; Erick Erickson y su “teoría psicosocial” del desarrollo de los niños, donde modifica aspectos de las etapas psicosexuales de Freud y explica su funcionamiento social por etapas respecto a cada una de ellas; Y así, han sido muchos otros los que han logrado definir lo que hoy día seguimos como batuta para el conocimiento y aplicación en la mejoría del desarrollo infantil.

La memoria del bebé

Algunos estudios sobre la memoria del infante e incluso dentro de ciertas etapas de algunos de los autores mencionados, el niño comienza a tener una cierta vivencia de recuerdos fragmentados, a partir de ellos crea conexiones que van enlazándose para desarrollar ese campo de memoria que cada vez irán desarrollando mejor funcionalidad y desenvoltura intersubjetiva y relacional;  Se dice que durante estos procesos tan residuales y diferenciales de lo que podría ser una oposición arcaica desconocida e ilimitada de incomprensión objetiva, el infante recuerda solo a la madre o al padre, al objeto o al contexto, cuando aparecen frente a él, explicado de manera más llana “cuando la madre desaparece de su radar visual, desaparece de su memoria momentáneamente”; Esto podría entenderse como un hecho que connota que un infante no extraña lo que no mira durante ese momento, sin embargo, si esto es así, ¿Por qué cuando pierde un objeto inmediatamente comienza a buscarlo al menos por un momento breve en su alrededor inmediato, y a la madre o al padre no?, ¿será acaso que el bebe en este momento vive en su interior una situación de inhibición de búsqueda que le impida buscar?, ¿habrá algo que desconoce y a lo que le es imposible enfrentar por precaución o miedo?, ¿y si realmente es en base a recuerdos que nuestro conocimiento y experiencia que hace hincapié a la memoria de largo plazo se construyen, será imposible creer que no pertenecen a ese mundo vago del lenguaje donde todo se transforma, evoca, se reprime, se modifica o se mantiene latente?.

bebe camina

Después de analizar distintos contextos referenciales sobre esta situación, eh llegado a una conclusión personal con la que afirmo lo siguiente: “El bebe, en medio de esa inexperiencia afectiva a la que esta adherido, extraña sin saber qué extraña”, a lo cual he llamado, la afectación fantasma-emotiva del infante.

El apego del bebé y sus necesidades básicas

Con esto me refiero, a que tengo la certera creencia de que el bebé, en medio de toda una esfera ineludible de procesos y sucesos que le toca vivir como el apego hacia los padres y las cosas especiales en donde su mundo emocional es modificado para posteriormente ser trastocado agresivamente con las semi-separaciones segmentadas que vive con cada una de estas situaciones, donde los procesos de desarrollo de esfínteres, de sensaciones narcisistas en el auto-reconocimiento, de aparición de erotización en zonas erógenas y demás, lo hacen abrir la puerta de bienvenida a los destellos neuróticos y patogénicos del humano, y en donde toda esa separación objetal que le fuerza a luchar por sobrevivir por ser tan solo una especie totalmente dependiente de otro sin el cual simplemente moriría y donde debe aprender de manera inexcusable las formas lenguajeras que hasta el momento su desarrollo le permite, lo cual lo deja en medio de una esfera contextual que representa un abandono simbólico y un rechazo inter-afectivo que lo lleva a alterar de manera inadvertida todas sus conexiones comprensivas del mundo de lo emocional que hasta el momento ha logrado conocer, sin reconocer, el bebe inhibe el reconocimiento de la sensación de extrañar, ya que la reconoce como un mal desconocido, algo que le hace sentir malestar, sin reconocer que tipo de malestar es, ya que no es un malestar de insatisfacción de necesidades primarias como hasta el momento se ha permitido reconocer solamente, debido a la gestión anterior de la acción de respuesta ante tales demandas por parte de la madre o el padre y que terminan para él en goce de manera inmediata.

Por un lado contrario a lo expuesto en esta fantasía inmortal de goce y satisfacción, y después de haber adherido ya a su “self” un reconocimiento de las emociones del apego, y no dejando de lado la connotación axiomática de que el apego mas allá de ser un proceso irrevocable en el desarrollo sigue siendo una distorsión de la sana afectividad, aflora una sensitividad desconocida ante los intentos de desapego, ante la sensación de pérdida que influye en dejar sentir una sensación de vacío complementario y de inestabilidad de coexistencia, que hace referencia justamente a lo que sería extrañar en el bebe, un extrañar vivenciado en representación del miedo por el miedo a la permanencia de ese vacío complementario, en palabras más fáciles, de que eso a lo que extraña, sin saber qué extraña no vuelva. Cuando la persona o el objeto extrañado aparece frente al infante, este restaura inminentemente las conexiones afectivas que se desestabilizaron durante tal proceso situacional, sin embargo, indago que después de trastocar este proceso repetidamente se va modificando de manera muy compleja la posibilidad de esta restauración, dejando paso a los futuros desequilibrios emocionales que todos vivimos sin poder manejar a nuestro criterio hasta después de años de entrenamiento existencial e intrínseco o guiado.

Conclusiones

Para finalizar este breve inicio sobre lo que trabajare de manera más extendida, concluiré citando de manera sencilla lo que acá he querido decir:

El bebe extraña a ese ser especial cuando no está, pero no sabe que lo extraña, pues esa sensación se ha confundido al estar disfrazada de miedo, una representación (del miedo) que hace inhibir o reprimir desde estos momentos la libertad de reconocer la sensación de extrañar como tal, pues en medio de este estado totalmente dependiente aún, el miedo a quedar con ese vacío que ha generado la sensación de falta en la integridad afectiva del bebe, lo hace no poder reconocer que algo sucede dentro de él, ya que se da cuenta que esta situación no es una de aquellas en que se le satisface inmediatamente a pesar del llanto y lo cual hace que la sensación de malestar se mantenga prolongadamente en él por tiempos variables, ni tampoco poder acceder compresivamente entonces a todo lo que realmente sucede en su interior subjetivamente sin ser reconocido, lo cual mutara lentamente a una transformación de desequilibrios emocionales y afectivos futuros, cuando el reconocimiento de lo que es desear conscientemente lo que está y más aun lo que no está cuando se ha ido, por el natural deseo de poseerlo en integración con uno  mismo de forma permanente e infinita, permite que aflore todo este material inhibido durante esta infancia fragilizada de defensa.

¿Los bebes extrañan? sobre una afectación invisible en la infancia
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Juan Carlos Martinez Lopez
Lic. En psicología por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Psicoterapeuta Psicoanalítico con 5 años de experiencia en clínica privada. Encargado del área de psicología de la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa, México. Diplomado en Psicoanálisis, Clínica y cultura por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Diplomado en Sexualidad Humana y Cultura por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Especialidad en Psicoanálisis por parte de la Asociación Mexicana de Salud Psíquica de Guadalajara México.