Tal como le ocurrió al hombre frente a la computadora, presenciando cómo la misma, solo con hipervelocidad para el cálculo, pudo derrotar a la inteligencia humana (en algunos partidos de ajedrez), de modo análogo, la manipulación biológica sola, podría prolongar la vida mucho más que toda plasticidad o jerarquización psicológica. Pero ¿qué vida? ¿La vegetativa del organismo o la humana de la mente? Hay que tener presente que el cuerpo-organismo es fundamental, pero no es más que el soporte material en donde se asentará y edificará la construcción psico-socio-cultural humana, dado que sin esa estructuración, no habría más que vida animal.

Las realizaciones típicamente humanas se desarrollarían mucho más allá del sustrato corporal, e incluso, las capacidades más elevadas se potenciarían más en la medida que menos se sienta el cuerpo, de modo inverso a como por ejemplo un dolor en la pierna le quitaría rendimiento a un futbolista.

Algunas conjeturas sobre el tema, seguramente nos ayudarán a esclarecer un poco más esta cuestión:

La longevidad giraría tanto en torno a lo biológico, como a lo psicológico, aunque más precisamente en torno al deseo

En la medida que el mismo se realice, tanto a nivel concreto (sexualidad plena, por ejemplo), como metafórico (sublimación / arte), la vida se conservaría, perduraría, tendría sentido.

La longevidad no necesariamente estaría relacionada con los excesivos cuidados del cuerpo o del organismo dado que los desequilibrios o disfunciones producto de su falta, no son en su inmensa mayoría mortales, salvo a edad avanzada, en donde la precariedad general de la salud haría que sí lo fuesen. Aunque, lo que sí podría ocurrir, es que los descuidos crónicos generen con el tiempo, un efecto negativo acumulativo en la salud de los descuidados; como así también en contrapartida, una especie de entrenamiento biológico y psíquico, capaz de elevar el umbral de tolerancia, o la plasticidad adaptativa de los involucrados. Tal vez, los dos aspectos convivan en el hombre en variables proporciones.

El envejecimiento puede ser saludable o precario, pero ambas cosas serían independientes hasta cierto punto de la longevidad. Aunque, de esta premisa se desprende otra suposición (casi obvia): el envejecimiento saludable con todo lo que ello implica sería un factor contribuyente esencial para consolidar la longevidad.

A medida que aumenta la edad, disminuyen los recursos físicos, aunque deberían aumentar los mentales (sabiduría y experiencia). Empero, esto no siempre ocurre, y aún menos en el presente, dado que el ritmo arrollador y la sobreestimulación casi permanente a la que se ve sometida la gente, no le permitirían aprovechar más humanamente sus vivencias. Si la disminución de las capacidades y posibilidades físicas, fueran compensadas en parte o totalmente por un desarrollo análogo mental, seguramente se gozaría de buena salud mucho más tiempo. Lo que estaría en juego sería otro tipo de capitalización, pero no precisamente, la que busca de modo alienado gran parte de la población.

Es preferible no someter el cuerpo a los dictados del deber ser, sino, amoldar el deber ser a los requerimientos y tiempos del cuerpo, de este modo se atendería a los imperativos mentales con un mínimo stress. Claro que esto no es tarea sencilla, o mejor dicho, esta premisa sería más factible de ser cumplida conforme a la personalidad, como asimismo a la profesión o actividad del sujeto. Seguramente le resultará de difícil cumplimiento a un político, y relativamente simple a un escritor.

En la medida en que prevalezca el deseo, aunque el cuerpo no sea tan atendido, habría más vida, tanto metafórica (vinculada a las conductas y realizaciones típicamente humanas), como real (referida al organismo). Se adaptaría al máximo la química corporal, para permitir, para posibilitar, el sentido de la vida humana. Y lo opuesto sería también consonante con esta hipótesis, es decir: a medida que disminuya la prevalencia del deseo, tendería a haber menos vida, aunque se atienda bastante bien los requerimientos del cuerpo. Al parecer no tendría sentido la vida sin sentido.

¿Vivir o VIVIR? sería la cuestión crucial; vivir en sentido mecánico, alienado, programado, escapando de sí; o VIVIR en sentido pleno, armónico, espontáneo, humano, sabio, reencontrándose consigo mismo.

Resumiendo: la longevidad, ¿estaría más del lado del arte o de la ciencia?; ¿de lo intuitivo o lo racional?; ¿del deseo o la voluntad?; ¿de lo espontáneo o lo programado?. Tal vez se encontraría más en la conjugación de los opuestos. Sería sobre todo en las zonas grises en donde se expandirían los límites de la vida humana. Y si resalto humana, es justamente para marcar una diferencia con la vida del cuerpo o biológica, ya que generalmente suele ser sólo ésta el objeto de preocupación y estudio por parte de la ciencia. Entonces, mi conclusión es que la longevidad se sitúa entre el arte y la ciencia; y que toma elementos de ambas categorías, pero sin pertenecer en forma absoluta a ninguna de ellas.

Ps. Jorge A. Ballario

Longevidad: ¿arte o ciencia?
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