mujer feliz
Limpia tu corazón

Cada mañana mira en tu interior y despójate de toda codicia, odio y estupidez. Limpia tu corazón igual que te duchas y limpias tu cuerpo y tu pelo. Distingue claramente aquello que necesitas de lo que no necesitas en absoluto.

No necesitas que te den la razón, que te reconozcan, que aprueben todos tus actos, que compartan todas tus ideas. No necesitas sacarle lustre al  coche ni que sea más grande y potente que el de tu vecino: al fin y al cabo, sólo se puede correr a cientoveinte. No necesitas defender a ultranza a tu equipo, no es más que un juego para pasar los ratos muertos. No necesitas idolatrar a los deportistas, actores o cantantes como si fuesen héroes: no lo son; no son más ni menos que tú, sólo hacen su trabajo, igual que tú. Tampoco necesitas tener un cuerpo diez esculpido agónicamente en el gimnasio; tan solo algo de ejercicio regular en casa para mantenerte sano y funcional. No necesitas que tu vida se asemeje a los relumbrantes anuncios de la tele.

No necesitas llegar el primero, intentando a toda costa que no se te cuelen en la autopista. No necesitas un líder ni reírle las gracias. No necesitas hablar mal de nadie, ni cotillear, ni propagar rumores. No necesitas que te agradezcan de inmediato todo lo que haces por los demás. No necesitas que las cosas salgan absolutamente perfectas. No necesitas ser el centro de atención, ni llevar la voz cantante siempre, ni estar en todas las reuniones o conversaciones. No necesitas enterarte de todo ni opinar sobre todo, ni comprenderlo todo. Tampoco necesitas salvar el mundo.

No necesitas imponer tus ideas. No necesitas justificarte ni pedir perdón más que una vez, ni repetir tus argumentos hasta convencer. No necesitas estar de acuerdo con todos y con todo, siempre, ni necesitas que te guste lo que tienes que hacer en tu trabajo: simplemente lo haces. No necesitas preocuparte por aquellos asuntos que se escapan a tu control. No necesitas estar alegre en todo momento, en toda situación. No necesitas estar haciendo algo productivo todo el rato para evitar sentirte mal y pensar que pierdes el tiempo. No necesitas ocuparte en solucionar los problemas de todos los que te rodean. No necesitas que todo vaya bien, que todo funcione en todos los ámbitos de tu vida. No necesitas entender a tu madre. No necesitas que tus amigos sean gente legal, cien por cien de fiar. No necesitas a nadie para viajar, para ir al cine, para disfrutar de un paisaje o de una cena o de un baño en el mar bajo la luna llena.

No necesitas tener la tele constantemente encendida. No necesitas comer dos platos ni un litro de leche al día ni suplementos alimenticios: no vas a subir el Everest. No necesitas ropa nueva cada temporada. No necesitas contarle todo lo que haces a todo el mundo. No necesitas cientocincuenta amigos. No necesitas ser perfecto, ni estar a la última, ni ser referente en nada. No necesitas una foto con un famoso, ni un autógrafo, ni una gorra de marca. No necesitas saber bailar la canción del verano, no necesitas cenar en la terraza de moda. No necesitas un tatuaje único y original que defina cómo eres. No necesitas demostrar nada, porque lo que eres ya lo eres y ya sabes que lo eres.

No necesitas hacer lo mismo que hacen los demás: ver las mismas películas, leer los mismos libros, oír la misma música. Tampoco necesitas ser diferente ni romper ningún molde. No necesitas seguir todas las normas, escritas y no escritas, a cada momento. No necesitas dar consejos cuando alguien te confiesa un problema o una inquietud. No necesitas ganar en cada ocasión ni quedar por encima de nadie ni decir la última palabra. No necesitas sentirte imprescindible ni único. No necesitas saberlo todo. No necesitas caer bien a todo el que te conoce. No necesitas  ser eternamente joven ni ser una persona feliz, autorrealizada e iluminada por el espíritu santo. No necesitas tener la mejor familia del mundo. No necesitas ser gracioso ni estar siempre de buen humor. No necesitas ocultar tus defectos, ni fingir tus sentimientos, ni tampoco decir siempre la verdad. No necesitas sentirte bien todo el tiempo ni tener las cosas bien claras. No necesitas principios inmutablemente sólidos. No necesitas que tu dios sea el único dios verdadero.

No te preocupes por idioteces. No gastes tus recursos en niñerías. No  luches sino por comida o por la libertad o por elevadas causas que de verdad merezcan la pena. Mírate desde fuera. Limpia tu corazón cada mañana. Respétate. Relájate. No pasa nada.

José Samiñán
Psicólogo M 28462
Madrid, 2017.

Limpia tu corazón
Vota este artículo!

  • En este ciberespacio mágico de internet una sola palabra puede despertar emociones inesperadas o herir susceptibilidades, pensar antes de hablar recomiendan los expertos.