El 18 de Noviembre de 1809, nació en una aldea gallega Manuel Blanco Romasanta. Su vida hubiera sido como la cualquier otro aldeano si no fuera por un pequeño detalle: fue un asesino en serie y el primer caso documentado de licatropía clínica en España. Al parecer, Romasanta cometió trece asesinatos, lo que lo convertía en un asesino en serie. Sin embargo, para su autodefensa, afirmaba que cometía los crímenes cuando se convertía en lobo. ¿Era realmente Romasanta un hombre loco o padecía alguna enfermedad mental?

Escribir sobre licantropía es un tema complejo. La literatura científica existente al respecto es escasa. Intentar clasificar la licantropía en un trastorno u otro, como veremos a lo largo del artículo, es una tarea complicada. Sí se sabe que quien padece este «trastorno» puede experimentar consecuencias negativas en su vida, pero todavía no existe un diagnóstico establecido aceptado por una mayoría de profesionales. Es por ello, que no se puede clasificar como un «trastorno» propiamente dicho, pero en este artículo, para facilitar la lectura, nos referiremos a la licantropía como una patología.

Licantropía

La licantropía es la creencia de ser un hombre lobo. Este trastorno pertenece a uno más amplio llamado teriantropía, que abarca la creencia de poder transformarse en cualquier animal. Proviene de la conjunción de dos términos griegos: «thieron», bestia y «anthopros», hombre. Sin embargo, debido a su uso tan extendido, en ocasiones, el concepto de licantropía también se usa como sinónimo de teriantropía. Como describe el equipo de Donnolli (2014): «la licantropía es un fenómeno psicopatológico de baja frecuencia que se manifiesta como la firme creencia de la propia transformación del cuerpo en el de un animal con la adopción de conductas y expresiones acordes con el cambio».

Este trastorno no está recogido en el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Al tratarse de un fenómeno tan poco común, existe poca literatura científica al respecto. En 1988, P.E. Keck, delimitó dos puntos importantes para el diagnóstico de licantropía, de los cuales, sólo bastaba que se diera uno. Se trata de los siguientes criterios:

  • El individuo ha expresado verbalmente, durante intervalos de lucidez o retrospectivamente, ser un animal determinado.
  • El individuo se ha comportado de un modo semejante a un animal determinado.

¿Qué trastorno se esconde detrás de la licantropía?

El trastorno que se esconde detrás de la licantropía no está claro. Algunos autores apuntan que se clasifica en «Síntomas somáticos y trastornos relacionados no especificados». Sin embargo, también podría encajar en el «Trastorno del espectro de la esquizofrenia no especificado y otro trastorno psicótico».

Síntomas Somáticos y Trastornos Relacionados

Como afirma el equipo de Vicente Felipe Donnolli (2014), la licantropía no está recogida en el en el DSM-V (2014), pero podría encajar en una categoría llamada «Trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados». Esta categoría está compuesta por los siguientes trastornos:

  1. Trastorno de síntomas somáticos.
  2. De ansiedad por enfermedad.
  3. De conversión (trastorno de síntomas neurológicos funcionales).
  4. Trastorno facticio
  5. Otro trastorno de síntomas somáticos y trastornos relacionados específicos.
  6. Trastorno de síntomas somáticos y trastornos relacionados no específicos.

La licantropía no encaja con ninguno de los cinco primeros trastornos. Por lo que se podría clasificar en el «Trastorno de síntomas somáticos y trastornos relacionados no específicos», que según el DSM-V (2014), «no se utilizará a menos que se den situaciones claramente inusuales en las que no exista información suficiente para hacer un diagnóstico más específico«. La licantropía podría encajar de forma provisional en este trastorno, ya que se trata de un fenómeno muy inusual y no existe información suficiente para llevar a cabo un diagnóstico más concreto.

Trastornos psicóticos

Por otro lado, la licantropía podría ser clasificada dentro de la clasificación de «Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos». En concreto, dentro del «Trastorno del espectro de la esquizofrenia no especificado y otro trastorno psicótico».  En este tipo de trastornos, cobran una especial importancia los delirios, que sin duda, está muy ligado a la licatropia. Pero, ¿qué es exactamente un delirio?

El delirio es un concepto importante para explicar este fenómeno. Según el DSM-V (2014), los delirios «son creencias fijas que no son susceptibles de cambio a la luz de las pruebas en su contra. Su contenido puede incluir varios temas (por ejemplo, persecutorios, referenciales, somáticos, religiosos, de grandeza)». La cuestión es, ¿en qué tipo de delirios se podría ubicar la licantropía? Quizá en delirios de grandeza y delirios somáticos.

  • Delirios de grandeza. La persona cree que goza de talento o conocimientos (no reconocidos) o de haber hecho algún descubrimiento importante.
  • Delirios somáticos. Se aplica cuando el delirio implica funciones o sensaciones corporales.

De entre los dos delirios, con el que más encaja sería con el somático, ya que está relacionado con sensaciones corporales, como en este caso, transformarse en hombre lobo.

Conclusión

Como se ha podido comprobar, la licantropía pone sobre la mesa una falta de investigación sobre el tema. La imposibilidad de clasificarlo es un desafío para los profesionales de la salud mental. Sin embargo, a medida que pasan los años y se editan nuevos manuales sobre la salud mental, quizá consigue hacerse un hueco propio como trastorno. A pesar de esta dificultad en su clasificación, no impide que se pueda tratar en terapia. Es importante saber que no todos los problemas mentales se pueden clasificar a día de hoy, sin embargo, sí se puede abordar desde la psicología.

Bibliografía

  • American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Donnilo, V., Paola, M. y F, Rodríguez. (2014). Delirio de licantropía: cuerpo e identidad. Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, 19 (1), 5-18.

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