Lograr nuestros propósitos y vivir con plenitud en pro de una supuesta felicidad parece ser que no es tarea fácil y se nos escapa de las manos con demasiada frecuencia. Podemos encontrarnos, como ya hemos visto, con diversas condiciones vitales que nos hagan el camino bastante arduo, como las dificultades económicas, la falta de salud, los conflictos y enemistades con otras personas, etc.

Pero para ser francos, de entre todas las cosas que pueden hacernos tremendamente desgraciados o catapultarnos hacia la felicidad, la principal son nuestros propios pensamientos, y esto no es una mera teoría, es algo que ya hace décadas se teorizó y que se está demostrando diariamente. La realidad que conocemos, la que tenemos cada uno de nosotros, es algo exclusivo de cada individuo. Nosotros con nuestros complejos procesos mentales creamos nuestro propio mundo y lo vemos (o vivimos) desde una perspectiva única, pero esto no significa que contenga la verdad absoluta ni que sea la mejor, sólo es nuestra y punto.

Sí, es cierto, el destino baraja las cartas, pero somos nosotros los únicos que decidimos cómo jugarlas. Podemos utilizar nuestra mente de muchas formas, esto es un hecho sobre el que los psicólogos trabajamos diariamente, si no creyésemos que el cambio es factible, de nada serviría esta profesión. Es más, seguramente este hecho único de aprender y poder cambiar nuestra realidad, es lo que nos hace verdaderamente humanos. Tenemos complejidad y potencial mental a muchísimos niveles, sólo es necesario utilizarlos correctamente, o al menos de la mejor manera para cada uno, como cuando “personalizamos” una estancia, un coche, un móvil… debemos personalizar mejor nuestra mente, de esta forma lograremos incrementar sustancialmente nuestra sensación de felicidad en vez de destruirla.

Se ha podido comprobar que las maneras más eficaces de amargarnos la existencia son:

  • Tener miedo: los miedos sin sentido que nos instan a preocuparnos constantemente, como el miedo a la soledad, a perder a alguien, a que nos critiquen, a que nos quedemos sin trabajo o, incluso, miedos todavía más irracionales como miedo a las alturas, a los espacios cerrados, a conducir…
  • Quejarnos y lamentarnos: aunque sea sólo internamente sin exteriorizarlo a los demás. Con las quejas logramos amargarnos el carácter, pues conseguimos ver siempre el lado negativo de las cosas y oscurecemos cualquier situación o acontecimiento.
  • Criticar y juzgar a los demás sin cesar: Es parecido a las quejas, de hecho es como una variable de las quejas, criticar es quejarse del otro por su forma de ser, de actuar… vemos el lado negativo y obviamos rápidamente el positivo.
  • Exigir que las cosas o las personas sean como deseamos: como si fuera su obligación. Cada persona es diferente, y lo que para nosotros parece obvio y razonable, para otro no lo es. No convirtamos en exigencias nuestros deseos.
  • Tener excesivos apegos: sentir que “necesitamos” a alguien sin remedio o que sin nuestras grandes o pequeñas propiedades no podemos ser felices, es una vía rápida hacia la infelicidad. Cuantas más “necesidades” tengamos, más miedo (y probabilidades) tendremos a perderlas.
  • Exagerar cualquier acontecimiento o suceso: ya sea bueno o malo. Los extremos nunca son buenos, sólo fuente de ansiedad por sentir que las cosas son tremendamente buenas o tremendamente malas. La mayoría de veces los acontecimientos se mueven entre medianamente bueno o medianamente malo.
  • No aceptar nuestros errores: puesto que hemos de saber (y tener muy claro) que nadie está libre del error, nunca.
  • Sentir que estamos obligados a…: obligados a agradar, a cuidar, a cumplir, etc.

Nosotros, en gran medida, creamos nuestras propias creencias y emociones. Muchas de nuestras creencias las adquirimos a través de la cultura y la educación recibida, y otras las creamos nosotros mismos. El hecho de que alguna de estas creencias desafortunadas las hayamos recibido de nuestros padres o de la sociedad en la que hemos crecido no nos libera de responsabilidad. Somos nosotros quienes con plena capacidad decidimos mantener tales creencias. Somos nosotros los que en ocasiones de forma consciente y en ocasiones de forma inconsciente elegimos pensar y por lo tanto sentir de manera beneficiosa o de manera dañina para nosotros mismos. Hagamos un esfuerzo y aprendamos a pensar en positivo, a ver las cosas buenas de la vida antes que las malas, con un poco de práctica y constancia, veremos como todo cambia para bien a nuestro alrededor.

Las mejores maneras de amargarnos la vida
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