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Desde el principio de los tiempos el hombre ha querido conocerse a sí mismo y a los demás, empleando para ello múltiples estrategias, algunas de ellas con resultados más positivos que otras.

Carácter vs constitución, antecedentes históricos

Intentar adivinar el carácter a través de la tipología o constitución de las personas no es una de las ciencias más antiguas que conocemos, al contrario, tan solo nos hemos de remontar a principios del siglo XX. Pero sí que se habían probado antes otras técnicas, hace muchos más años, Hipócrates estudió nuestra composición corporal interna y la dividió en cuatro elementos básicos o humores, cuya proporción determinaba el temperamento humano. Y no tan antiguamente, cuando se trató de averiguar la personalidad mirando las facciones de la cara, o incluso comprobando la forma y estructura del cráneo.

Sea como fuere, siempre nos ha interesado saber cómo somos. Quizás la cuestión es ¿por qué?, por qué este constante interés de autoconocimiento. Tal vez creíamos que de esta forma podríamos llegar a comprender mejor nuestro mundo, o quizás este saber nos proporcione seguridad dándonos una sensación de “control” hacia lo que nos rodea, o simplemente por mera curiosidad, cualidad muy arraigada en el hombre.

Gregorio Marañón, el importante médico y neurólogo español, hizo un análisis muy particular (y hoy en día obsoleto) de las constituciones humanas, relacionándolas a su vez con el sistema endocrino que tan bien conocía, para dar un fundamento científico a estas teorías clásicas.

La medicina hipocrática y los antecedentes en la obra de Marañón

Como ya hemos dicho, las bases de las teorías constitucionalistas contemporáneas proceden del médico griego Hipócrates (460-370 a.C.), considerado padre de la medicina. Basándose en un filósofo anterior, Empédocles, pensaba que los seres humanos surgen de la combinación de cuatro elementos (aire, tierra, fuego y agua), representados en forma de cuatro humores (sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema). Hipócrates observó la dependencia de estos cuatro humores en el temperamento de las personas y realizó una clasificación de las personas basándose en la predominancia de estos humores: una persona con un temperamento sanguíneo significaba que estaba determinado por el predominio de la sangre, en el flemático predominaba la flema, el tipo melancólico estaba caracterizado por la mayor presencia de bilis negra, y el temperamento colérico era aquel en el que predominaba la bilis amarilla.

Galeno (129-199), médico romano, relacionó los distintos humores con el temperamento de las personas, y pensó que éstos eran los causantes de las enfermedades.

Fue en la época griega cuando aparecieron los primeros intentos de clasificación de individuos en función de su constitución, conocido con el nombre de “Teorías Constitucionalistas de la Personalidad”.

Los 4 tipos de temperamento humano

La escuela alemana

Ernst Kretschmer, neurólogo y psiquiatra alemán, fue un autor que provocó un gran desarrollo el la tipología de la constitución a principios del siglo XX. Propuso tres clases fundamentales de morfología corporal: el pícnico con una estatura media, rostro ancho, cuello fuerte y tórax abombado, el atlético con una estatura superior a la media, fuertes hombros y cuello musculoso y el asténico o leptosomático más bien delgado, esbelto, con rasgos angulosos y la piel seca y anémica. Cada uno de estos aspectos físicos los relacionó con diferentes características psicológicas.

La escuela alemana tuvo gran repercusión en los estudios de Gregorio Marañón. Ya señaló Kretschmer que cada una de estas estructuras corporales tiene por base una fórmula endocrina unitaria, una estructura química única, de la cual es producto la individualidad del hombre, tanto corporal como psíquica.

Escuela italiana

Otra escuela de gran trascendencia en las investigaciones de Marañón fue la italiana con Viola y Pende. Viola se basa en descripciones antropométricas, incluyendo en ellas aspectos fisiológicos del individuo. Pende recoge la idea de Viola de que los procesos metabólicos son importantes para diferenciar el temperamento humano y aportó la idea de la existencia de cierta asociación entre el hábito morfológico y el metabólico, incluyendo por tanto al sistema endocrino en el estudio constitucionalista.

Posteriormente Eysenk definió tres tipos de dimensiones de la personalidad: extroversión-introversión, estabilidad emocional (neurotización) y psicoticismo. Y ordena los diversos tipos de personalidad agrupándolos según los tipos caracterológicos clásicos señalados por la doctrina griega: melancólico, colérico, flemático y sanguíneo, de acuerdo con los polos opuestos de estabilidad-inestabilidad y de extroversión-introversión. De esta manera se indica que las instituciones hipocráticas y galénicas no estaban tan equivocadas, y que los humores orgánicos juegan un rol importante en la determinación de los diferentes tipos de personalidad, además actualmente se sabe que uno de los contenidos más importantes de aquellos humores son las hormonas.

Estudios tipológicos de Gregorio Marañón

Ya antiguamente se conocía la importante influencia de las hormonas sobre la conducta, por eso era de esperar que el sistema endocrino fuese uno de los principales a la hora de fundamentar las teorías constitucionalistas en las tendencias temperamentales humanas.

Para Marañón la constitución no es un concepto rígido, sino “elástico”, modificable en cierta medida por las influencias del medio. En su libro “Ginecología Endocrina” ya habla de tendencias de constitución, resumiéndolo en la frase: “la constitución, pues, marca una tendencia, pero no impone una conducta”.

De acuerdo con su teoría endocrinológica, la morfología general de la figura humana estará, en gran parte, condicionada por el sistema endocrino. Las hormonas están en estrecha relación con el sistema nervioso y actúan de dos modos desde el punto de vista clínico: las hormonas de la glándula endocrina cumplen una función específica, pero por otro lado las hormonas de todas las glándulas actúan en conjunto regulando los grandes procesos de la vida: el crecimiento, el metabolismo y la sexualidad.

Estas mismas hormonas, por tanto, actúan sobre la excitabilidad neuromuscular, sobre la afectividad y sobre el ritmo psíquico, y moldean en gran parte el temperamento de la persona.

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Clasificación tipológica en el varón

Marañón no era un tipologista profesional, pero describe una serie de puntos en los que debe fijarse el clínico para realizar una apreciación general de la morfología. Esos puntos son los siguientes: la talla, el desarrollo muscular, el desarrollo de los caracteres sexuales, la distribución de la grasa, el color de cabello y ojos, y el matiz de la piel.

Hace una clasificación basándose en las ideas kretschmerianas, que salen publicadas en su libro “Manual de las enfermedades endocrinas y del metabolismo” en 1939. Por una parte clasifica las constituciones normales y por otra las constituciones anormales o displásicas.

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Dentro de las constituciones normales, hace una división de tres tipos:

  • Hipoplásico caracterizado por su pequeñez general y sus proporciones infantiles.
  • Asténico con predominio de los diámetros longitudinales, esqueleto grácil, musculatura fláccida, hombros estrechos y tórax plano y estrecho.
  • Pícnico con predominancia de estructuras horizontales y características opuestas al asténico.

Por otro lado define un grupo menos frecuente de tipologías que lo llama de constituciones anormales, dividiéndolos en:

  • Gigantoide con una talla desmesurada y excesiva robustez de los relieves del esqueleto en el tronco y en los miembros.
  • Infantil o enanoide es aquella en la que predomina la pequeñez excesiva de la talla con un estado infantil correspondiente, en suma, una forma exagerada de la constitución hipoplásica.
  • Displasia eunucoide es aquella en que predominan los rasgos de hipogenitalismo, gran longitud de miembros inferiores, con ligera tendencia al genu-valgum, predominio de la anchura de la pelvis sobre la anchura de los hombros, mentón retraído, tendencia a la dolicocefalia y al engrasamiento de la mitad inferior del cuerpo, con escaso desarrollo de caracteres sexuales secundarios.
  • Hipergenital con tendencia a una pequeña longitud de los miembros inferiores y talla baja, pero con el tronco y la cabeza normalmente desarrolladas, fuerte esqueleto y musculatura, con gran desarrollo de los caracteres sexuales secundarios.

Clasificación tipológica en la mujer según Marañón

Hace Marañón un análisis particular de las tipologías femeninas, dado que según dice, los tipos morfológicos admitidos hasta ahora crean dificultades a la hora de clasificar a las mujeres, porque a su parecer ellas son “tipos en evolución, no estables”, como lo es el varón.

Por esta razón y basándose en ese carácter de su evolución, Marañón designa los tipos constitucionales de las mujeres con los títulos de constitución I, II y III.

  • El tipo I corresponde a la infantil son mujeres de talla baja, proporciones infantiles, manos puntiagudas y rasgos eternamente gráciles y pueriles. Piel muy blanca, a veces con lanugo en antebrazos, piernas y espalda, que no hay que confundir con el vello intersexual. Posee una voz infantil, líbido normal y un erotismo (orgasmo) escaso y tardío. Su psicología es infantil y sugestionable.
  • El tipo II es el asténico o también lo llama femenino medio o puro, es el prototipo de la feminidad. Son mujeres de talla media con proporciones muy femeninas (con gran anchura pélvica), voz femenina, líbido normal, gran instinto maternal, erotismo difícil y tardío. Regla regular y abundante. Gran capacidad concepcional. Poseen una psicología muy femenina, con sensibilidad, emotividad y tendencia al narcisismo.
  • El tipo III o pícnico, también llamado intersexual corresponde a las mujeres de talla media o alta, con proporciones robustas, manos huesudas, gran desarrollo torácico (sobretodo en relación al desarrollo pélvico), con tendencia a acumularse la grasa en esta parte del cuerpo. Piel menos fina, tendencia al vello en tronco, miembros y cara. Voz de tipo bajo (contralto), líbido enérgica con gran capacidad para el orgasmo. Sus reglas tienen tendencia a ser escasas. Poca aptitud concepcional e instinto maternal disminuido. Tienen una psicología decidida, de acentos viriloides, con tendencia a la actuación fuera del hogar.

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Para Gregorio Marañón la vida sexual de la mujer estará condicionada por su constitución sexual previa. Analiza los instintos sexuales, homologándolos con los caracteres sexuales de la mujer, como serían la atracción sexual y el orgasmo. Este último lo describe como de aparición tardía y no constante en la mujer, mientras que seria precoz y mandativo en el hombre. Subraya que la mujer no necesita del orgasmo para cumplir con su función procreativa (el varón sí). Esta afirmación de Marañón se interpretó entonces como que la frigidez era fisiológica en la mujer, provocando grandes protestas. Pero una verdad sigue en pie: un varón anorgásmico es estéril, mientras que una mujer no. Marañón tuvo el valor de decirlo.

La evolución de la constitución

Marañón se plantea el problema de la dimensión evolutiva de la constitución, el organismo evoluciona y con ello también el temperamento. Su teoría se basa en lo siguiente: si la morfología y el temperamento dependen en gran parte de la función de las glándulas de secreción internas (factores no fijos), en la medida en que varían por el curso normal de la evolución del individuo o por influencias patológicas, resultarán en transformaciones tanto de la morfología de la persona como de su temperamento.

Desde un punto de vista general, todos los individuos evolucionarán morfológicamente igual, de lo hipoplásico a lo asténico y de lo asténico a lo pícnico (“curva de felicidad”). Paralelamente, desde un punto de vista sexual, atribuye la constitución asténica como la propia de la mujer y la pícnica la del varón. Esta distinción sexual Marañón la deduce de la evolutiva general, ya que la feminidad representa una fase intermedia de la evolución y por tanto es de tono juvenil.

También añade una puntualización a esta teoría: cuando los tipos morfológicos son muy definidos, cuando los rasgos hipoplásicos, asténicos o pícnicos son muy marcados, estos sujetos conservarán a lo largo de la vida la gran línea general que poseían. Pero en la mayoría de los seres humanos se produce la evolución, aunque sea tenue, de los tres tipos a través de la edad.

Al mismo tiempo, el temperamento en principio concentrado, arbitrario y rebelde de los primeros años, también evoluciona hacia un temperamento más conciliador, con inclinaciones más conservadoras del hombre adulto.

Por otro lado, en la mujer, definida por Marañón como un organismo intermedio entre el niño y el hombre, su evolución será distinta pero a la vez muy explícita. Ella  pasará, tanto en su constitución como en su temperamento, de una astenia puberal durante los treinta a treinta y cinco años que dura la vida sexual, a una clara virilización en el climaterio. El hombre en cambio, considerado como etapa más fija, terminal, la evolución conserva a través de los inevitables cambios, mucho más permanentes los rasgos esenciales de su personalidad. Por eso en la mujer resulta más difícil que en el hombre acoplar la morfología a los tipos constitucionales conocidos. Constitución y sexo están pues en íntima relación.

La evolución y variabilidad de los caracteres sexuales

Para Marañón lo masculino y lo femenino no son valores terminantemente opuestos, sino grados sucesivos del desarrollo de una función única. Encuentra en Darwin el origen de este pensamiento, para él hay una teoría general de la evolución biológica, pero a ésta se superpone una evolución paralela del sexo, que es necesaria para la reproducción y por tanto para que la evolución darwiniana sea posible. Marañón dice que los rasgos de la sexualidad, los comportamientos sexuales y los biotipos cambian a lo largo de la vida. Descubre que en el momento de la pubertad masculina y del climaterio femenino se producen dos crisis endocrinas intersexuales, por lo que él llama a ambas edad crítica.

En la pubertad masculina, antes de alcanzarse la virilidad plena, el adolescente pasa por un época obligada de feminidad. Al llegar a los trece o los catorce años inicia un esbozo de feminidad que imprime su sello en la morfología y la psicología del muchacho. Unos años más tarde, hacia los dieciséis o los diecisiete, aflora ya la virilidad definitiva. Hoy día conocemos el aumento relativo de los estrógenos en esta fase, pero Marañón sólo veía los rasgos externos: la tendencia feminoide del muchacho antes de hacerse hombre, sus tendencias sexuales aún no orientadas y sus juegos homosexuales con compañeros de colegio.

Nada de esto tiene lugar en la pubertad femenina, ya que se pasa de niña a mujer en una transición gradual no intersexual. La mujer despierta lentamente y de un modo suave y continuado en la niña. Pero en cambio, al llegar al climaterio, aparece una clara  tendencia viril en la mujer madura, un paso fisiológico de toda fémina a varón. Se sabe hoy que los andrógenos ováricos aumentan que se acumulan en la circulación periférica originando tendencias viriloides muy frecuentes en las mujeres de esta edad.

Hay así, según Marañón, dos edades críticas, la del hombre en la pubertad y la de la mujer en el climaterio. En cambio la pubertad femenina y la andropausia del hombre serían transiciones suaves, una al despertar sexual y otra al apagamiento, ambas sin conflictos.

Conclusiones

Los antecedentes históricos de la obra de Gregorio Marañón se encuentran fundamentalmente en las escuelas alemana e italiana, que le inclinan a abordar el tema de la personalidad con el estudio de la implicación hormonal en sus componentes. Según Marañón, la glándula endocrina es la que más influye en el temperamento y en la personalidad del individuo.

Existe una dimensión evolutiva en la constitución y el temperamento humano, que es diferente entre los hombres y las mujeres. En el sexo masculino esta evolución morfológica es bastante progresiva hasta llegar a una tipología final más bien pícnica, mientras que en el sexo femenino la evolución es de mucho más brusca al llegar a la menopausia, manteniendo hasta entonces una mayor estabilidad en sus caracteres.

Gregorio Marañón realizó un gran trabajo de estudio constitucional, pero actualmente se encuentran obsoletas. Aun así, determinó una parte (ciertamente importante) en el futuro estudio de la psicología humana.

En cuanto a la clasificación que realiza sobre las mujeres, teniendo en cuenta la época en que vivió Gregorio Marañón, seguramente estuvo muy influenciada por la concepción cultural que se tenía de las mujeres en aquella época. La mujer hasta hace relativamente poco tiempo, aquí en España, no tenía poder social y su función se reducía prácticamente a tener hijos y dedicarse al cuidado de éstos así como del hogar. En el estudio realizado por Marañón queda reflejado este concepto diferenciador de las mujeres frente a los hombres. Quizás por eso hasta la fecha ni siquiera habían existido estudios previos sobre ellas.

Bibliografía

  • Alejandra Ferrándiz Lloret “La psicología de Gregorio Marañón“. Editorial de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid 1982. Tesis doctoral 156/84.
  • Fundación Gregorio Marañón. “Cronología de Gregorio Marañón“.
  • Virgili Ibarz. “Las descripciones tipológicas de la personalidad“. Historia y Vida.
  • Botella Llusiá, A. Fernández de Molina. “La Evolución de la Sexualidad y los Estados Intersexuales“. Fundación Gregorio Marañón. Ediciones Diaz de Santos, S.A. 1998.
Las desconocidas teorías de la personalidad de Gregorio Marañón
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