Las críticas: cómo hacerlas de forma adecuada



Criticar puede ser todo un arte. Cuando escuchamos el verbo criticar, lo primero que se nos suele venir a la cabeza es alguien hablando mal de otra persona. Sin embargo, las críticas también pueden ser constructivas. Estamos demasiado acostumbrados a asociar el concepto “crítica” con una descalificación, pero una crítica también puede suponer un comentario motivador y de aprendizaje sobre algún asunto.

Es importante saber hacer críticas, pues a través de estas podemos pedir a los demás cambios de conducta, expresar lo que nos molesta o ayudarles a mejorar. Cuando alguien nos pide consejo sobre un trabajo de facultad, para ayudarle a mejorar, podemos emitir una crítica constructiva: “cambiaría la introducción y la haría más sencilla”, por ejemplo. A lo largo del artículo abordaremos el concepto de crítica, qué nos impide hacerlas, y se ofrecerán algunos consejos sobre cómo emitir críticas de la forma más correcta posible.



Qué son las críticas

Como afirma María Nieves Vera (2009): “criticar se puede usar para motivar a la gente, para influir sobre ella, para enseñarle, para comunicar necesidades y deseos o para estimular a alguien a que mejore”. Aún así, solemos cometer ciertos fallos, y como señala Vera, “lo que decimos y cómo lo decimos están, frecuentemente, en desacuerdo con nuestro objetivo, con lo que esperamos conseguir”. Esto es, ¿cuántas veces hemos intentado criticar de forma positiva y hemos conseguido todo lo contrario?

Cuando pretendemos que otra persona cambie o mejore y las críticas no son adecuadas, será complicado conseguir nuestro objetivo. Imaginemos que somos profesores y un alumno nos entrega un trabajo. Lo leemos con atención y nos damos cuenta que está bastante mal. “A ver, ¿cómo has hecho este trabajo? No has acertado en nada, está mal escrito, mal planteado… parece que lo ha hecho un niño pequeño”.

Ahora bien, ¿cómo creéis que se lo puede tomar el alumno? Posiblemente mal. Aunque la intención del profesor sea buena, la forma de decir las cosas puede resultar clave para causar un efecto u otro.

¿Qué nos impide emitir una crítica de forma correcta?

Existen tres aspectos que nos frenan a la hora de realizar una crítica: los pensamientos sobre nosotros, sobre los demás y sobre la situación.

Sobre nosotros

El pensamiento que suele paralizarnos con más frecuencia es aquel que nos devalúa como persona: “¿y si no llevo razón?”. En muchas ocasiones, aunque estemos convencidos de que llevamos razón, en el último momento nos invade la duda sobre si nuestro punto de vista es el correcto. El miedo a equivocarnos nos paraliza y, de esta forma, no emitimos ninguna crítica.

Sin embargo, ¿qué ocurre si nos equivocamos? Realmente nada. El derecho a equivocarnos nos pertenece, así pues, podemos expresar nuestra opinión sin miedo. Saber que podemos estar equivocados es otra forma de aprender. Si hemos caído en el error y la otra persona nos lo hace ver, nos habremos ido a la cama sabiendo algo nuevo. Por lo que es importante saber que el error no es sinónimo de ser poco válido, sino de aprendizaje.

Sobre la otra persona

Lo que solemos pensar cuando alguien lleva a cabo una conducta que nos molesta es que la intención es la de hacernos daño. También nos vienen pensamientos negativos como por ejemplo: “qué mala es”, “sólo quiere hacerme daño”, “es una persona amargada, por eso actúa así”. De alguna forma, solemos condenar al otro. En este caso, podemos plantearnos si realmente la otra persona es tan mala o sobre si nos hemos creado unas expectativas demasiado rígidas.

En muchas ocasiones, construimos unas expectativas sobre cómo deben ser las personas con nosotros y cuando éstas no coinciden con nuestras construcciones mentales, nos sentimos defraudados. Por ello, es tan importante ver hasta qué punto estamos aceptando a la otra persona o la rechazamos sólo porque no encaja en nuestro pensamiento. Debemos valorar hasta qué punto la conducta del otro es tan dañina o podemos pedir que cambie algo.

Sobre la situación

¿Cuántos de nosotros solemos lamentarnos y maldecir cuando una situación no sale como queremos? Pensamos que no es justo que las cosas salgan de forma diferente a como teníamos previsto. “¿Por qué la vida me trata así?”, ¿tan difícil es que salgan las cosas como queremos?”… En realidad, tenemos poco control sobre lo que ocurre a nuestro al rededor. De esta forma, el proceso de aceptación es una parte importante para dejar de criticar todo aquello que ocurre en nuestro día a día con lo que no estamos conforme.

Consejos para que las críticas sean constructivas

  • Es conveniente tener en cuenta que todos cometemos errores y podemos comportarnos de forma que, a veces, puede no gustar demasiado.
  • Si la crítica es constructiva, podemos ayudar a los demás.
  • Es importante ser amables. Nos da la sensación de que cuando hacemos alguna crítica deberos ser bruscos y algo arrogantes, sin embargo, esto es solo un pensamiento.
  • Fijarnos en que cuando critiquemos sea la conducta de alguien y no a la persona en sí. Por ejemplo, en lugar de acusar, “eres un desastre, eres muy desordenado”, mejor decir, “sería conveniente que recogieras tu ropa cada vez que te cambiaras”.
  • Una crítica, en lugar de representar un conflicto entre dos personas, es una forma de solucionar un problema.
  • Hacer críticas o pedir cambios a la otra persona es un derecho personal.
  • Tener en cuenta que la otra persona tiene todo el derecho de no aceptar la crítica.
  • Es aconsejable ser precisos, concretos y describir los hechos.
  • Evitar juzgar.
  • Nuestros derechos son iguales que los de las otras personas.

Manos a la obra con las críticas

¿Qué quiero criticar?

Es importante delimitar aquello que queremos criticar y evitar las generalizaciones. Intentar evitar: todo, nada, siempre, nunca… Por ejemplo, evitar expresiones como: “eres un caos, nunca vas a cambiar”.

¿Es posible el cambio?

Debemos valorar si en la otra persona existe la posibilidad de cambio. ¿Creemos que la otra persona quiere cambiar? Muchas personas critican una y otra vez el mismo aspecto de alguien concreto, sin embargo, la persona en cuestión no cambia. Así pues, cabe pensar si realmente el otro está dispuesto a cambiar.

Por otro lado, es importante evitar una crítica basada en el desahogo personal. Es posible que pensemos que lo hacemos por el otro, pero en realidad sólo estamos desfogándonos a través de la ira y/o la frustración.

¿Serán útiles las críticas?

Pensar qué queremos cambiar con la crítica. ¿Es útil para mí, para él/ella o para nosotros el cambio? Si a alguien le dan miedo las serpientes y en su día a día no está en contacto con ellas, es innecesario criticar su miedo a los ofidios. Ahora bien, si a nuestra pareja le da miedo conducir pero por diversos motivos necesita hacerlo, la crítica tiene más sentido.

“Sería importante que fueras a una autoescuela o a un psicólogo para trabajar tu miedo a conducir, no siempre voy a poder llevarte yo al trabajo”. Esta crítica sería mucho más constructiva que, por ejemplo: “a ver si te lanzas a conducir, que siempre te estoy llevando yo y estoy cansado, ¿nunca vas a aprender o qué?”.

¿Cuál es el cambio que queremos? ¿Se entiende nuestra crítica?

Delimitar aquello que esperamos del otro. Cuanto más concretos y directos seamos, mejor. Si nos andamos con abstracciones podemos confundir a la otra persona o, directamente, no expresarnos bien. ¿Qué esperamos de la otra persona?

¿Cómo decirlo?

  1. Usar la primera persona y evitar amenazas, acusaciones o descalificaciones. Es importante saber que una crítica no es verdadera ni falsa ya que la mayoría de ellas son juicios. Por ejemplo: “Me parece que tu método de estudio no es el más adecuado”, “pienso que si fueras más ordenado no perderías tantas cosas”
  2. Empatizar con la otra persona. Si me dijeran lo que voy a decir, ¿cómo me sentiría? ¿qué pensaría? Esto nos puede ayudar a pulir la crítica para decirla de la mejor forma posible.
  3. Momento y lugar. Ni cualquier momento ni cualquier lugar son idóneos. Por ello, es tan importante saber seleccionar tanto el uno como el otro. Por ejemplo, evitar pedir un cambio cuando la otra persona esté furiosa o realizando alguna tarea importante.
  4. Habla claro. La otra persona debe saber qué estás criticando.
  5. Evitar insistir demasiado. Si esto ocurre, la otra persona puede desconectar. Es por ello recomendable que las críticas no sean largas ni repetitivas.
  6. Podemos ofrecer algún incentivo para que la otra persona cambie y comprometernos a ayudar en la situación.
  7. Evitar transmitir ira, enfado, etc.
  8. ¿Qué pasa si la otra persona se lo toma a mal? Prevenir una situación complicada es parte del plan. Por ejemplo: “sé que eres una persona razonable, por eso sé que te puedo decir esto…”.
  9. Reforzar los cambios positivos. Si la crítica surge efecto es recomendable reforzarla.

¿Cómo saber si las críticas no son constructiva?

  1. Si humillamos, avergonzamos o confundimos a la otra persona.
  2. Si culpamos a la otra persona creyendo que la única explicación para su conducta es la que nosotros pensamos.
  3. No somos específicos ni concretos.
  4. Cuando pensamos que la otra persona nos entiende o sabe de qué hablamos sin darle explicaciones.
  5. Cuando no ofrecemos alternativas de comportamiento.
  6. Si desvalorizamos a la otra persona si nuestra crítica va acompañada de sentimientos de decepción.
  7. Si hacemos hincapié todo el rato en lo negativo.
  8. Cuando nuestros pensamientos son demasiado inflexibles.
  9. Cuando el ambiente no es el adecuado.
  10. Si hacemos uso de amenazas.
  11. Usar preguntas acusadoras. Por ejemplo: “¿cómo eres capaz de pensar eso?”, “¿a qué viene esa idea?”.

Bibliografía

Vera, M. y Roldán, G. (2009). Ansiedad social. Manual práctico para superar el miedo. Madrid: Pirámide.

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