frases de Tomás de Aquino
Frases de Tomás de Aquino

Tomás de Aquino (1225-1274) fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores. Aunque era filósofo y teólogo, Aquino tuvo gran repercusión en las ideas de la psicología a causa de su énfasis en la importancia del libre albedrío. Según él, todo ser humano posee un alma inmortal, que no pertenece al mundo natural: transita por el mundo de la materia, pero no forma parte de él, y en consecuencia no está sujeta a la ley natural ni sometida a las causas y efectos. Si esto es así, resulta bien fundada nuestra certidumbre de que podemos gobernar nuestra conducta, de que podemos efectuar verdaderas elecciones como seres humanos. Encuentra aquí las mejores frases de Tomás de Aquino.

Citas célebres Santo Tomás de Aquino

Un hombre tiene libre elección en la medida en que es racional.

El bien puede existir sin el mal, mientras que el mal no puede existir sin el bien.

Teme al hombre de un solo libro.

Los seres dotados de inteligencia desean existir siempre y un deseo natural no puede existir en vano.

Si el objetivo más alto de un capitán fuera preservar su barco, lo mantendría en el puerto por siempre.

La fe se refiere a las cosas que no se ven, y la esperanza a las cosas que no están al alcance de la mano.

El derecho es lo justo o ajustado a otro conforme cierta clase de igualdad.

La ley es la prescripción de la razón, ordenada al bien común, dada por aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad.

El estudioso es el que lleva a los demás a lo que él ha comprendido: la verdad.

Existen bienes particulares que no poseen relación necesaria con la felicidad, ya que sin ellos uno puede ser feliz. A tales bienes no se adhiere la voluntad necesariamente.

Para ser voluntario un acto, ha de proceder de un principio intrínseco con algún conocimiento del fin.

Para alguien que tiene fe, no es necesaria ninguna explicación. Para aquel sin fe, no hay explicación posible.

El ser de las cosas, no su verdad, es la causa de la verdad en el entendimiento.

Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia.

Justicia sin misericordia es crueldad.

Todos los esfuerzos de la mente humana no pueden agotar la esencia de una sola mosca.

Es necesario que la diversidad de naturaleza en las potencias se establezca en razón de la diversidad de los actos, lo que a su vez se establece en razón de la diversidad de los objetivos.

Un ser humano tiene libertad de elección en la medida en que es racional.

La inconstancia es un pecado especial de la prudencia.

Es evidente que existe la verdad. Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe.

El pecado ofende a Dios lo que perjudica al hombre.

Todo lo que es verdad, sea quien sea quien lo haya dicho, tiene su origen en el espíritu.

Cada hombre tiene que inventar su camino.

A todo movimiento de la voluntad es necesario que le preceda un conocimiento. Pero no a la inversa: no a todo conocimiento precede una noción voluntaria.

Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros.

Vivir es más perfecto que ser, y saber es más perfecto que vivir.

Del mismo modo que es mejor iluminar que solamente brillar, asimismo es más grande dar a los demás las cosas contempladas que solamente contemplarlas.

Lo que se recibe se recibe al modo del recipiente.

La justicia es la firme y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo.

El alma se conoce por sus actos.

La acción de entender consiste en que la formalidad o concepto de la cosa conocida se encuentre en el cognoscente; en cambio, el acto de la voluntad se perfecciona por el movimiento hacia la cosa tal como es en sí.

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