lágrimas

Nos guste o no, lo cierto es que algunas personas tienen mucha más facilidad para llorar y expresar sus sentimientos que otras, estando fuertemente ligadas dichas lágrimas a situaciones emocionales o sentimentales. ¿Por qué los seres humanos somos los únicos que lloramos gracias a nuestras emociones?

¿Por qué lloramos?

Según el profesor de Psicología Clínica Ad Vingerhoets, holandés de nacimiento y especializado en el campo de las emociones y el estrés, la razón de por qué lloramos los humanos se debe a cuestiones evolutivas y de nuestro propio desarrollo.

Para que lo entendamos mejor, los niños pequeños no tienen otra manera de expresarse y de exponer sus necesidades más que llorando notoriamente. En verdad, es su manera de desenvolverse en su medio, cuando todavía son seres muy indefensos. Al principio se expresarán más mediante gritos, cambiando esta conducta a medida que evolucionan.

Así, en un principio puede que el bebé exponga su malestar de forma más notoria mediante gritos y llantos más desconsolados. A medida que va creciendo y desarrollándose y puede comenzar a moverse por el espacio para conseguir las cosas, es posible que esos gritos den paso a otro tipo de llanto.

Y no son los únicos que utilizan las lágrimas para conseguir lo que desean. Pues ya en la edad adulta, los humanos lloramos para expresar nuestro desamparo y provocar una reacción de empatía en los otros.

Así sucede que cuando vemos a otra persona llorar enfrente de nosotros, nuestra primera reacción natural sea ir a consolarle, y con ello también podríamos estar cumpliendo egoístamente con otro de nuestros objetivos: intentar que deje de llorar y hacerle sentir mejor.

Aunque a priori esta reacción puede aparecer totalmente altruista y en gran parte pueda ser así, lo cierto es que al ser empáticos con el sufrimiento de otros también estamos intentando no sufrir nosotros, ya que no es una situación muy agradable de presenciar.

¿Pero qué ocurre con todas aquellas lágrimas que ya no provienen de la tristeza pura y dura, sino que encierran otros motivos? Pues bien, las investigaciones y el propio Ad Vingerhoets declaran que las lágrimas de felicidad no existen, en contra de la creencia popular.

¿A qué se deben entonces las lágrimas de felicidad?

Cuando una persona rompe a llorar supuestamente de felicidad o de alegría, esa reacción biológica y emocional no proviene exactamente del estímulo que le ha provocado dicha felicidad.

En verdad, existe otra razón muy poderosa para llorar en esos casos. Y si preguntamos a deportistas de élite puede que demos con la respuesta mucho antes de lo que pensamos y podamos sorprendernos.

Muchos podrían creer que cuando alguien acaba de recibir un gran premio o una buenísima noticia, podría empezar a llorar de la emoción. Pero en verdad, está llorando por todas las dificultades previas a las que ha tenido que hacer frente antes de vivir este gran y glorioso momento.

Aquí es donde podemos recordar aquel artista que tras recoger un premio recuerda todas las dificultades y negativas a las que ha tenido que enfrentarse, o ese deportista subido al podio que recuerda mientras recibe su medalla todas las horas de entrenamiento y esfuerzo desde su infancia.

Y no hace falta irse a esos extremos ni a celebridades o personalidades conocidas, sino que podemos aplicarlo a vivencias más cotidianas. Por ejemplo, cuando tras meses o años de no ver a una persona a la que de verdad aprecias, de repente os reencontráis.

Sin duda, podrían ser unos momentos muy felices y hermosos para ambos, pero el origen de vuestras lágrimas se remontaría a todo aquel tiempo que no habéis podido disfrutar juntos y a los recuerdos previos, siendo estos los detonantes de la descarga emocional y del llanto.

La función liberadora de llorar

También se ha dicho a lo largo de la historia que las lágrimas tienen un efecto liberador y sanador, que nos permitiría liberar hormonas del estrés, provocando un alivio casi inmediato en nosotros al empezar el llanto y pocos minutos después. Pero, ¿qué hay de cierto en esto?

Sin embargo, Ad Vingerhoets declaró que tras un estudio realizado en colaboración con colegas de profesión de todo el mundo, solo la mitad de las personas afirmó que se había sentido mejor después de llorar. Del 50 % restante, el 40 % afirmó sentirse igual, y el otro 10 % manifestó sentirse incluso peor.

Tras estos hallazgos, podría determinarse que lo que realmente hace que los humanos nos sintamos mejor después de llorar es que nos consuelen, y no tanto liberar nuestras lágrimas. Aunque a decir verdad, esto variaría enormemente de una persona a otra.

Pues, aunque en todas las culturas y partes del mundo los humanos lloran, podríamos percibir grandes diferencias entre seres humanos de una misma familia o grupo, dependiendo de sus personalidades, contextos y circunstancias.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here