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¿Te has fijado cuántas veces miras el móvil al día? de todas ellas… ¿cuántas eran realmente necesarias? Observa cuando vas en el metro o por la calle, ¿cuántas personas están inmersas en su propia realidad virtual?

Cuando observamos el mundo a través de una pantalla, nuestra experiencia queda reducida al tamaño de nuestro dispositivo digital.

En las pasadas décadas hemos podido observar un creciente número de adeptos a las nuevas tecnologías. Usamos aparatos digitales para labores tan cotidianas como cocinar, despertarnos por las mañanas, elegir qué comprar, o incluso cómo hacer ejercicio con un coach digital. Vivimos en una sociedad informatizada casi por completo, donde la tecnología está cada vez más presente en nuestras vidas. En las relaciones interpersonales hemos creado una nueva dimensión, la dimensión tecnológica. Gracias a la tecnología podemos comunicarnos a distancia, con un simple mensaje o algún emoticono. Lo que, poco a poco, ha ido sustituyendo el trato personal por uno más distante, en el que en vez de relacionarnos cara a cara, lo hacemos de pantalla a pantalla, o de monitor a monitor. En muchos sentidos hemos sustituido el mundo real, por una experiencia digital.

Hemos llegado a un punto, en el que tenemos suficiente experiencia tecnológica para podernos preguntar con perspectiva ¿ha supuesto este desarrollo una evolución o una involución en nuestra vida personal? Fíjate en tu próxima reunión de amigos o comida familiar, ¿ha mejorado la tecnología nuestra relación con los demás?

Las tecnologías e Internet, las nuevas adicciones

Convencionalmente se ha considerado que las adicciones sólo eran provocadas por el uso de determinadas sustancias que, cuanto más habitualmente se consumen, más aumentan la tolerancia del individuo. Provocando de esta manera una tendencia a ir aumentando la dosis progresivamente para conseguir el mismo efecto. A su vez, esto también provoca que su retirada cause un cuadro de abstinencia. Sin embargo, esta visión ha evolucionado, varios científicos como Marc Potenza o Nikole Avena defienden que muchos aspectos de nuestra vida moderna, entre ellos el Internet, los videojuegos, los teléfonos móviles y las tecnologías, poseen también un potencial adictivo.

Muchos de nuestros comportamientos, incluso en aquellos donde no hay implicada ninguna sustancia externa, también pueden generar picos de dopamina en el cerebro, brindándonos una sensación de placer en nuestro organismo. Por ejemplo, presta atención al momento en el que recibimos un nuevo «like» o un comentario positivo en las redes sociales, ¿cómo te hace sentir? ¿qué pensamientos te surgen?

La adicción no es debida a la sustancia que hasta ahora había sido considerada «adictiva», sino por la sensación que obtenemos como consecuencia de nuestro comportamiento. (Smith, F. 2017)

El fácil acceso al contenido web y a diversas tecnologías reporta en el organismo, igual que otras adicciones, una recompensa que, en el caso de hacerse excesiva o de convertirse en algo habitual, puede crear adicción. (Jon Grant, psiquiatra y director de la Clínica de Trastornos Adictivos, Compulsivos e Impulsivos de la Universidad de Chicago).

El placer de tenerlo todo a un click

Muchas de las ventajas que ha supuesto la llamada popularmente «sociedad de la tecnología» son las facilidades para compartir y recibir información. Cualquier contenido se encuentra a nuestra disposición, a la espera de tan solo un «click» para su visualización. Esto puede parecer, a priori, una gran innovación, pues no tenemos que esperar para obtener aquello que deseamos ver o escuchar. Nuestra recompensa es instantánea, sin embargo, esta recompensa puede convertirse en un arma de doble filo ya que, debido la facilidad para obtenerla, puede verse reducida nuestra tolerancia a la frustración. Nos enfadamos por no recibir una respuesta inmediata de nuestro interlocutor, porque se cuelgue internet, o porque no descuelguen nuestra llamada telefónica.

Cuando no existían estos medios de comunicación, cualquier encuentro se producía tras una previa organización: “nos vemos en tu casa a las 5 ¿vamos al parque o al centro comercial?” Nuestras relaciones eran posibles tras un esfuerzo mutuo que propiciaba esta interacción. De forma parecida, ante un programa de televisión había un punto final, cuando terminaba el capítulo, irremediablemente había que esperar  un tiempo determinado para poder ver el siguiente. Las tecnologías e Internet nos proporcionan contenidos virtualmente infinitos, en el que somos nosotros lo que tenemos que decidir cuándo hemos tenido suficiente, cuándo es hora de parar. Lo más importante en este punto sería la pregunta, ¿qué es lo que me impide «desconectar»?

“La tecnología también ha inundado de música el mundo… Ahora el silencio es la rareza por la que pagamos y saboreamos” (David Byrne)

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La identidad virtual, ventajas y desventajas de crearte y creerte un avatar

¿Qué conseguimos en Internet que no podemos conseguir en nuestra vida real? A menudo podemos ver cómo pasamos varias horas frente al ordenador, el móvil o la Tablet, contestando mensajes o interaccionando en las redes sociales, ¿qué tiene esto de atractivo para privarnos de nuestra realidad «no virtual»? Al igual que cuando jugamos a un videojuego, adoptamos un rol distinto al de nuestra vida habitual, en Internet tenemos la oportunidad de desarrollar nuestro propio personaje virtual. Ese avatar lo desarrollamos través de, por ejemplo, un perfil de red social donde enseñar una versión digital mejorada de nosotros mismos. Fíjate en tu foto de perfil personal, en tus conversaciones online o en tu videojuego favorito, quizás te puedas preguntar ¿de qué forma lo utilizo para evadirme de mi auto-imagen y mi forma de relacionarme con los demás?

A menudo, la forma que tenemos de presentarnos y de interactuar dentro de las distintas plataformas digitales, revela un deseo profundo de escapar de nuestra realidad, ya que nos permiten crear una nueva identidad que supla las carencias de la personalidad que mostramos en sociedad. Entonces ¿quién queremos pero no podemos ser en nuestra vida real? Quizás esta respuesta se refleje en nuestro avatar, quizás sea precisamente nuestro personaje virtual.

Conclusión

Antes de volver al ordenador, la Tablet o el móvil, tómate un momento, respira, observa y pregúntate ¿para qué me sirve conectarme a Internet, al móvil, o encender mi videojuego favorito?

Fíjate justo en ese momento, quizás puedas plantearte, ¿lo estoy usando para evadirme? Si es el caso, ¿de qué te quieres escapar? Nuestra dificultad para establecer relaciones sanas con nuestro entorno es, a menudo, una de las razones de que usemos la tecnología para escapar. Llegados a este punto, podríamos plantearnos ¿estoy usando la tecnología para mejorar mi vida, o para evitarla?

Cuanto más peso le demos a vivir desde esta otra realidad, más nos perderemos de lo que nos sucede en la «vida real». Una puesta de sol, una reunión con los amigos, o simplemente pasear,… ¿te permites disfrutar de estos momentos? Las tecnologías nos han servido para evolucionar y estar más interconectados que nunca con los demás pero cuando, en lugar de experimentar el momento presente, lo vivimos desde una realidad virtual, nos perdemos todo aquello que pretendíamos mejorar. ¿Utilizas Internet para sustituir o para complementar tu experiencia personal?

La vida no es tecnología, ni una ciencia. La vida es arte, has de sentirla. Es como el caminar por una cuerda floja.” (Osho)

Bibliografía

Smith, F. (2017). El cerebro adicto. National geographic, 41(3), 2-27.

Pedrero, E.J., Rojo, G., & Puerta, C. (2008). Estilos de afrontamiento del estrés y adicción. Instituto de adicciones del ayuntamiento de Madrid. Revista Española de Drogodependencias 33 (4). pp. 256-270.

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Enric Corbera Institute
https://www.enriccorberainstitute.com/ Enric Corbera Institute es una organización educativa especializada en la gestión de las emociones, que se centra en el estudio, formación y divulgación del origen de los conflictos emocionales y su influencia en el bienestar personal. Para ello, cuenta con un método propio: la Bioneuroemoción®, que busca lograr el bienestar personal, a través de una comprensión profunda del origen de los conflictos emocionales. Estudia la relación entre cuerpo, mente y emociones, integrando disciplinas científicas, filosóficas y humanísticas.

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