Sullivan sentó las bases para entender al hombre con base en las relaciones interpersonales en las que se desenvuelve. En sus postulados, los elementos objeto de estudio que son, a su vez, objeto de tratamiento, son producidos por la cultura. Sullivan centra su atención en las relaciones objetales más que en el conflicto intrapsíquica.

La teoría de las relaciones objetales de Sullivan

El concepto psicoanalítico del yo en Freud es posiblemente el intento más antiguo de ofrecer una teoría de la personalidad en la que el yo desempeñe un papel significativo.



Para Freud, el yo representa todo aquello que es sano y racional en la vida mental, posee una función ejecutiva que intenta encajar las necesidades del ello con las exigencias del superyó, con el fin de posibilitar una gratificación de los instintos que represente un curso de acción seguro para el funcionamiento personal.

De cualquier modo, aunque se refiere a un aspecto central de la personalidad, su entidad y dinámica no fueron expuestos con claridad y coherencia por el mismo Freud.

Relaciones objetales y el sí mismo

Otros autores como Horney y Sullivan estudiaron más el desarrollo del sí mismo. Karen Horney refundió las ideas psicoanalíticas del yo y le confirió un sentido de autoconciencia que no tenía para Freud.

Esta autoconciencia se extiende hacia el pasado y hacia el futuro: el yo se desarrolla en la infancia mediante las interacciones sociales del niño con los adultos y, en especial, con sus padres.

Aquellos que se sienten valorados y queridos por sus padres desarrollan un concepto del yo positivo y se valoran bien a sí mismos. Este concepto del yo es un motor y una guía de la acción en la medida en que el sujeto tiende a establecer relaciones y llevar a cabo tareas que sean consistentes con las capacidades y preferencias de su concepto del yo.

La ansiedad aparece cuando se tiene un concepto del yo que no es coherente con la realidad personal o que es muy pobre. En estos casos, el sujeto transforma el autoconcepto negativo en una imagen idealizada, falsa e irreal, que se expresa con estándares muy altos y desajustados con respecto a su propia realidad.

Para Sullivan, el sí mismo tenía una base social e interpersonal que provenía de las primeras relaciones madre-hijo. El sí mismo se desarrolla por el contacto con los demás y por las valoraciones del niño sobre cómo es valorado por los demás.

Partes importantes del sí mismo serían

  • El yo bueno (asociado con experiencias agradables)
  • El yo malo (asociado con dolor y amenazas a la seguridad)
  • Y el no yo (partes del sí mismo rechazadas porque se asocian con una ansiedad intolerable)

Por último, durante los últimos años, algunos psicoanalistas se han interesado por la relación entre el sí mismo y la autoestima. Estos autores configuran la llamada teoría de las relaciones objetales.

A diferencia del psicoanálisis clásico, los defensores de esta teoría consideran que el interés de la persona se centra en buscar la relación con los demás más que en gratificar los instintos.

Axiomas fundamentales de la teoría de las relaciones objetales de Sullivan

  1. Las representaciones del sí mismo son múltiples y multidimensionales. Es decir, existen varios sí mismos basados en una diversidad de elementos, que pueden estar integrados en un sentido coherente del sí mismo o ser parciales y estar en conflicto entre ellos
  2. Las representaciones del sí mismo están cargadas de emotividad. De hecho, se organizan según su asociación con diversas emociones, como alegría, tristeza, excitación sexual, vergüenza, etc
  3. Las representaciones del sí mismo se relacionan con los elementos motivacionales de la personalidad, intentando buscar el placer y evitar el dolor
  4. Las representaciones del sí mismo pueden ser conscientes o inconscientes. Estas últimas lo serían por haberse formado antes del desarrollo del lenguaje o de ciertas habilidades cognitivas o bien por haber sido reprimidas con propósitos defensivos
  5. El individuo desarrolla representaciones del sí mismo, de los demás y de su sí mismo en relación con los demás. El individuo organiza estas representaciones dentro de su sistema del sí mismo, intentando que todos los elementos estén cohesionados, integrados y en coherencia

Referencias

  • Navarro, I. V. (2013). Las semillas de Harry Stack Sullivan en la psiquiatría y la psicoterapia contemporáneas. Clínica e Investigación Relacional Vol. 2, 407-423.
  • Ramírez, N. (2010). Las relaciones objetales y el desarrollo del psiquismo: una concepción psicoanalítica. Revista de investigación en psicología13(2), 221-230.
  • Sullivan, H. S. (1931). El tratamiento psicoanalítico modificado de la esquizofrenia. La esquizofrenia como un proceso humano. México: Herrero Hermanos2.
  • Sullivan, H. S., & Perry, H. S. (1968). La Fusion de la Psiquiatria y de las Ciencias Sociales. Editorial Psique.




Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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