padre hija

“Caricias, expresiones de una clase u otra, son necesarios para la vida de los afectos como las hojas son necesarias en la vida de un árbol.” Nathaniel Hawthorne.


La infancia no solamente es una etapa caracterizada por matices rosas. Los niños también presentan ciertos malestares que son transmitidos generalmente por su entorno familiar, síntomas que se pueden transformar en enfermedades al no ser abordados desde el yo del niño, y desde un diálogo continuo que le permita comprender quién es.

Tipos de terapia según George Devereux

Frente a ese panorama, el precursor del etnopsicoanálisis George Devereux a partir de los aportes definidos de la psicología y de la antropología, cimienta las bases teóricas y define el método de análisis complementario y al mismo tiempo reconoció los siguientes tipos de terapia:


  1. Intracultural: El terapeuta y el paciente están sumergidos en la misma cultura. Sin embargo, el terapeuta tendrá en cuenta las dimensiones socio-culturales de las problemáticas del paciente y el desarrollo de la terapia.
  2. Intercultural: El terapeuta y el paciente no están sumergidos en la misma cultura, pero el terapeuta conoce la cultura de su paciente y la usa como instrumento terapéutico.
  3. Metacultural: El terapeuta y el paciente están sumergidos en dos culturas diferentes. El terapeuta no conoce la cultura de su paciente, pero comprende la noción de cultura y la usa para establecer el diagnóstico y el tratamiento de su paciente.

La Psicología Transcultural, fundamentos básicos

Asimismo, Devereux es el pionero en la conceptualización de medios culturales para fines terapéuticos. Para él la psicología transcultural se fundamenta en dos ejes: El primero es el principio de la universalidad psíquica que define al ser humano, a su funcionamiento psíquico y será el mismo para todos, lo que permite establecer la necesidad de dar un mismo reglamento ético y científico a todos los seres humanos, incluyendo sus producciones mentales y culturales, sus formas de vivir y pensar, aunque en diferentes ocasiones sean desbarajustadas. Cabe resaltar que anunciar este principio puede convertirse en redundante para los resultados implícitos de algunas investigaciones “científicas” que recuerdan que este principio no siempre se respeta.

A lo que Devereux sugerirá que exista una universalidad desde el funcionamiento y los procesos, una universalidad pragmática y estructural. Teniendo en cuenta que si todo hombre tiende a lo universal, sólo podrá hacerlo desde lo particular de su cultura. El segundo es el principio metodológico llamado complementarismo consiste en no excluir ningún método o teoría sino en combinarlas; según este principio no se deben integrar a la fuerza en el campo del psicoanálisis o en el de la antropología de forma exclusiva algunos fenómenos humanos, ya que por su especificidad requieren de un doble discurso.

Al llegar aquí es importante establecer algunos de los procesos culturales activos en psicoterapia transcultural dirigida a padres y niños que podrán servir como una alternativa metodológica en la relación infante-maestro. Cabe resaltar que el estudio de las terapias de padres e hijos en situación migración evidencia que  se pueden definir parámetros culturales funcionales, es decir procesos que generen un discurso alrededor del niño. Estas representaciones son soportes dados por insight Moro en el año de 1994  estás son:

Matriz Ontológica: su naturaleza

Es aquella que designa la representación que hacen los padres del niño, de su naturaleza o, como diría Devereux, la naturaleza del infante tal y como la imaginan, la fantasean, los adultos y padres. Fabricando la naturaleza de su identidad, de su origen, de las modalidades de su desarrollo de sus necesidades y lazos familiares. Este tipo de representaciones determinará como serán las relaciones sociales y culturales del niño.

Matriz etiológica: dar un sentido al desorden

Se caracteriza por dar un sentido culturalmente aceptable a las relaciones de padres e hijos. Sin olvidar que las teorías etiológicas están contenidas dentro de un sistema estructurado que permite determinar las casualidades y sentidos culturalmente representables.

Matriz del hacer: pensar y actuar

Se instaura a partir de las anteriores matrices como un acto terapéutico por alguien culturalmente habilitado a dar sentido como; un maestro, curandero, comadrona, cura, etc. Estas acciones terapéuticas están internamente relacionadas con el aire cultural y algunas veces con la religión. Se trata de rituales, bailes, ofrendas, etc. El sistema de representación del niño se funda en un conjunto de representaciones colectivas que aseguran la coherencia del grupo. Al respecto conviene decir que la intersubjetividad y el vínculo madre e hijo se nutren de estos actos terapéuticos citados anteriormente. Y  la estructuración que hace el niño subjetivamente pertenece a una red de lazos reales, afectivos y fantasmáticos que une a sus padres, hermanos, abuelos y personajes significativos de su historia presente y de aquella en la que se inscribió en el pasado.

De lo anterior se puede afirmar que las representaciones culturales son esenciales para estructurar las interacciones de padres e hijos. La mayoría de estas interacciones se hacen desde las representaciones occidentales de antropólogos, historiadores y psicólogos que solamente han logrado llegar un nivel descriptivo en el que se ignoran elementos claves que podrían ayudar a comprender y actuar con firmeza frente a los síntomas que aquejan al niño. Por otro lado, aquellas representaciones que requieren ser estudiadas y visibilizadas en una sociedad como la colombiana, que existen grupos minoritarios, excluidos o marginalizados que comparten otros códigos, otras representaciones, otros significados; debería hacerse una co- construcción de  la representación del pequeño. Sin este inicio toda labor en función de los niños es imposible pues si no hay esta apuesta en común entre profesionales y padres, hablando del mismo niño no sabrán cuál es su necesidad y el motivo de su malestar.

Así pues, el contexto cultural estructura la interacción del niño inicialmente con su madre, con sus padres y luego con el mundo, sin la existencia de este contexto no puede existir interacción y en consecuencia humanización. Lo que quiere decir que la mayoría de  malestares que padecen los niños son el resultado de no comprender las necesidades que atraviesan entre las que se cuentan: su origen, sus gustos, sus preguntas, sus temores, sus sueños, etc. La clave seguirá siendo el mismo de ponerse en el lugar del niño, de lo contrario el mundo permanecerá cantando el himno de niños con malestares que terminan convirtiéndose en enfermedades.

Referencias

Bothert,  K.  (2005). Desarrollo Psicoafectivo del Niño en las Fronteras de las Diferencias Culturales. Fahima, la niña Elegida. Editorial: Cuadernos Cátedra UNESCO en desarrollo del Niño. Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Facultad de Ciencias y Educación.

La Psicología Transcultural de George Devereux
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Yessika María Rengifo Castillo
Magister en Infancia y Cultura, y Especialista en Infancia, Cultura, y Desarrollo, Universidad Distrital Francisco José de Caldas; Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Escritora, articulista, y poeta. En la actualidad, investigadora académica del Centro Comunitario Pensémonos. Correo electrónico: [email protected]

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