Psicología Humanista
Psicología Humanista

Origen y bases de la Psicología Humanista

La Psicología Humanista es un movimiento que aparece en los años 60 del siglo XX en respuesta a los modelos terapéuticos de entonces: el conductista por su rigidez y el psicoanálisis por su énfasis en la patología de tipo más bien pesimista. Esta “tercera fuerza” reúne las aportaciones valiosas de las otras dos e introduce en la práctica terapéutica conceptos como el crecimiento, la creatividad, el amor, la afectividad o la autorrealización.

Es un movimiento bastante heterogéneo y abierto, por lo que hay varias escuelas terapéuticas englobadas en la corriente humanista, pero que sin embargo comparten algunos principios básicos comunes, procedentes de las ideas filosóficas y psicológicas de figuras como Abraham Maslow, Carl Rogers, Erich Fromm, Eric Berne y muchos otros. Estos principios serían:

  • El valor de la experiencia percibida, en sus diferentes planos: cognitivo, emocional, somático y conductual. Es decir, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que percibimos y lo que hacemos. Todos están interrelacionados, tienen la misma importancia y se influyen mutuamente, por lo que no tiene sentido aislarlos.
  • El hombre es un todo global, más allá de la simple suma de sus partes, en que mente y cuerpo interactúan de manera conjunta y relacionada.
  • Dejar de pensar en términos de paciente-enfermo. Los problemas psicológicos son dificultades para actualizar o realizar nuestro potencial de crecimiento.
  • Centrarse en el estudio de la persona sana, más que en mecanismos clásicos como neurosis o psicosis. El hombre tiende a buscar un estado mental sano de equilibrio, plenitud y realización personal. Así pues “la psicología humanista es aquella psicología centrada en la persona, sujeto de la misma, que atiende a sus necesidades y que tiene en consideración, para la explicación psicológica y para la mejora personal, el ambiente y la cultura de cada una, así como las relaciones establecidas entre la persona, su ambiente y su cultura”. (Antoni Ramis Caldentey, 1992).

Necesidades básicas humanas y autorrealización personal (Maslow)

Maslow denuncia la actitud, común en la psicología clínica, consistente en centrarse en el estudio de lo anormal y en el estudio de las patologías, fijándose en los aspectos negativos y desintegradores de la personalidad, aunque sea con la intención de “curar” o corregir la patología o el desorden. Maslow cree que la psicología (ciencia de la persona) debe centrarse en el estudio de personas sanas y emocionalmente sin problemas ya que, para él, la persona es naturalmente buena y tiende a su autorrealización personal (“El hombre autorrealizado“).

La persona para llegar a su autorrealización personal debe superar una escala de necesidades básicas propias:

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Evidentemente las primeras necesidades que debe cubrir la persona son las de supervivencia vital o fisiológicas, básicamente alimentación y bebida, sin las cuales no podría vivir. Una vez cubiertas estas primeras, precisa tener una seguridad, seguridad que le puede proporcionar un techo: el hogar, la familia, y la normativa social de protección. En tercer lugar toda persona tiene la necesidad de sentirse miembro de un grupo, aceptado y apreciado por los componentes del mismo. Cubiertas las tres primeras necesidades, la persona tiene la necesidad de ser valorada positivamente como persona y como profesional en su trabajo.

El siguiente escalón es el de la autorrealización personal: Todos decidimos nuestro proyecto de vida: conseguir una carrera determinada, que nos permita un trabajo, que nos de satisfacción en su desempeño y remuneración suficiente para alcanzar la autonomía económica personal; igualmente decidimos si formar una familia con o sin hijos/as,… La consecución de este proyecto personal constituye nuestra autorrealización personal.

Sin embargo, esta no es la última necesidad básica: quien ha conseguido el conjunto de todas las necesidades previas, autorrealización incluida, tiene la necesidad de conocer, de saber y finalmente tiene las necesidades estéticas: no basta su autorrealización y su saber, precisa ser reconocido y saber actuar de una forma estimada, hermosa, bien vista. El cuidado del conjunto de sus necesidades básicas, de todas, debe ser atendido permanentemente, a lo largo de toda la vida.

Solo en caso de que sus circunstancias ambientales externas (la sociedad forma parte de su entorno personal y presiona en muchos casos en dirección contraria) o su propia voluntad impidan la satisfacción de alguna de estas necesidades básicas la persona no podrá autorrealizarse y se producirán la frustración correspondiente y la reacciones autoagresivas  o heteroagresivas , que supondrán la situación de desequilibrio, o falta de “bondad” y satisfacción personal, la falta de su estado de felicidad y equilibrio. De esto, consciente o subconscientemente, se culpabilizará a sí mismo o a parte de su entorno.

Maslow se posiciona en contra de la psicología pasiva, estática de adaptación al medio, que no permite ningún cambio positivo en uno mismo por una psicología activa de creación y autocreación que hace que la persona crezca, mejore y autor realiza. Maslow asocia a este tipo de persona activa, en función de su propia autorrealización y crecimiento cognitivo y estético con la realidad de la “persona sana”. La persona que autorrealiza no tiende a su autodestrucción (a su enfermedad), sino que tiende a su crecimiento personal y capacitación creativa.

Según Maslow, las tendencias antisociales son adquiridas y nunca inherentes a la propia persona. La conducta humana agresiva surge, además de por la imitación de modelos (Bandura), cuando se le impide la satisfacción de las tendencias o necesidades básicas humanas, cuando se frustra.

La tendencia central, aunque, como hemos visto, no la superior, que tiende a la persona, y por la consecución de la cual se esfuerza es su autorrealización personal, que le permitirá su expresividad creadora.

Esta expresividad creadora se pone de manifiesto en lo que Maslow denomina “experiencias cumbre“, que son momentos muy especiales que cada uno de nosotros, gracias a su crecimiento personal, experimenta sensaciones muy positivas a través de vías de cualquiera de los escalones de su escala: estéticas, de conocimiento, eróticas, de amistad,… o simplemente de las actividades propias de nuestra vida cotidiana.

La situación actual de la Psicología Humanista

La enorme cantidad de técnicas desarrolladas durante estos últimos años, orientadas a la autoexpresión, la autorrealización y la autogratificación han producido una imagen popular en la que se identifican o se confunden Psicología Humanista y el Movimiento del Potencial Humano. Esta situación plantea un verdadero dilema, relativo a la delimitación actual de la Psicología Humanista: Sigue siendo un problema psicológico o se ha disuelto en la práctica en un movimiento sociocultural? No es tan sencillo responder a esta pregunta…

Dentro de la Psicología Humanista, sin embargo, hay actualmente multitud de técnicas, particularmente de psicoterapia o de “crecimiento personal” de las más diversas procedencias, el denominador común de las cuales es difícil de identificar. Por ello resulta menos que inútil cualquier intento de trazar una panorámica de su estatus actual.

Podemos concluir, como Moustakas (1985) que “humanista” no significa ya el mismo entonces que en la actualidad, sino que continúa más bien entendiéndose de acuerdo a las concepciones y valores propios de cada uno, relativos a la libertad, la ciencia, la fe, la naturaleza y la experiencia humanas.

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La Psicología Humanista: qué es y en qué consiste
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