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La mente tiene la capacidad de liberarse de parte del self y colocar esto en otro objeto”. Margaret Mahler

¿En qué consiste la Proyección en el Psicoanálisis?

Se denomina proyección cuando el individuo atribuye sus deseos, sentimientos, pulsiones, instintos, motivos, necesidades y cualidades que reprime a otras personas o agentes externos; esto, debido a la angustia que le produce la presión y conflicto constante entre: el Superyo, el Ello y el Yo, las tres estructuras básicas de la personalidad.

De esta manera, protege al yo de características personales no deseables, prohibidas o desagradables para su contexto sociocultural. Es otro tipo de mecanismo de defensa contra la angustia neurótica y moral. El objetivo de esta transmutación es convertir: una amenaza interna del ello o del superyó, en un peligro exterior, pues al yo le parece más sencillo manejarlo de esa manera. “Tú me caes mal” se podría convertir en: “Yo te caigo mal”. De esta manera, transforma su angustia neurótica o moral en una angustia objetiva.  Brindando así al sujeto la oportunidad de expresar lo que verdaderamente siente.

Es importante criar a los niños siendo responsables de sus propios actos, para que puedan ser adultos más propositivos y agentes de cambio, tanto dentro de sí mismos, como dentro de la sociedad. Este mecanismo de defensa es muy común, porque a temprana edad no se le enseñó al infante a buscar los motivos y causas de su comportamiento, sino que lo buscaban en agentes externos para “restarle cargas”; de esta manera aprende el niño que puede evitar las consecuencias de sus actos, así como las amonestaciones o reproches, tanto de los demás como los propios, elaborando argumentos o justificaciones plausibles y poniendo la causa en otros, para actos que no “debería cometer”.

¿Por qué proyectamos?

Se dice que una persona trata de aliviar cierto “malestar”, proyectando o atribuyendo su causa al mundo exterior. Una persona que piensa que se le persigue, por ejemplo, puede justificarse con esta creencia para agredir a quien supuestamente le está amenazando, y así satisfacer sus deseos destructivos y hostiles.

Obtiene cierto placer en sentirse culpable, pues así puede creer que su ataque tiene justificación, pues “está protegiéndose de las agresiones de otros”, lo cual puede realizarse de la mano con la racionalización, para elaborar justificaciones con evasivas, pretextos y otras argucias para evadir responsabilidad en sus acciones y culpar así a otras personas, por algo que condena el superyó, liberando así cierta tensión.

Algunas personas que son caritativas en extremo; a veces no actúan motivados por la bondad, en muchas ocasiones resulta ser producto de una conciencia moral que se siente culpable o simplemente por el deseo de ser reconocido socialmente por su compasión hacia los demás. La persona que proyecta o racionaliza no suele ser consciente de este proceso, pues de otra manera no fungiría como emancipador de angustia. Sólo cuando una proyección no defensiva entra en juego puede generarse la comprensión  con otros, como parte del proceso empático.

Cuando el superyó de la persona está débilmente integrado, se encuentra más dispuesto a imputar su culpa a otros agentes externos; adquiriendo así la persona el carácter de víctima; lo cual puede imposibilitar o menguar al individuo para que haga los cambios pertinentes en su propia persona y modifique su realidad, pues según su punto de vista: lo que le ocurre no es su culpa”, disminuyendo así su propio poder para cambiar.

En la proyección de carácter defensivo, el individuo comparte sus pensamientos y su sentir con los demás. Generalizándolo con el de los demás: si la persona es deshonesta o corrupta, puede justificarse diciendo que así son todos los demás también; si tiene la creencia de que “casi toda la gente suele tener aventuras amorosas y sexuales prohibidas”, puede ser que utilice ese argumento para ceder a sus pulsiones e instintos. Una persona temerosa de sus propios impulsos de agresividad y sexualidad, recibe cierto alivio en su angustia al atribuir esa hostilidad y sexualidad en otro.

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La Proyección delirante

“Cuando el objetivo es esquivarse a uno mismo, intentando reducir el proceso de autoconocimiento, el proceso patológico está ineludiblemente presente.”  Erwin Singer

Existen mecanismos de defensa que implican una escisión de la realidad, como la proyección delirante, donde se atribuyen en forma delirante rasgos personales, sentimientos indeseables a alguien más. Esto sucede igualmente como respuesta ante la angustia, el conflicto o el estrés que le implican sus sentimientos, pensamientos o hasta comportamientos que resultan singulares y extraños para muchos, protegiendo al yo de reconocer características personales que no le son gratas.

¿Qué proyectas de ti a los demás?

Dicen que “la belleza está en quien la ve”, pero también los instintos y las pulsiones más oscuras que vislumbramos y condenamos a veces tan duramente en los demás, pueden ser una sombra o proyección de nosotros mismos. Nuestros semejantes pueden servirnos como espejo, ¿cómo te ves a tí mismo y cómo te ven los demás? En ocasiones, lo que más se aborrece y no se tolera en los demás, es precisamente porque son características tan indeseables o prohibidas para el individuo, que no puede percatarse de que comparte muchos rasgos con esa persona.

Recuerda que cuando señalas duramente a los demás con el dedo, tres dedos tuyos señalan hacia ti, haciéndote la triple señal de que antes de juzgar a los demás, quizás sea mejor tratar de voltear hacia ti mismo. Hacer conscientes las proyecciones y ser responsables de nuestra persona, actos y consecuencias.

La persona que le teme a su propia conciencia y se siente alterado, puede encontrar consuelo en la idea de que otras personas son las que lo están perturbando. Es aconsejable aprender a enfrentarse con los temores de manera objetiva. Los psicólogos pueden brindar acompañamiento y apoyo terapéutico en ese proceso de autoconocimiento, y que el paciente traslade al consciente muchos aspectos de este tipo, el sujeto puede cambiar su postura de víctima, mártir o incluso victimario, y comenzar a verse a sí mismo como responsable de sus propios motivos y consecuencias… ¡Declararse dueño de su propia energía, su persona y sus actos! Lo cual es signo de madurez y crecimiento como ser humano.

Una persona tiene por lo general más oportunidades de aprender a enfrentarse con sus temores objetivos, que de adquirir habilidad para dominar la angustia neurótica y moral”. Calvin S. Hall

Conclusión

La proyección es una de las defensas del yo más arcaicas o primitivas y de las más comunes; si el observador no se percata de sus propias emociones, pulsiones o impulsos se los atribuye a otras personas o agentes ajenos a él. Así permanece inconsciente de dichas manifestaciones, restando responsabilidad para sí mismo, para sus actos y sus repercusiones; pero también debilitando el poder de transformarse a sí mismo, pues se puede visualizar como víctima de las circunstancias o las personas; ya que el rasgo principal de este mecanismo, es que se cambia el sujeto del sentimiento, que es la misma persona.

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Referencias bibliográficas

  • Freud, Sigmund (1981). Obras completas. Tomo II. 4a. Edición. España: Editorial Biblioteca Nueva.
  • Bleichmar, N. M.; Lieberman, C. y Cols. (1989). El Psicoanálisis después de Freud. México: Eleia Editores.
  • Hall, Calvin, S (1990). Compendio de psicología freudiana. México: Paidós.
La Proyección como defensa del Yo
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