El cariño nace del contacto y diversas investigaciones científicas comprueban como los bebés de incubadora se recuperan muy pronto cuando, además de la atención médica, las madres tocan, acarician y les hablan a sus hijos (Barrera, 2008).

En su relación con las emociones, la piel del rostro enrojece cuando sentimos vergüenza, se torna pálida ante una situación de miedo y brilla cuando estamos contentos o enamorados. Con respecto a la salud física de la persona, la piel presenta un color amarillo cuando enfermamos del hígado y si estamos deprimidos muestra un tono grisáceo.

Los estímulos que se conocen como estresores (Schwarzer y Koo Chon, 1998) ponen en funcionamiento la mente y el cuerpo de las personas y generan reacciones distintas en cada ser humano. Somos como una pila y funcionamos a través de estímulos físicos, químicos y eléctricos. Esta condición activa una serie de sistemas (nervioso, endócrino e inmune) y da como resultado una serie da cambios en el organismo tanto internos como externos.

La piel capta, procesa y transmite una gran cantidad de estímulos que nos afectan. Es un órgano de aproximadamente dos metros cuadrados y medio de extensión y pesa cerca de cinco kilogramos (Flint, 2009), con una gran cantidad de terminaciones nerviosas, que permiten captar: presión, aspereza, dolor, calor, frío, rugosidad, tersura. En una persona adulta y reacciona con mucha intensidad ante los estímulos externos (un accidente, un asalto, una noticia desagradable, un desastre natural) e internos (cuando sentimos; alegría, placer, amor, odio, sorpresa, temor, ira y todas las emociones) o incluso cuando enfermamos.

Lo que hoy se conoce con el nombre de psicodermatología, reúne a una serie de especialistas donde los: psiquiatras, psicólogos y dermatólogos, trabajan de manera conjunta y coordinada en el equilibrio y bienestar de la piel de sus pacientes.

Aunque el tema es muy complejo y aún se desconocen muchas aspectos de la psicodermatología. Se han encontrado asociaciones con respecto a diversas afecciones de la piel y su relación con la personalidad, las emociones y la salud física y mental de quienes las padecen. La conexión que guarda la piel con el cerebro justifica su existencia (Santibáñez, 2010).

La urticaria que consiste en la presencia de áreas rojas e inflamadas y en ocasiones con pus (Cepvi, 2009), produce una comezón intensa y es una reacción a nivel psicológico ante la fantasía de ser agredido. Las personas que presentan estos síntomas generalmente son: pasivos, miedosos, inseguros, muy sensibles y tienen a sentirse heridos en las relaciones sociales.

Quienes presentan dermatitis atópica o salpullido, se relaciona con la presencia de diversos trastornos: de ansiedad generalizada, obsesivos compulsivos, de estrés postraumático o de ataques de pánico o con la presencia diferentes tipos de fobias. Detrás de este padecimiento se encuentran personas con un estricto control hacia sus impulsos agresivos, los cuales son dirigidos hacia su propia piel y constantemente se encuentran liberando adrenalina.

La pérdida de cabello o alopecía areata, se encuentra asociada con una pérdida (Santibáñez, 2010) o duelo (separación, divorcio, pérdida de alguna parte del cuerpo, pérdida de trabajo, jubilación, menopausia, desempleo) y en su parte psicológica generalmente presentan rasgos de tristeza profunda que puede llegar a un estado de depresión mayor.

El prurito psicógeno o picazón, asociado con alteraciones emocionales o un manejo inadecuado de las tendencias agresivas, con ansiedad, actos de limpieza obsesiva o miedo a enfermar, es causado por estrés, en su presencia de fuertes dosis pero también por dosis atenuadas constantes y crónicas. Los factores psicológicos implicados en los episodios de estrés se relacionan con un complejo mecanismo sistema psico-neuro-endocrino- inmuno-cutáneo. El sistema nervioso se vincula con la mayor parte de los padecimientos dermatológicos, particularmente en aquellos de curso inflamatorio o inmunológico (Polleti & Muñon, 2007).

La mayor parte de nosotros tiende a creer que la sombra es invisible y que se oculta en los rincones de nuestra mente. Sin embargo, quienes trabajan de manera regular con el cuerpo humano y han aprendido su lenguaje son capaces de discernir en él la silueta oscura de la sombra. La sombra se halla esculpida en nuestros músculos, en nuestros tejidos, en nuestra sangre y en nuestros huesos. En nuestro cuerpo, en fin, se halla grabada toda nuestra biografía personal (Jung, 1992).

Los tratamientos incluyen psicoterapia, campo electromagnético pulsante de baja frecuencia, ansiolíticos, antidepresivos, cremas, pomadas o medicamentos bajo la supervisión de cada uno de los especialistas correspondientes. No lo olvides, la piel refleja nuestra memoria celular y toda nuestra vida física y emocional.

PSIC. Juan Antonio Barrera Méndez

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