“La verdadera belleza se encuentra en nuestro interior y la mostramos con nuestra actitud, independientemente de que nuestra talla sea una 38 o una 58″.

Verdaderamente la sociedad actual vende cada vez más el producto de la mujer u hombre perfectos para asegurarse un sitio en ella. Nos bombardean con imágenes de cuerpos perfectos que se extenúan al máximo en las salas de musculación de los gimnasios, algunos de los cuales parecen tener un criterio de inclusión para las nuevas abonadas -tener una buena base para que el resultado sea un cuerpo perfecto-. Si no es así no se admiten y claro, el colectivo “normales” es de los más repletos con lo cual la frustración todavía es mayor.

El atractivo parece inalcanzable

Dietas estrepitosas, deporte al máximo para total, seguir frustradas pesando lo mismo y sin parecerse para nada a ninguna de las top-model que aparecen a diario en las vallas publicitarias o televisión.

La anorexia y la bulimia son trastornos que están en alza pero a pesar de algunos intentos a nivel sociedad de consumo de frenarlos se sigue con el estereotipo de mujer 10. Ahora los intentos publicitarios son más sutiles pero siguen dando el mismo mensaje: Gorda no te queremos, ¡Adelgaza!

Hoy visité una farmacia y en su entrada tenía un anuncio en el que se veía un “culo 10″ y el slogan decía: “¿Cómo crees que lo ha conseguido …?”. El producto son unas píldoras contra la tan odiada y tan habitual celulitis en la mujer. El resultado un trasero jamás visto en nuestras playas y el efecto esperado es la adquisición de esas píldoras. Y nuevamente el estereotipo de mujer delgada, estilizada y libre de grasas.

Pero tranquilos tampoco se han olvidado de los hombres. El reclamo masculino es de vientre duro con los abdominales marcados y unos buenos bíceps. Un actor explicó en un programa de televisión que tuvo que prepararse para un papel en el cine haciendo 300 abdominales diarios durante 3 meses. En total se pasaba 4 horas diarias en un gimnasio junto con el seguimiento de una dieta destinada a la producción de fibra y liberación de grasas. Contaba que tanta restricción fue lo peor del rodaje, “… por suerte la película se ha rodado ya y puedo seguir mi vida normal”. Por desgracia, para ser actor o actriz de éxito, se repiten demasiadas veces este patrón de exigencia de cuerpo y medidas perfectas.

En la etapa juvenil el bombardeo es para ambos sexos, pero en la pre-madurez o madurez, el hombre con canas y un poco de barriguita resulta atractivo mientras la mujer tiene que continuar esforzándose por mantener el tipo y arreglando de inmediato todo “cuelgue” que se le presente.

Por desgracia somos muchas las que nos encontramos en la situación de obsesionarnos con la báscula, con la maldita celulitis o con unos pechos perfectos. La recompensa por el esfuerzo es el autoengaño, pero tanto si queremos como si no, todo cuerpo envejece.

Sea como fuere, tenemos que intentar sentirnos a gusto con nuestro cuerpo, hacer deporte porque ello mejorará nuestra salud, alimentarnos con una adecuada nutrición en la que combinemos los diferentes tipos de alimentos: fibras, carbohidratos, proteínas; evitando el consumo de grasa perjudicial o colesterol malo. Pero todo ello por nosotros mismos, no para responder a las exigencias de una sociedad llena de estereotipos atractivos. Yo practico yoga dos veces por semana, y salgo a caminar siempre que puedo, me gusta el deporte y me gusta sentirme a gusto con mi cuerpo pero me alimento con aquello que me apetece porque no hago una obsesión del cuerpo. Creo en la salud corporal para acompañar una buena salud mental y por ello me preocupo en cuidar mi “envoltorio”.

Luchad por sentiros atractivos y atractivas con vuestro cuerpo, a pesar de que vuestra talla no sea una 38 o 40.

El atractivo está en cada uno de nosotros, en nuestra individualidad.

Es bueno mantenernos activos, porque en ello hay una gran fuente de salud, pero no nos obsesionemos. Debemos hacerlo sólo buscando el disfrute, no la tortura.

Amaos y cuidaos, esa es la mejor medicina para un adecuado equilibrio mente y cuerpo.

Ana Hernández Quesada

La obsesión por nuestro cuerpo
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