Cuando alguien padece depresión, las frases que más solemos escuchar son: «no estés triste», «anímate, eso no es nada», «no tienes motivos para estar mal»… Todas ellas, son frases de ánimo desde la buena voluntad, pero su efecto es nulo. En este artículo se pretende abordar una comprensión más profunda de la depresión, ya no a nivel tanto teórico sino a nivel vivencial. De esta forma, se pretende mostrar que la depresión no solo es estar triste. La mal comprendida depresión, forma parte de una sociedad cada vez más exigente, por lo que una comprensión de su efecto sobre las personas, es fundamental para intentar empatizar con aquellos que la sufren.

La mal comprendida depresión: «no estés triste»

Estar deprimido no siempre es una elección. La elección es no querer luchar y estancarse en este estado de profunda tristeza y desesperanza. Sin embargo, aunque muchos piensen que la depresión sólo es estar triste, conlleva algo mucho más profundo. El concepto «profundo» define a la perfección muchos de los estados emocionales que se atraviesan en los estados depresivos. La tristeza es profunda, la desesperación es profunda… Aquellos que padecen depresión aseguran estar en lo más profundo de un pozo oscuro.


Existe una gran incomprensión en torno a este trastorno. Quien lo padece, posiblemente no ha sido consciente del descenso emocional gradual que ha ido gestándose en su interior, hasta que un día se percata que no tiene ánimo para hacer nada. Le cuesta levantarse, le supone un gran esfuerzo trabajar, caminar, realizar las labores del hogar. Comienza a notar una gran falta de apetencia por aquello que antes le gustaba. La anhedonia se apodera de nosotros y comenzamos a no disfrutar de lo que nos gustaba, como puede ser el deporte, ir al cine, pasear con los amigos.

En el fondo del pozo

La mal comprendida depresión se confunde con un estado de tristeza que podemos controlar en cualquier momento. Existe una creencia que con dos o tres cervezas y una buena fiesta todo acaba. Sin embargo, la depresión es mucho más poderosa. Arraiga en nuestro interior, en nuestro corazón y en nuestra alma y nos succiona la vitalidad lentamente. Comenzamos a divisar el futuro con pesimismo. Descuidamos nuestra imagen, «¿para qué cuidarse?». Vagamos por la casa sin rumbo fijo. Nos tumbamos en el sofá, después en la cama y de nuevo en el sofá.

Todo ello, puede ser acompañado por ataques de ansiedad. Estados de desesperación profunda que somos incapaces de controlar. Agitación de la respiración, opresión en el pecho, sudores, llanto… Todo ello nos supera y nos vemos sometidos a un estado emocional del que somos incapaces de levantar cabeza. Una enorme piedra atada a nuestros pies nos impide alcanzar la superficie del mar y respirar con tranquilidad.

Nuestra mente: nuestra aliada y peor enemiga

A pesar de todos los esfuerzos que hacemos cuando estamos deprimidos, parece que nada sirve. Nuestra mente se convierte en nuestra peor enemiga. Nos bombardea con mensajes llenos de pesimismo y desesperación: «nunca saldrás de esta», «no merece la pena seguir viviendo», «¿para qué quieres luchar? no sirve de nada»… Lo curioso de todos estos mensajes, es que nos lo llegamos a crees. Descubrimos que nuestra propia mente es la que nos envenena con mensajes tan debilitantes y catastróficos que nos los creemos de tal forma que dejamos de luchar.

Este es uno de los puntos fundamentales que explicaría el hecho de que aquellos con depresión sean inmunes a mensajes como: «anímate». Sería como decir a alguien con fiebre: «deja ya de tener fiebre». Todo requiere un proceso. En algunas personas este proceso puede durar semanas, en otras meses y en otras más tiempo. La mente del depresivo se ha convertido en una radio que emite mensajes de forma automática y a cuál de ellos más negativo.

Es por ello, tan importante comenzar a trabajar lo antes posible con un profesional. La mal comprendida depresión necesitará de una intervención profunda para volver a convertir a la mente en nuestra mejor aliada. De la misma forma que nuestros pensamientos se han vuelto negativos, se pueden volver positivos. En este punto, es importante saber que el cambio no resulta instantáneo. Debemos dedicar tiempo a trabajar. Aunque no notemos resultados evidentes los primeros días, poco a poco, comenzaremos a notarnos mejor. Hasta que no están consolidados los cimientos de un edificio, no comienza a subir su altura.

La mal comprendida depresión: semillas y paciencia

Cuando pedimos ayuda y comenzamos a trabajar con nosotros mismos, estamos empezando a plantar semillas. En nuestro interior poseemos semillas, por ejemplo, de felicidad y de infelicidad, de ira y de paz, etc. Dependerá de nosotros qué semillas queremos regar. Es importante saber que deberemos tener paciencia. Las semillas no florecen de un día para otro. Es necesario regarlas, abonarlas y darles todos los cuidados necesario. De esta forma, si cuidamos las semillas que estamos plantando, un día aparecerá el primer brote.

Pensar que el proceso de recuperación tiene que ser de un día para otro, sin duda, será de lo más contraproducente. De esta forma, sólo logramos presionarnos y entorpecer un proceso de recuperación gradual. Si nos queremos imponer alguna obligación, será la de luchar y seguir adelante, pero intentaremos evitar la obligación de querer estar bien en el momento. Todo proceso requiere tiempo, paciencia, esfuerzo y constancia. Por ello, es importante saber que nuestra recuperación llevará tiempo, pero que, sin duda, merecerá la pena.

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