En determinados momentos de nuestra vida todas las personas nos hemos sentido: dolidos, lastimados, ofendidos, acobardados o acosados por cierta situación, lo cual es inherente a la condición humana. Respondemos de acuerdo a la percepción que tenemos de los hechos, conforme a la información que existe en nuestro inconsciente y lo que captamos con los sentidos. De ahí que experimentemos diversos tipos de interpretaciones y emociones respecto a un mismo hecho, palabra o circunstancia. No obstante, cuando una persona deja de aprender, de reconocer y/o comprender la enseñanza que un suceso doloroso evidencia en esta escuela llamada “vida”, posiblemente se quede atrapada y prisionera de sus emociones; presentando un desequilibrio en aspectos determinantes de su existencia. Tal es el caso de los seres que se anclan a la tristeza, el resentimiento o el sufrimiento, estas personas adquieren un comportamiento de victimismo. Son personas que con constancia resultan sintiéndose como “pobre de mí”. Estos individuos se identifican con una frase o pregunta que se hacen frecuentemente: ¿Por qué me pasa esto a mí?

El victimismo es el comportamiento que una persona adquiere de forma inconsciente

…debido a que dentro de su cerebro límbico se encuentra prisionera una tristeza y/o rabia sufrida, unas emociones no reconocidas que hacen que estos seres atraigan situaciones que la conducen a expresar aquellas sensaciones escondidas. Es la forma como la mente inconsciente protege a la persona para evitar el peligro —nuestro cerebro interpreta el dolor como una amenaza—, o un mal mayor. Dichas emociones se proyectan en forma de dificultades y así, de esta manera, el individuo manifiesta la tristeza y/o la rabia, sin embargo, al no hacerlo de manera consciente, la sanación no se produce y continúa en la repetición de este tipo de sucesos.

Adquirir una conducta de victimismo es sinónimo de sufrimiento, es uno de los principales obstáculos en el desarrollo personal, en la comunicación asertiva, la consecución de metas y sueños; de igual forma, la persona deja de aprender de sí mismo y de los demás, de sus errores y sanarse.

Esta actitud por lo general lleva implícito un proceso inconsciente que empieza por la provocación, luego por la disputa o el sufrimiento y, por último, el reclamo o la queja.

Observemos el proceso:

  1. El comportamiento de la víctima empieza por atraer de forma inconsciente, claro está; contextos para quejarse y lamentarse, son individuos que se obsesionan con encontrar el lado oscuro, negativo, trágico, calamitoso o sospechoso de cualquier tesitura. Buscan en cada situación poder expresar dolor, y, de hecho, resultan lastimadas; esto es lo que se llama, provocación, es en esta etapa donde expresa la tristeza oculta.
  1. En esta etapa busca culpables, se ofende y/o lastima en “defensa propia”, se regocija contando su sufrir, consigue cómplices de su padecimiento, o se calla, expresando su dolor en el rostro. Es decir, la víctima suele tener una actitud pasiva o activa; la primera sucede cuando se somete, baja la cabeza y justifica al ofensor, un comportamiento típico de la mujer maltratada; la segunda, cuando se enfrenta al ofensor desde su punto fuerte, directa o indirectamente. Es directa en el caso de los agresores verbales o, de hecho, como el hombre maltratador y es indirecta, cuando opta por difamar, se urde, traiciona, etc. En esta etapa de sufrimiento sigue emanando tristeza y manifiesta rabia.
  1. Luego busca la disputa. En esta parte del proceso, la víctima reclama o se queja de los sucesos, siempre y cuando no tenga una actitud pasiva. Es esta la etapa donde deja salir la rabia escondida. Suele refugiase en sus heridas para generar lástima y evitar reconocer su conducta, con esta actitud continúa solapando sus verdaderas emociones. En los casos de actitud pasiva se acompaña de un comportamiento pueril, de supuesta debilidad.

El comportamiento de víctima surge en diversos órdenes de la vida; va desde el particular, familiar, laboral hasta el social. Dicha conducta es premiada y “valorada” en los diferentes ámbitos. Desde muy pequeños nos educan bajo su aprobación, de tal modo que existe un gran impedimento para identificarla como un obstáculo en el adecuado desarrollo humano. El victimismo social es utilizado como bandera de campaña política por parte de ciertos gobernantes, empresarios abusivos e incluso de cualquier ciudadano corriente para lavar sus culpas, ganar admiración pública o generar adeptos. Ahora, que quede claro que no se trata de dejar de ayudar, lo cual es una virtud humana, sino de la intención que se tiene al prestar auxilio y del uso de la manipulación, tanto de la víctima como del que asiste.

Un ejemplo de victimismo social, lo tenemos en el caso de una mujer que se fracturó una pierna y el gobierno le empezó a dar una merecida ayuda, ya que ella estaba impedida para trabajar y además era madre cabeza de familia de tres niños; pues bien, la mujer lleva con un aparato ortopédico desde hace seis años y efectivamente cuando acude al médico, él certifica que aún necesita el aparato. Ella inconscientemente no desea sanarse, ya que esto le representa la suspensión de la ayuda económica; en esta situación, el victimismo de la mujer va en detrimento propio y afecta la estima de sus hijos. Esta es una mujer con actitud inmadura (pasiva), presumiblemente con una tristeza escondida en relación al padre, ya que el estado representa este arquetipo.

En el victimismo familiar tenemos el caso de una joven que vivía con su madre, ella tenía unos 23 años; las dos mujeres vivían enfrascadas en constante disputa, se lastimaban mutuamente a través de agravios e injurias; uno de los motivos era que la madre entraba sin llamar a la puerta de la  habitación de la hija y esto le provocaba gran disgusto a la joven, sin embargo, la madre se justificaba diciendo que era su casa y podía entrar sin pedir permiso; constituyéndose el asunto en un aciago y recurrente pleito. Ellas llevaban años embebidas en idéntico tema de confrontación. La hija incluso se marchó de casa, pero al poco tiempo regresó y retornaron a la misma disputa; lo más sorprendente era que la hija sabiendo el proceder de la madre y la rabia que le generaba, nunca echaba seguro a la puerta; lo cual habría representado el final del conflicto. No obstante, las dos parecían necesitar la disputa; evidenciando victimismo. Ambas mujeres están llenas de rabia, cada una encuentra en la otra el mejor contrincante para despojarse de esta, posiblemente unidas por la misma ira hacia la figura de “la madre”.

Veamos ahora, algunas sugerencias para superar este comportamiento:

  1. identificar que se ostenta victimismo. Llegados a este punto y con todo lo expuesto es sencillo reconocer si se tiene dicho comportamiento.
  1. Buscar la emoción de tristeza, ira y/o rabia que se esconde en el inconsciente y que desde allí proyecta las situaciones para que sean sanadas. Nuestro inconsciente trae las situaciones que necesitamos, es como si estuviéramos mirando afuera las representaciones de las imágenes de las emociones que están en dicha mente. Esta es la razón para que se sigan repitiendo escenas de dolor, necesitan ser sanadas para liberarnos, ya que, si siguen allí, son un peligro para nuestra subsistencia, lo cual es la función del inconsciente, protegernos.
  1. Acudir o buscar ayuda profesional cuando se detecte que por sí mismo se es incapaz de evidenciar la información que se esconde en el inconsciente y que sigue proyectándose en su mundo externo.

El victimismo representa un peligro para el inconsciente debido a que, si la persona no consigue solucionar el dolor escondido, este puede generar una enfermedad grave o una vida desgraciada. De ahí que requerimos estar atentos con nuestros comportamientos para identificar si estamos actuando con victimismo.

¿Qué es la ley de la víctima?, ¿estamos actuando con victimismo?
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Luz Quiceno Romero
Ing. Técnica en Topografía. Trabajo en su área profesional durante 10 años, en los cuales a su vez, ejerció como catedrática universitaria. Escritora y Diplomada en Bioneuroemoción, un método que perfecciona su habilidad para conectarse y acompañar a las personas en la toma de consciencia y cambio de percepción de sus conflictos. Luz Quiceno se ha especializado por su experiencia personal y profesional en temas de la mujer.

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