Santiago y Javier son amigos desde pequeños. Ambos tienen por costumbre salir los sábados a cenar al mismo bar. Javier propone cambiar de vez en cuando de local, pero Santiago se niega, sólo le gusta al que van. Por otro lado, de vez en cuando discuten de deporte y sobre todo, de política. Santiago posee ideas firmes de cómo deberían ser las cosas, mientras que Javier está abierto al cambio y a diferentes posibilidades, algo que a Santiago le parece horrible. La intransigencia de Santiago en muchos aspectos, ha hecho que ambos hayan tenido varios alejamientos durante su vida.

¿Dé dónde surge la intransigencia? ¿Por qué hay gente tan firme en unas convicciones incapaces de ver más allá? Es más, ¿por qué algunas personas no sólo son firmes sino que montan en cólera cuando se les propone otro punto de vista? Muchos de nosotros tenemos algún conocido con el que hemos tenido que vetar algún tema. Sabemos que hablar de cierto aspecto con ese conocido es acabar discutiendo, ya que si no lleva razón, se enfada. Es más, no sólo quiere llevar razón, sino imponer su criterio. ¿Por qué ocurre esto? ¡Profundicemos!



Intransigencia

La intransigencia se podría definir como la actitud a través de la cual somos incapaces de aceptar otras opiniones o posturas. Nos aferramos a nuestra forma de ver la vida y no concedemos espacio a otros puntos de vista. Por ejemplo, cuando alguien es férreo defensor de un partido político, es muy posible que sea incapaz de alabar una buena iniciativa de otro partido. La intransigencia, llevada a nivel social, puede provocar episodios de racismo, xenofobia, homofobia, etc.

Gracias a las redes sociales, se pueden ver vídeos en los que una persona insulta a otra sólo por ser homosexual. También se han visto vejaciones de unas personas a otras por el mero hecho de ser extranjero o tener otro color de piel. La intransigencia, en estos casos, es obvia. Existen diferentes grados de intransigencia, desde aquellos que observan en la distancia y permanecen callados, hasta aquellos que insultan y agreden físicamente.

Egocentrismo

La intransigencia procede de un egocentrismo desmesurado. Cuando observamos y analizamos nuestro al rededor desde nuestras convicciones, es más probable que rechacemos otras opiniones. Cuanto más aferrados estemos a lo que pensamos y cuanto más lo tomemos por cierto, más intransigente seremos. Todo ello procede de nuestro historial de aprendizaje, tanto de nuestros padres y amigos, como del entorno social en el que vivimos.

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Al observar a nuestro al rededor desde nuestro punto de vista surge una comparación: cómo son las cosas y cómo deberían ser. Si aquello que leemos, escuchamos y observamos no coincide con lo que pensamos, se crea en nosotros rechazo hacia ello. El egocentrismo nos hace interpretarlo como dañino, como desestabilizante. Supone un ataque a nuestras convicciones más férreas y un peligro a nuestras creencias. Pero, ¿Por qué supone tanto peligro? ¿Qué se esconde detrás? El miedo.

Intransigencia y miedo

El miedo es una emoción básica que nos sirve para salvar la vida en momentos de peligro. Sin embargo, contiene un componente cultural con el que podemos llegar a rechazar aquello que es diferente. Por ejemplo, cuando desconocemos otra cultura u otras formas de pensamiento, podemos llegar a rechazarlo por un miedo inconsciente a que tambalee nuestro sistema de creencias. Nos sentimos seguros con nuestros pensamientos, aunque estos nos puedan dañar, pero es lo que conocemos y a lo que nos hemos acostumbrado.

Nuestra zona de confort es tan atrayente que nos impide, en muchas ocasiones, aquello que nos pueda sacar de ahí. De esta forma, preferimos lo malo conocido que lo bueno por conocer. A pesar de que podamos pasarlo mal en muchas ocasiones, nos vemos incapaces de tomar decisiones por miedo a lo que no conocemos. Rechazamos lo diferente al pensar que lo nuevo puede ser “tóxico” para nosotros. Mucha gente piensa: “a mí nadie tiene que decirme lo que tengo que hacer”, “eso de la meditación no sirve”, “las cosas son así y no hay más”.

Cómo vencer la intransigencia

Un punto de partida para vencer la intransigencia es aceptar que nuestra visión y opinión de lo que nos rodea se ha creado a través de la experiencia, es decir, es sólo nuestro punto de vista. Cada persona es una forma de pensar diferente, ¿por qué nuestros pensamientos son más correctos que los de otra persona? Siempre y cuando, ninguna ideología represente una amenaza física o psicológica para otros, las opiniones son libres y variadas. ¿Por qué el F.C.Barcelona es mejor o peor a nivel ideológico que el Real Madrid? ¿Quién posee la verdad absoluta sobre si un traje es más bonito que otro?

Empeñarnos en defender un solo punto de vista es limitarnos enriquecimiento. Sin embargo, aceptar que existen otros pareceres, otras formas de ver los problemas y nuestro día a día, puede abrir nuestra mente. Como afirma el maestro budista Lama Rinchen: “si somos un cuenco boca abajo, nada entra en nosotros; si somos un cuenco agujerado, todo lo que eches se pierde; si contenemos veneno, contaminaremos lo que recibamos; pero si somos un cuenco vacío y en la posición correcta, podremos contener mejor los nuevos conocimientos”.

Así pues, la mejor forma de vencer la intransigencia es a través de la apertura de nuestra mente a nuevas ideas y nuevas formas de pensamiento. La inflexibilidad puede suponer una fuente de sufrimiento y de confrontaciones, por lo que la flexibilidad nos aportará mayor bienestar y paz interior.





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