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Motivos de demanda habituales en la terapia con niños y adolescentes

La Psicoterapia cognitiva

Al igual que sucede en la psicoterapia con clientes adultos, en el trabajo con niños y adolescentes la terapia cognitiva ha demostrado su eficacia, por ejemplo, para el tratamiento de la depresión. Su objetivo principal es el cambio de pensamientos negativos por otros más adaptativos.

Habitualmente el procedimiento terapéutico se lleva a cabo a partir de la siguiente secuencia:

Educación emocional

  • Enseñar al niño a diferenciar los diferentes tipos de emociones ya reconocer que una persona puede experimentar dos emociones diferentes y / o contradictorias simultáneamente.
  • Enseñar al niño que diferentes situaciones provocan diferentes emociones.
  • Enseñar al niño que la intensidad de las emociones varía dependiendo de las situaciones.

Reestructuración cognitiva

  • Enseñar al niño que los pensamientos son los responsables de las emociones.
  • Enseñar al niño a identificar distorsiones cognitivas ya discutir los pensamientos depresivos.
    • Ayudar al niño para que sea más tolerante con sus propios errores.
    • Ayudar al niño a desarrollar su capacidad para la perspectiva social.
    • Ayudar al niño a adquirir conductas sociales más adaptativas.
    • Ayudar al niño para que desarrolle actividades agradables.

Como en el caso de la terapia con adultos, para abordar estos objetivos en terapia cognitiva con niños y adolescentes se interviene habitualmente mediante el uso de fichas de trabajo y autoregistros. Por eso de adapta el formato y la presentación de las fichas de trabajo y de los registros al nivel evolutivo del niño ya sus intereses personales.

La Psicoterapia de los Constructos Personales (PCP)

El máximo exponente del trabajo con niños y adolescentes desde la PCP es Tom Ravanette (1999), que ha trabajado e investigado sobre todo en el ámbito de la psicología de la educación. Cuando George A. Kelly (1955) desarrolló la PCP partir del postulado filosófico según el cual el significado de la experiencia es una construcción personal y no se nos revela directamente con la simple observación de la realidad externa. De esta manera, siempre son posibles nuevas interpretaciones de la experiencia. Siguiendo estas premisas, los objetivos principales del trabajo con niños y adolescentes desde la PCP serían los siguientes:

  • Evaluar las construcciones mediante las que el niño da sentido a sí mismo y a los demás.
  • Facilitar que el niño descubra nuevos significados personales que le sean más útiles y que le hagan sentir mejor.

Se persiguen estos objetivos explorando diferentes aspectos de la vida del niño:

  • Exploración del sentido de sí mismo
  • Exploración de sí mismo en relación
  • Exploración de los problemas del niño
  • Elaboración de sentimientos

Las técnicas diseñadas para abordar los objetivos terapéuticos son invitaciones para que el niño piense sobre sí mismo y sobre su manera de dar sentido a la vida; se caracterizan por tener una mínima estructura e incitar a una máxima libertad de expresión. Además, cada ejercicio contiene la posibilidad de generar nuevas alternativas de construcción.

La Psicoterapia Narrativa: la conversación externalizadora

Desde la psicoterapia narrativa se considera la narrativa como el elemento central de la construcción del conocimiento. Es decir, organizamos el conocimiento sobre nosotros mismos y lo que vivimos en historias o narrativas. Dado que siempre hay más de una manera de explicar la propia historia, la psicoterapia narrativa tiene dos objetivos principales:

  • Se ayuda al niño a encontrar maneras más satisfactorias de contar su propia historia.
  • Se pretende que la identidad del niño no se defina por su problema. Como afirman Freeman, Epston y Lobovits (2001, p. 29), “el problema es el problema, la persona no es el problema”. Es en este sentido que hablamos de externalización del problema: se da al problema entidad propia, se cosifica o personifica, y se invita al niño y su familia a preverlo como algo externo a ellos mismos. Así, partiendo del conocimiento de las habilidades y los intereses particulares del niño, se incidirá en las excepciones a la influencia del problema y en la co-creación de nuevas posibilidades de relación funcional (soluciones) entre el niño y el problema.

Pero ¿cómo se lleva a cabo una conversación externalizadora? A continuación veremos algunos tipos de intervención útiles para externalizar el problema:

Preguntas de influencia relativa (White, 1986): son útiles para que el niño no se identifique con el problema y sienta que tiene o puede tener cierto control sobre él.

  1. Preguntas sobre la influencia del problema en la vida / relaciones del niño, por ejemplo: “¿Cómo consigue la rabia que te enfades con tu madre?, ¿qué te hace hacer?”.
  2. Preguntas que inciten a la descripción de la influencia del niño sobre la vida del problema, por ejemplo: “¿Qué haces para conseguir que la rabia desaparezca?”.

Preguntas Invitacional: son útiles para generar experiencia de relaciones preferidas con el problema, no sólo para conseguir información:

  1. Preguntas sobre intereses (aficiones, personajes favoritos de la tele y dibujos animados, juegos que prefieren, etc.), habilidades especiales (intuición, imaginación, juegos de magia, tocar música, ser un buen deportista, etc.) y otras características particulares del niño, que podrá utilizar para enfrentarse al problema, al igual que quizá las ha utilizado para superar otros problemas.
  2. Preguntas para generar experiencia de relaciones preferidas con el problema: invitan a la consideración del efecto de ver el problema desde varios puntos de vista más ventajosos, por ejemplo: “Puedes pensar en algo que te funcionó en el pasado por conseguir algo que querías?”.

Uso de la metáfora: es útil para describir la relación entre una persona (o más) y un problema. Así, podemos hablar, por ejemplo, de la pared de la rabia, dar la espalda al problema, domarlo, destruirlo, tirarlo a la basura, etc. La metáfora cambia a medida que la relación con el problema cambia. Se elige con el cliente, utilizando su propio lenguaje; siempre se negocia el significado.

También podemos personificar el problema para poder negociar: por ejemplo, pedir al niño que le dé un nombre, el dibuje, que le escriba cartas, etc.

Referencias

Freeman, J., Epston, D., y Lobovits, D. (1997). Terapia narrativa para niños. Barcelona: Paidós, 2001.

Ezpeleta, L. (2001). La entrevista diagnóstica con niños y adolescentes. Madrid: Ed. Síntesis (Serie Guías Técnicas).

Méndez, FX (2000). Miedos y temores en la infancia: Ayudar a los niños a superarlos (2a. Ed.). Madrid: Pirámide.

Méndez, FX (2001). El niño que no Sonríe: Estrategias para superar la tristeza y la depresión infantil (2a. Ed.). Madrid: Pirámide.

Pacheco, M. y Botella, L. (2001). El constructivismo relacional en la psicoterapia con niños y adolescentes: una propuesta para la liberación de nuevos espacios dialógicos. Revista de Psicoterapia, 44, 5-26.

White, M., y Epston, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós.

La intervención psicoterapéutica en la infancia y la adolescencia
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