Los niños crecen y se desarrollan con los modelos de conducta que ven a su alrededor, sin miedo a equivocarme puedo decir que la mayoría de veces detrás de un niño que grita hay un padre o madre que hace lo mismo…”

Muchos padres acuden solicitando ayuda en referencia al comportamiento de sus hijos sobre todo esas quejas podemos englobarlas en falta de disciplina o atención a las normas que se imponen en casa. Los niños crecen y empiezan a querer gozar de su propia autonomía escogiendo a menudo caminos distintos u opuestos de los que parecen desear los padres.

Problemas conductuales en los hijos

Vamos a ver algunas de las quejas más comunes que se dan en la problemática conductual de un hijo:

  • Mi hijo no me escucha cuando le digo que tiene que hacer alguna cosa.
  • No hay manera de que se acueste a una hora razonable.
  • Los profesores de mi hijo están hartos de su comportamiento: no rinde nada y siempre está molestando en clase.
  • Mi hijo dice mentiras.
  • Siempre está irritado y contesta mal.

Todos los niños son distintos a pesar de tener en común muchos de ellos los problemas arriba enumerados. La experiencia vital de cada niño es lo que conforma su propia individualidad. Esa experiencia la recogen principalmente de dos ambientes: uno la familia y el otro, la escuela. En un ambiente y en otro los niños encuentran modelos que les sirven de ejemplo. Si esos modelos no son los adecuados estaremos favoreciendo la problemática en el niño.

Tipos de padres

Padres exigentes, despreocupados de aquello que es importante para el niño, nerviosos, demasiado permisivos, poco tolerantes, histéricos, poco afectivos, dependientes, posesivos, fóbicos, obsesivos, injustos, incoherentes,… y muchos otros calificativos que ahora mismo ya no se me ocurren, son los que marcan la diferencia entre un niño indisciplinado y uno disciplinado

En una familia es muy fácil encontrar el eje de toda una dinámica familiar problemática en uno de sus miembros quien suele corresponder a la figura más sensible y susceptible, es decir en el niño. Incidir en el ambiente familiar es tarea poco probable para un psicólogo, en primer lugar los padres no suelen aceptar la mala dinámica que se vive en su territorio con lo cual ya no dejan que puedas intervenir su rutina errónea. Simplemente convergen los problemas en la figura del niño esperando que cambies aquello que sólo se solucionaría cambiando de familia. Es duro pero a menudo lo siento de ese modo.

Ejemplo de un caso

A título de ejemplo ilustrativo me gustaría haceros partícipes de mi contacto con Laura y su familia esperando que ello os sirva de reflexión para todos aquellos que tenéis hijos.

La mamá de Laura concertó una cita conmigo para hablarme de su hija. Vino sola y su aspecto denotaba impaciencia. Laura es una niña de 9 años que se cambió de escuela a finales del pasado año por motivos de cambio de residencia. Su anterior escuela era privada y de tendencia religiosa y la actual, pública. Parecía haberse “desmadrado” según su madre con el cambio de escuela junto con tener conductas indeseables en casa.

Por ejemplo, pintó un trozo de pared y cuando su madre le preguntó ¿porqué? No supo dar respuesta. Enganchaba “mocos” en la pared sin tampoco saber el motivo. Parecía mostrar agresividad dirigida hacia la nueva vivienda para fastidiar a la madre cuyo fanatismo por el orden y la limpieza eran sumamente evidentes. La madre decía estar “desquiciada de los nervios” porque además de no aguantar a la niña el marido se pasaba el día trabajando y cuando llegaba a casa siempre estaba cansado sin ayudar para nada. Todos parecían tener el síntoma del “traslado” en sus conductas.

Cuando Laura apareció en mi consulta no me pareció para nada aquella niña “destructiva” que había señalado su mamá y me pareció oportuno citar a ambos progenitores para descubrir lo que imaginaba. En pocos minutos la entrevista con los padres se convirtió en una sesión de terapia de pareja en la que cada cual echaba los trapos sucios al otro y yo trataba continuamente de retomar la entrevista hacia la figura que me parecía más importante, la pobre Laura, y lo menciono de ese modo porque en aquel momento pude imaginar como sería la vida para esa niña en el seno de esa familia.

Una familia donde el afecto se había tornado resentimiento, donde los abuelos parecían dividir las opiniones pero nadie había puesto orden en ello, una familia donde cada paso evolutivo que hacía Laura era castigado por puro agobio de los progenitores.

Laura había llegado a asumir que sería castigada por cualquier cosa que hiciera con lo cual su ansiedad empezaba a desbordarse. Algunas conductas por las que se le castigaba: – Volcar un poco de agua fuera del vaso, hablar demasiado, escurrírsele un melocotón de las manos mientras lo está comiendo. – El castigo consistía primero en griterío y bofetadas para continuar enviándola a su habitación sin cena hasta el día siguiente. La compulsividad de su madre le llevaba a castigarla si lo escrito en la agenda escolar le parecía poco pulcro, si un mechón de pelo le colgaba desordenadamente o si simplemente la presencia de la niña la había puesto nerviosa.

Laura aprendió y eso es lo más grave de todo a culparse por esas conductas o simplemente por los nervios de mamá, ya que ella cada vez que la castigaba luego corría a decirle que por su culpa ahora le dolía el corazón. Otro niño quizás hubiera mostrado una conducta desafiante ante esa irracionalidad pero Laura lo había aceptado como conducta normal. Su vida estaba dominada por una gran dosis de ansiedad y si no se ponía orden en la dinámica familiar y en el funcionamiento de esos papás la evolución de Laura no sería positiva. Mi insistencia en verlos a menudo, en cambiar actitudes provocó un recelo en la madre quien rápidamente alejó a Laura de mis redes. Esta reacción no es nueva para mí ni para la mayoría de psicólogos es algo con lo que vivimos a diario en el trato con pacientes pero si el paciente es un niño la rabia y la impotencia son más fuertes.

Conclusiones

Si conseguimos sensibilizar a muchos modelos negativos, seguro avanzaremos en el trato de esos niños indisciplinados, ya que muchos son el reflejo de nuestros propios actos, por bienintencionados que éstos sean.

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La indisciplina en los niños
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  • y cuando el problema es que la mayor parte del tiempo es cuando están con su mamá que les envenena su mente y su alma de las mentiras que le dice de su papá porque no esta feliz con la decisión de buscar su libertinaje y que ahora el este conmigo y los 2 niños me quieran, y los fines de semana solo puedo estar con ellos y trato de entender pero el problema es de allá y que ella no quiere cambiar es más feliz dañando

  • el leer esto me a puesto a pensar y aunque me da verguenza admitirlo he cometido muchos de los errores mencionados arriba por mi impaciencia o falta de tolerancia, muy buen articulo ojala todos pudieramos ver las cosas de esa manera en el momento correcto.

  • Me parece excelente la aclaración que se hace sobre el comportamiento, es decir,en casa se ponen las bases de una actitud y conducta adecuada. No es nuevo que los padres busquen ayuda para sus hijos, sin pensar que son ellos quienes deben ser ayudados. Personalmente me pasa lo mismo en mi consulta, es decir, ingresa el niño, tengo una entrevista inicial, y luego son los padres los que deben iniciar el proceso terapéutico. Para esto hay una explicación, los padres nos dedicamos a aprender de todo y nos inscribimos en cursos y mas, pero en lo referente a ser padres le damos poca importancia.

    Muchas gracias por este espacio

  • Me interesaría una conferencia o taller para mis padres del colegio justo sobre este tema, para seguir sensibilización esta necesidad tan primordial de hijos indisciplinados, donde podemos contactarte?

    Excelente artículo .

  • Soy directora de una escuela y tengo problemas con alumnos que son muy traviesos dentro y fuera del salón he platicado con ellos y con los padres pero no hay respuesta y las cosas siguen igual que puedo hacer. Hicimos un trabajo de sensibilización con padres pero no asistieron los papas de estos niños. Qué puedo hacer para trabajar con estos alumnos.