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El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente.

Nuestro cerebro es una máquina de anticipar. A lo largo del proceso evolutivo el hombre ha incrementado paulatinamente su capacidad para predecir, utilizando analogías con el conocimiento acumulado de experiencias anteriores, tanto propias como de los ancestros. Según el escritor y filósofo José Antonio Marina, no existe especie más miedosa que la humana. Es el tributo que hemos de pagar por nuestra inteligencia privilegiada.

No podemos controlar el futuro

La ilusión del control es la tendencia de los seres humanos de creer que pueden controlar, o al menos influir, los resultados en los que claramente no tienen ninguna influencia, como por ejemplo los sucesos aleatorios.

Hace años los psicólogos Jenkins & Ward (1965) realizaron un experimento relativo a este hecho. Se instalaron dos luces en un marcador, las cuales se podían encender y apagar de forma independiente. Las personas del experimento debían intentar controlar cuál de las dos luces se encendería en cada momento. Se les presentaron dos botones para presionar y debían decidir en cada turno presionar o no presionar, según si pensaban que se iba a encender o no. Las conexiones fueron arregladas para que cada acción encendiera una luz con una probabilidad dada, por lo que las personas no tenían ningún control sobre ellas. A los sujetos se les dijo que podía no existir relación entre sus acciones y las luces. Posteriormente se les pidió a las personas estimar cuánto control creían tener sobre las luces. Incluso cuando no había diferencia en lo que escogieran, las personas informaban con seguridad que ejercían algún control sobre las luces.

De alguna forma todos tratamos de darle sentido a la vida mediante la construcción de un relato coherente basado en relaciones de causa y efecto. Nos decimos, y les decimos a los demás, que algo sucedió porque hicimos esto o aquello; pero por desgracia el vínculo entre causa y efecto suele ser más tenue de lo que nos gusta pensar y cada suceso puede tener infinidad de causas.

Una creencia muy arraigada es la que nos impulsa a pensar que si nos comportamos bien, si comemos los alimentos adecuados y con moderación, si hacemos ejercicio de manera habitual, etc., se nos recompensará con una vida larga y saludable. Sin embargo no necesariamente es así. Constantemente hacemos planes que nunca salen como habíamos previsto. Como dice un viejo refrán “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Es preciso que nos pongan en perspectiva.

En busca de nuestros sueños

Desde pequeños nos han educado y preparado para marcarnos objetivos, paro trabajar en las acciones que lleven a dichos objetivos, sin embargo ¿cuántas veces fallamos en conseguir nuestras metas? ¿Cuántas veces estamos intentando controlar un futuro que no podemos predecir? ¿Cuántas cosas no salen como habíamos pensado que saldrían?

Entonces, si no conocemos el futuro, mucho menos podemos controlarlo. Nos gusta pensar que lo hacemos, pero no es cierto. Y sin embargo seguimos creyendo en la ilusión del control. Nos enfrentamos a un mundo caótico y complejo y tratamos de controlarlo de todas las maneras posibles.

Pero no controlamos tanto como nos gustaría, ni del mundo exterior ni de nuestro fuero interno. Y, sin embargo, vivimos como si todo dependiera de nosotros… Así, tenemos tendencia a sentirnos culpables cuando las cosas no salen bien, a desilusionarnos cuando no se cumplen nuestras expectativas, a rompernos la cabeza indagando porqués de las cosas, cuando todo esto se esconde en los designios inescrutables del azar. Efectivamente, sabemos muchas cosas, pero tenemos una tendencia innata a pensar que sabemos un poco más de lo que realmente sabemos, si fuéramos más humildes respecto a nuestra capacidad de control, sufriríamos menos.

La utilidad de anticiparnos

Por un lado, esta facultad para ser previsores constituye una ayuda inestimable para la supervivencia, dado que permite evitar el peligro incluso antes de que se manifieste. También es un recurso para aprender, así como para planear proyectos y crear medios con que lograr metas futuras. Pero esta habilidad también causa alguno de nuestros fallos más evidentes.

Para algunos, precisamente la capacidad de anticipar es lo que les atrapa a muchas en círculos viciosos de preocupación. Al vivir entre el recuerdo y la imaginación, entre los fantasmas del pasado y el futuro, se reavivan antiguos peligros o se inventan amenazas nuevas. Resulta fácil entonces confundir la fantasía con la realidad y sufrir terriblemente por la incertidumbre de lo que pueda pasar.

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La ilusión de control nos da seguridad
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