La cultura en la que nos encontramos nos infunde inconscientemente un compromiso con el mundo que nos rodea. Nuestra voluntad no es tan nuestra como creemos y nos gustaría. El ambiente limita nuestro comportamiento e inhibe o acelera nuestras decisiones. Formamos parte de un todo más amplio que nos nutre o nos destruye.

El cierre de los sanatorios y los macro-centros, donde se aislaban a las personas con enfermedad mental, dio lugar a una nueva visión en sociedad de la enfermedad mental.

No obstante, hoy en día, sin la suficiente cobertura de servicios y prestaciones, las personas con enfermedad mental son un colectivo que tiene muchas probabilidades de caer en la exclusión social.

El Estado de Bienestar ha puesto a disposición de las personas prestaciones y servicios. El reconocimiento, declaración y calificación del grado de discapacidad (R.D. 1971/1999) y más recientemente el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). Ambos disponen de beneficios que tratan de mejorar la vida de las personas con discapacidad o dependencia reconocidas.

La evolución de las distintas clasificaciones de la funcionalidad y, por extensión, de sus estrategias han ido dando cada vez mayor peso a los factores contextuales, extrínsecos a las personas. Se introducen factores como el bienestar, estado y condiciones de salud, funcionamiento, actividades y participación.

El proyecto vital es un criterio que determina la frecuencia con la que la persona realiza qué tareas y en qué lugares. El SAAD contempla el proyecto vital de la persona dependiente en todos los ámbitos de la vida. Se refiere a cada rol ocupacional a lo largo del ciclo vital de la persona; infancia, edad preescolar, adolescencia, madurez y vejez. En las etapas de desarrollo y roles asociados.

La ley de dependencia nació con la intención de atender a las necesidades de aquellas personas que, por encontrarse en situación de especial vulnerabilidad, requieren apoyos para desarrollar las actividades esenciales de la vida diaria, alcanzar una mayor autonomía personal y poder ejercer plenamente sus derechos de ciudadanía

En el R.D. 1971/1999 de discapacidad ya había un baremo específico (ATP) en el que se podía reconocer la necesidad de tercera persona, a partir del 75% de discapacidad. Si bien, lo que no aportaba y sigue sin proporcionar a la persona dependiente son las ayudas o prestaciones que sí se reconocen en el SAAD. En cambio, tiene otros beneficios, como el complemento económico a la prestación no contributiva, la tarjeta de aparcamiento, fiscales…

Por lo tanto, lo que introdujo la Ley de dependencia fue una reforma encubierta de un Real Decreto de discapacidad que ya existía. Se derogó el baremo de tercera persona de discapacidad (ATP) por un único baremo, para todo el estado español, para mayores de 3 años (BVD) y otro para menores de 3 años (EVE).

Las quejas desde las asociaciones de enfermos mentales están más que justificadas, debido a que la puntuación total en las valoraciones está muy por debajo de lo esperado. Esto es debido a que las tareas a valorar en el BVD no recogen suficientemente las particularidades de la persona con enfermedad mental.

Existen otros cuestionarios fiables y con validez, incluso transcultural, más orientados a personas con enfermedad mental, sensibles al nivel de apoyo que reciben.

En El Cuestionario para la Evaluación de Discapacidad de la Organización Mundial de la Salud introduce el desarrollo de un nuevo instrumento de Evaluación de la Discapacidad Who – Das II. Los dominios que se tomaron fueron:

  1. Compresión y comunicación con el mundo.
  2. Capacidad para manejarse en el entorno.
  3. Cuidado personal.
  4. Relación con otras personas.
  5. Actividades de la vida diaria.
  6. Participación en la sociedad.

De estos dominios se formularon los ítems, considerados por los expertos, para evaluar el nivel de dificultad en el desarrollo de actividades básicas de la vida diaria. (ABVD).

Pero este cuestionario Who-Das II, no se tuvo en cuenta en el SAAD. Debido al afán desde el SAAD de querer englobar todas las patologías con un único BVD, más que atender a las necesidades específicas y a las características particulares de los distintos grupos de población.

En este sentido, las personas con enfermedad mental, son un grupo de población que en muchos casos no llega a disfrutar de la cartera de recursos del SAAD, bien porque el baremo no es lo suficientemente sensible a las condiciones particulares y de riesgo, o bien porque no existen servicios o prestaciones adecuadas.

A día de hoy las personas con enfermedad mental tienen muy difícil entrar en la red de servicios de SAAD y en cambio sí tienen muchas probabilidades de encontrarse en una situación de exclusión social, sobre todo si no dispone de apoyo externo vital.

jdiegoro@hotmail.com
Diego Rañó

La enfermedad mental en la discapacidad y dependencia
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