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La estructura de poder en la pareja queda reflejada en las relaciones de dominancia, las cuales se pueden reconocer fácilmente por cómo gestionan su día a día y resuelven los conflictos que van apareciendo. Lo que posiblemente no sabías es que, al parecer, las parejas son más felices y duraderas cuando se asume que uno de los dos es el dominante y el otro es el sumiso.

Estudio sobre la dominancia y el éxito en la pareja

Una investigación realizada por la Universidad Charles en Praga mostró que las relaciones románticas en las que uno de los componentes es el dominante podrían ser más exitosas que aquellas en las que ambos son iguales en cuanto a gestión del poder.

Según manifestó la investigadora principal Eva Jozifkova: “A menudo se nos dice que consideremos como un problema el dominio y la sumisión, aunque sean en niveles moderados”. “Pero nuestros resultados desafían la creencia de que la igualdad de las parejas forma asociaciones más funcionales. Por el contrario, parece ser que cierta disparidad mejora su capacidad para enfrentar los desafíos”.

En su estudio “¿Por qué algunas mujeres prefieren a los hombres sumisos?”,  se encuestó a 340 hombres y mujeres jóvenes que vivían en medios urbanos realizando preguntas como si preferirían estar con alguien que les “guiara y protegiera” o “admirara y sirviera”. Los resultados fueron que era más común que uno de los dos ejerciera de figura dominante y no que ambos sintieran que tenían la misma influencia. También desveló que las mujeres eran el componente dominante de la pareja en un 24% de los casos.

Otro hecho interesante que también mostró el estudio fue que aquellas parejas con dinámicas de poder “desiguales” tenían más hijos, hasta un 15% más, para ser exactos. Donde existía una lucha por el poder o las parejas se sienten en planos de igualdad, las parejas mostraron las tasas reproductivas más bajas.

Según argumentan, desde el punto de vista del éxito reproductivo, es fácil responder a la pregunta de por qué algunas mujeres son excitadas por hombres sumisos y a la inversa. La disparidad jerárquica dentro de las parejas les permite a los padres invertir más energía en sus descendientes, presumiblemente mediante una mayor cooperación y / o reducción de conflictos, independientemente de cuál sea el género que asuma el papel dominante.

La dominancia no implica violencia

Los investigadores en su estudio enfatizan en todo momento que la dominación no debe implicar la presencia de violencia, y aunque la disparidad jerárquica es típica de la violencia doméstica, a lo que se refieren ellos es que una disparidad leve dentro de la pareja no implica ni incurre en violencia per se.

Al parecer, si los dos individuos tienen un rango similar de dominancia, incluso los conflictos más pequeños pueden terminar en una escala de peleas mucho más alta, debido a la competencia y por los deseos de demostrar quién tiene la razón. Por otro lado, la disparidad jerárquica puede reducir la frecuencia y la intensidad de los conflictos.

Dominación y estabilidad conyugal

La dominación en parejas románticas o casadas es un fenómeno importante pero poco apreciado. Las relaciones románticas y los matrimonios más estables parecen ser aquellos en los que la dominación es clara desde el principio. La parte dominante puede tomar todas las decisiones, desde qué canal ver en la televisión por la tarde hasta dónde ir de vacaciones en verano, y el compañero subordinado acepta y asume un rol de apoyo.

Si lo que las personas esperan del matrimonio no es necesariamente un amor apasionado eterno sino una sociedad estable que les permita tener empresas conjuntas, como comprar una casa y criar a sus hijos juntos, o una oportunidad de concentrarse en su carrera profesional sin preocuparse por los quehaceres de la casa, entonces una relación asimétrica con el dominio no disputado probablemente garantiza el mejor resultado. El secreto para un matrimonio estable es que uno de los dos cónyuges debe estar dispuesto a pagar una parte desproporcionada del precio de la estabilidad.

Ventajas y desventajas de las diferencias de dominancia en la pareja

Un problema con una relación tan desequilibrada es que una vez que los niños están fuera de la casa, los objetivos de la carrera profesional se han llevado a cabo, o la hipoteca de la casa se ha pagado, la relación estable en ocasiones ya no puede tener una razón para existir. El cónyuge dominante, o ambos, pueden perder interés y comenzar a buscar otra pareja. Otro posible problema es que el cónyuge dominante puede volverse dictatorial y abusivo. El compañero subordinado puede beneficiarse lo suficiente de la estabilidad y el apoyo que se obtiene de esta relación (y el logro de otros objetivos que conlleva) para compensar la falta de poder de decisión y todas las pérdidas asociadas a ella, pero solo mientras la parte dominante adopta un estilo de dominación tolerante y respetuoso. El dominio abusivo hace que los costos de la subordinación se disparen hasta el punto en que los beneficios de la relación ya no valen la pena y el subordinado termina deseando retirarse.

Las personas que se enamoran y buscan un amor apasionado o algo más que una asociación “comercial”, se enfrentan siempre a grandes desafíos, especialmente si ambos tienen personalidades fuertes. Si ninguna persona está dispuesta a asumir un papel subordinado, cada vez que surgen intereses en conflicto o se deben tomar decisiones, la relación se ve potencialmente amenazada. En ausencia de una relación de dominio clara para resolver todas las contiendas, los costos de una lucha o negociación continua, inevitablemente se cobrarán su precio. Es de conocimiento general que la mayoría de parejas cuando se pelean e incluso se separan, generalmente lo hacen por asuntos cotidianos y aparentemente triviales. Obviamente no son los desacuerdos sobre el menú de la cena o el mando de la tele lo que lleva a una pareja a divorciarse, pero sí lo son los desacuerdos sobre quién está a cargo de determinadas las tareas de casa, los hijos, etc.

Es cierto que las parejas con dominio no resuelto pueden durar mucho tiempo, incluso para siempre, pero por lo visto su relación suele tener más conflictos que las otras.

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