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Alberto era un tipo excepcional. Lo veía todas las mañanas antes de ir a trabajar y al llegar a casa. Siempre me saludaba con una amplia sonrisa. Los fines de semana los dedicaba a su hogar y a su familia. Su mujer y su hijo siempre estaban pendientes de él, le querían muchísimo. Su casa era grande, con piscina y jardín. Tenía dos coches y un buen sueldo. Lo tenía todo para ser feliz. Era una persona muy inteligente. Pero… quién lo iba a decir. Cuando nos dijeron que se había quitado la vida no lo podía creer. ¿Qué habrá pasado por su cabeza? ¡Bienvenidos a la depresión sonriente!

La depresión sonriente, aunque por el nombre parezca que nos tenga que provocar una sonrisa, se trata más bien de una depresión encubierta. Su nombre es depresión atípica pero se la conoce más por sonriente por todo lo que la rodea. Aquel que la padece ha aprendido a disimular tan bien los síntomas que nadie diría que su estado de ánimo carece de alegría. Son personas que se han vuelto unos actores estupendos. Además, existen ciertos factores en sus vidas que provocan el desconcierto en sus entornos porque aparentemente lo tenían todo para ser felices. ¿De qué se trata? ¡Empecemos!



La depresión sonriente

“Pero… si lo tenía todo, no lo entiendo”. Uno de los aspectos más incomprensibles de este tipo de depresión es que la persona que la padece no parece tener razón para sufrirla. Desde fuera, todo aparenta ser normal, incluso se podría decir que lleva una vida feliz. Como afirma la frase al comienzo del párrafo, “lo tenía todo”. Pero, ¿qué es tenerlo todo? Nos han asociado la felicidad a tener familia, dinero, trabajo, una buena casa… Por tanto, quien posea todo esto no debería tener razones para estar triste, ¿o sí?

Aunque todo parezca idílico, cabe preguntarse otro tipo de cuestiones. ¿Somos felices con nuestro trabajo? ¿Vivimos conforme a lo que sentimos? ¿Somos felices a nivel general con nuestra vida? Existe un gran número de personas que parecen llevar una vida de en sueño y, sin embargo, no son felices. Algo por dentro parece estar roto. Si les preguntásemos qué les ocurre posiblemente dirían algo como: “no sé qué me pasa, no acabo de ser feliz, algo falla y no sé lo que es”.

La depresión sonriente es incomprendida desde fuera. Por lo general, nuestro entorno, desde la mejor intención, intenta animarnos haciéndonos ver lo bien que nos va todo o lo mucho que poseemos. “Si tienes de todo, no te quejes”, es por ello tan difícil dar a entender que a pesar de tener razones para ser felices, no lo somos. Pero, ¿qué está fallando? ¿No sabemos apreciar lo que tenemos o hay algo más de fondo?

Una depresión sonriente pero peligrosa

Sin duda, se trata de una de las depresiones más peligrosas debido a su incomprensión y su falta de visibilidad. El que la padece no la expresa por creer que no tiene razones para estar mal o por falta de comprensión de los demás. Cuando el entorno no ve razones para estar deprimido, el apoyo social disminuye. Así pues, se trata de una depresión muy solitaria.

“En gran parte, tú construiste tu depresión. No te fue dada. Por tanto, tú la puedes destruir”.

-Albert Ellis-

Cuando los síntomas depresivos son evidentes es más fácil que sea aceptada. El entorno, en muchas ocasiones, “obliga” al familiar o al amigo a buscar ayuda. Pero cuando nadie ve argumentos para la tristeza, lo único que se escucha son frases como: “te quejas por vicio”, “vámonos de fiesta y se te pasa”. Pero no es tan sencillo. Sí es cierto que una gran cantidad de personas ostenta la virtud de quejarse por todo y ver siempre el lado negativo a la vida. Pero en este caso es diferente. Aquí falla otra cosa.

¿Qué se esconde detrás?

Es complejo explicar qué se esconde detrás de este tipo de depresión. La literatura especializada todavía no ha profundizado mucho en este campo. Aún así, los datos proceden de psicólogos y especialistas que han podido vivir e investigar este fenómeno de primera mano. Una de las primeras cuestiones es saber si el individuo que padece este tipo de depresión es feliz con la vida que lleva.

En ocasiones, nos dejamos llevar más por nuestros miedos. Mantenemos relaciones de pareja por miedo a la ruptura. Seguimos en un trabajo que no soportamos sólo por dinero. De esta forma, nuestra vida se va componiendo de diferentes aspectos que pueden resultarnos del todo disconformes con nuestro auténtico yo, esto es, con aquello que realmente nos apasionaría. Por tanto, no es de extrañar que detrás de una depresión sin causa aparente, se encuentre una desconexión con nuestra auténtica naturaleza.

Por otro lado, a pesar de tenerlo todo, otro gran número de personas puede sentir que su vida está vacía. De alguna forma, piensan que la existencia no tiene ni propósito ni sentido, y sienten un enorme vacío interior que les hace ir de aquí para allá sin ton ni son. Aún así, su apariencia es normal, pero saben que todo lo que hacen carece del más mínimo sentido. Por lo que no es extraño que la alegría que pueden llegar a sentir en determinados momentos sea absorbida por un agujero negro de tristeza que radica en lo más profundo de su ser.

El suicidio

En los casos de depresión sonriente, el suicidio, por extraño que parezca, es más fácil que se lleve a cabo. Como afirma Olivia Remes, experta en depresión y ansiedad de la Universidad de Cambridge: “la fuerza que tienen para continuar con su vida diaria puede hacer que sean especialmente vulnerables para llevar a cabo planes de suicidio. Esto contrasta con otras formas de depresión, en las cuales las personas pueden tener ideas suicidas, pero no suficiente energía para actuar en base a sus intenciones”.

Remes explica que este tipo de depresión ofrece un extra de energía a aquel que la padece, por lo que le será más fácil idear el suicidio y llevarlo a término. La cuestión es, ¿de dónde viene esta energía? Como se ha explicado a lo largo de todo el artículo, el sujeto que la padece ha aprendido a disimular muy bien los síntomas. Por otra parte, ha ido negando su estado y los demás no le han dado importancia. De este modo, se ha visto obligado a seguir su día a día esforzándose en estar siempre activo.

“Quien se suicida no quiere morir, quiere dejar de sufrir”.

-Nicole Haber, psicóloga-

Sin embargo, cuando la depresión se torna obvia por algún motivo externo, tanto el sujeto que la padece como el entorno la aceptan de otro modo. De esta forma, al estar sumido en una depresión y “dejarse llevar por ella”, la energía es tan baja que aunque planee quitarse la vida, no es capaz.

¿Qué puedo hacer?

Si al leer este artículo te sientes identificado, lo mejor que puedes hacer es acudir a un profesional. Dejar pasar el tiempo es contraproducente, de este modo solo aumentará el estado depresivo. Los profesionales de la psicología podrán ayudarte a través de terapia. A día de hoy, la terapia más usada por sus buenos resultados es la cognitivo-conductual.

Recuerda, aunque creas no tener motivos para estar deprimido, aunque tu entorno no te entienda, si estás mal, habla. En muchas ocasiones, nuestra vida externa no corresponde con nuestra naturaleza interna, con nuestras inquietudes reales. De esta forma, se produce un desajuste que puede llevarnos, poco a poco, a vivir una vida que no es nuestra y acabar sumidos en un estado de tristeza permanente. Así que, ¡ánimo!

Bibliografía

La depresión sonriente, ¿de qué se trata y por qué es tan peligrosa?
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