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Cultura y educación

¿Qué entendemos por cultura?

Por cultura se entiende o significa, básicamente, ‘cultivo’ o ‘crianza’. Cultivar, más concretamente, tiene otros significados:

  • Dar a la tierra ya las plantas las labores necesarias para que fructifiquen.
  • Poner los medios necesarios para mantener y profundizar el conocimiento, el trato o la amistad.
  • Desarrollar, ejercitar el talento, el ingenio, la memoria, etc.
  • Ejercitarse en las artes, las ciencias, las lenguas, etc.

En suma, la cultura está estrechamente relacionada con el desarrollo individual y parece inseparable de la acción de crecer.

La cultura se relaciona con un conjunto de formas de vida y de costumbres que caracterizan a los grupos humanos.

Pero no basta con decir que la cultura es el medio donde nos desarrollamos los seres humanos. La cultura orienta decisivamente todos nuestros procesos de desarrollo y es necesario profundizar en los procesos que permiten explicar esta relación.

Los escenarios culturales y las aportaciones de Elkonin

El desarrollo humano está condicionado no sólo por la capacidad biológica, sino también por las tradiciones históricas en que la cultura rodea al niño. Las prácticas cotidianas adquieren, por tanto, un papel decisivo para explicar el curso del desarrollo.

La vida del niño se puede considerar como un proceso de intercambio de roles y de desarrollo en curso fortalecido por sus experiencias con el entorno cultural. Los niños crean y coconstruyen el mundo social y se comprometen con ellos mismos en sus actividades.

La zona del desarrollo próximo de un niño se relaciona con cada uno de los distintos estadios de desarrollo infantil que propone Elkonin, en tanto que, en cada uno, hay demandas cambiantes que proceden del contexto social.

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Estadios del desarrollo y exigencias del contexto social. Fuente: Elkonin (1971) y Hedegaard (1996).

Pero aún podemos profundizar un poco más y tener en cuenta, por otra parte, que las escuelas y otros contextos cotidianos de aprendizaje, que definen el desarrollo desde la cultura, son de creación relativamente reciente y han dado lugar a la práctica de la segregación; es decir, los niños son separados gran parte del día de las actividades de los adultos.

Según Elkonin, “las prácticas sociales del mundo occidental segregan la infancia hacia universos específicos han contribuido a la formación del mundo social de los niños, como algo relativamente independiente de las personas mayores”.

Elkonin hablaba de la no-adaptabilidad de los niños. Con ello quiere indicar la importancia de adoptar una perspectiva en la que el niño es un agente activo que forma sus relaciones y actitudes mediante otros. Este hecho debería ser tenido en cuenta por los agentes educativos institucionalizados.

Desarrollo individual e histórico: Michael Cole

Cole, un investigador norteamericano muy representativo de la perspectiva sociocultural en psicología del desarrollo y el aprendizaje, presenta la cultura como un “envoltorio supraindividual” que nos rodea y nos aporta instrumentos para interactuar con el mundo. Es aquí donde se produce el desarrollo individual e histórico de las personas y los grupos sociales. Son estas acciones culturales de los individuos, inmersas además en contextos más concretos y entretejidos con la actividad, los que nos permiten transformar el mundo.

“Desde hace mucho tiempo la noción de cultura ha incluido una teoría general de la manera en que se puede promover el desarrollo: crear un entorno artificial en el que se aportan a los organismos más jóvenes condiciones óptimas para el crecimiento. Esto requiere instrumentos, perfeccionados a lo largo de generaciones y diseñados para la tarea especial que deben desarrollar. Tan cercanos están los conceptos de cosas que crecen y los instrumentos que la palabra con la que se puede designar la cultura es la de arado compartida “(Cole, 1996, p. 143).

A Cole le gustan las metáforas, con las que se acerca a explicar qué es la cultura y cómo debe entenderse en relación con el desarrollo. Se refiere como un jardín donde los niños son protegidos de los aspectos más duros del entorno. Un jardín es el lazo entre el microcosmos de la planta individual y el macrocosmos del entorno exterior. El jardín, en este sentido, pone en relación la cultura y el contexto y nos aporta, así, un marco de trabajo desde el que se puede entender el desarrollo humano.

Cole (1991) señala lo que considera los postulados básicos de una aproximación sociocultural en el estudio de la mente humana desde la perspectiva de su desarrollo y educación. Los seres humanos, nos dice este autor, difieren de otros animales en el sentido de que están mediatizados culturalmente, se desarrollan históricamente y son el resultado de una actividad práctica.

La educación se considera como un determinado contexto de actividad en la que los seres humanos, en circunstancias culturales específicas y en determinadas etapas históricas, se desarrollan.

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Aprendizaje, cultura y desarrollo según Hatano y Miyake

¿Qué puede aportar la perspectiva histórico-cultural a la comprensión de las relaciones entre la cultura, el desarrollo y el aprendizaje? Hatano y Miyake (1991) se han acercado a esta cuestión y, en su opinión, el punto de partida de la aproximación es doble:

  • La interacción con otras personas y artefactos tiene un importante papel en el aprendizaje y desarrollo de la mente.
  • El microentorno en el que el individuo aprende es afectado por contextos más amplios, por ejemplo, la comunidad.

La cultura es vista como el entorno natural en el que se desarrollan las personas y desde el que aprenden.

Cultura, conocimiento escolar y cotidiano

Hatano y Miyake (1991) concretan las aportaciones de la perspectiva sociocultural en el estudio del aprendizaje y el desarrollo en tres puntos. Sus comentarios resultan especialmente significativos cuando nos planteamos la cuestión de que el desarrollo humano puede estar mediado, en determinadas culturas, por el aprendizaje escolar. En primer lugar, conocer el entorno cultural del que aprende nos permite conocer mejor el proceso de aprendizaje y por ello controlarlo. Esto se matiza en un triple sentido:

  • Conocer la cultura de quienes aprenden permite plantear situaciones que sean similares en múltiples contextos, especialmente cuando los educadores se proponen metas específicas que han de conseguir.
  • Conociendo esta cultura, es posible acceder más fácilmente a los conocimientos que las personas adquieren en situaciones de aprendizaje formal e informal que pueden servir de base a situaciones educativas formales. En cualquier caso, aunque este punto de partida puede tener un efecto facilitador, ya que los nuevos conocimientos son más significativos para los sujetos, a veces incluye componentes erróneos que no siempre son fáciles de eliminar.
  • Al tratar de institucionalizar determinados tipos de aprendizaje, sólo tendremos éxito conociendo las creencias que sobre éste tienen las personas implicadas en el proceso; quizás solo algunos resultan aceptables en este contexto.

De acuerdo con Hatano y Miyake (1991), la escuela debe tener en cuenta la cultura predominante y, además, considerar las “dimensiones culturales relevantes en la meta del aprendizaje” y expresarlas en términos cognitivos.

La cultura como medio básico de educación y desarrollo humano, principales teorías
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