Crisis cultura

La crisis de la Cultura es actualmente, sin lugar a dudas, la más grave que ha experimentado la Humanidad a lo largo de su historia. La Cultura occidental (aunque también muchas otras) se encuentran mortalmente amenazadas.

Por doquier podemos constatar que vivimos en una sociedad profundamente enferma: espiritualmente vacía, sin formación humanista, empobrecida moral e intelectualmente y con la Cultura recluida cada vez más a círculos minoritarios.


Esta crisis de la Cultura nos recuerda a aquel soneto de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), «Ozymandias«:

A un viajero vi, de tierras remotas.
Me dijo: hay dos piernas en el desierto,
De piedra y sin tronco. A su lado cierto
Rostro en la arena yace: la faz rota,

Sus labios, su frío gesto tirano,
Nos dicen que el escultor ha podido
Salvar la pasión, que ha sobrevivido
Al que pudo tallarlo con su mano.

Algo ha sido escrito en el pedestal:
“Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad
Mi obra, poderosos!, ¡Desesperad!:

La ruina es de un naufragio colosal.
A su lado, infinita y legendaria
Sólo queda la arena solitaria”.

La crisis de la Cultura

Veamos, a continuación, por qué es importante la Cultura para el individuo y también por qué decimos que está siendo gravemente socavada; el porqué de la crisis de la Cultura.

La importancia de la Cultura para el Hombre

La Cultura es una realidad (un todo) en el cual el ser humano se desenvuelve. Se forma y actúa conforme a ella, en todos los ámbitos de su vida. Sin la Cultura no podríamos vivir como seres humanos. De igual modo, nos sería imposible tener un mínimo sentimiento de arraigo y pertenencia, no podríamos crecer como personas. La Cultura es como nuestra madre: lo recibimos todo de ella.

La Cultura: cultivo y formación de los individuos

Dentro de la Cultura se produce la formación integral de la persona, el perfeccionamiento en todos los órdenes (potenciamos nuestras mejores cualidades).

De hecho, la misión cultural es elevar, enriquecer y ennoblecer la vida. Enseña a hablar, a hacer y actuar, a vivir y morir. Nos hace personas, forja el carácter. Nos otorga humanidad, altura, profundidad y madurez. La Cultura está al servicio del individuo: La vida personal (dignidad, felicidad, libertad) es la razón de ser la Cultura.

Hacia una definición de la Cultura

Podríamos definir la Cultura como un orden jerárquico de valores. Representa la tradición, transmisión intergeneracional, la herencia, la inmortalidad (entendida como la transmisión del conocimiento y del orden de vida a través del tiempo). Es, por tanto, un conjunto jerarquizado de principios, normas, valores, criterios, ideas e ideales.

La cultura abarca lo siguiente:

  • Conocimientos
  • Sentimientos
  • Instituciones
  • Virtudes
  • Modales
  • Formas de vida
  • Estilo (maneras de ser)
  • Lenguaje
  • Actitudes
  • Creencias y convicciones
  • Instintos
  • Hábitos
  • Habilidades vitales

El vocablo «Cultura» proviene de:

  • Culto (religión, ritos)
  • Cultivo (de cultivar, como la agricultura, representa el arraigo en la tierra -la sangre y el suelo- la armonía con la Naturaleza)

En definitiva, la Cultura tiene que ver tanto con el orden natural y las comunidades naturales (familia, estirpe, región) y con el culto (la visión trascendente de la vida y el contacto con lo sagrado).

Los axium de la Cultura

La Cultura es todo un compendio de valores esenciales y supremos, de los que podemos destacar 3, principalmente: el Bien, la Verdad y la Belleza.

El Bien, la Bondad, lo Bueno, podemos encontrarlo en todas las buenas ideas, buenas intenciones, el buen carácter, las buenas intenciones, buenas costumbres, buen sentido, buen juicio, etc.

Las dos grandes fuerzas que sostienen la Cultura son:

  • La Luz, que está representada por la inteligencia y la sabiduría
  • Y el Calor (el amor, afecto, el cariño, el apego)

Con todo lo anterior, podemos decir que la misión de la Cultura es iluminar la vida, darle sapiencia, ayudar al individuo a entender y comprender, además de darle calor, afecto y amor. El ser humano, no puede vivir en la oscuridad (en las tinieblas, la ignorancia) ni en un ambiente frío, sin raíces, inhumano (sin afecto ni nobles emociones).

Existen dos aspectos en la Cultura

Hay una realidad objetiva y una subjetiva en la Cultura

  • La Cultura objetiva es, por ejemplo, la española, la china, la india, la musulmana…
    • La misión de la Cultura objetiva es hacer del mundo un hogar, creando un clima y un ambiente en el que el individuo pueda desarrollarse plenamente
  • La Cultura subjetiva es personalísima, interior (la persona asimila en mayor o menor medida la Cultura en donde vive)
    • La misión de la Cultura subjetiva es humanizar al Hombre, hacerle crecer personal y espiritualmente. Ser Culto significa saber vivir, saber dar un sentido a la vida y darle forma al propio mundo personal

Cultura (K) y Civilización (Z)

En toda sociedad (nación, pueblo, raza o entidad cultural) se distinguen 2 planos en los que el individuo comprehende la realidad, e interactúa con ella: la Cultura (K) y Civilización (Z). Estas son complementarias, aunque pueden enfrentarse y provocar contradicciones.

  • La Cultura (K) se refiere más bien al espíritu y al alma. Hace referencia a las Humanidades, a la vida espiritual. Por ejemplo: religión, filosofía, arte, letras, moral, ciencia, docencia, deporte, juegos, historia, etc.
  • La Civilización (Z) se refiere más bien al cuerpo (lo material). Tiene que ver con todo lo referente a lo tecnológico (la satisfacción de las necesidades personales y sociales): política, burocracia, industria, derecho, ejército…

Siguiendo con la línea anterior:

  • La Cultura (K) pretende mejorar al ser humano en todos sus aspectos; hacer que se manifieste la grandeza del Hombre
  • Por contra, la Civilización (Z) pretende que se viva mejor, dando facilidades a la vida (a través de la tecnología, las leyes, la policía, etc.)

Dicotomía entre Cultura y Civilización

Mientras que la cultura se esfuerza por conocer, entender, comprender y amar la realidad y el mundo, la Civilización pretende dominar, controlar, someter, explotar y manipular el medio.

Así pues, encontramos lo siguiente:

  • La Cultura persigue: la autoridad, los fines, lo interior, lo profundo, lo espiritual, lo cualitativo, el ser, la sabiduría, la comunidad
  • Mientras que la Civilización persigue: el poder, los medios, lo externo, lo superficial, lo material, lo cuantitativo, el poseer, el saber, la sociedad unida por intereses

La Civilización debe estar subordinada a la Cultura. Una comunidad funciona como un ser vivo. Estará sana si respeta esta jerarquía natural.

Crisis de la Cultura, la decadencia del progresismo civilizacional

La decadencia se produce cuando se altera el orden natural de las cosas y se suprime la correcta jerarquía. Así pues, la Civilización se impone a la Cultura, maniatándola y esclavizándola.

Cuando esto se produce se invierten los valores culturales, apareciendo un materialismo y hedonismo rampante, la subversión de la moral y los valores, la quiebra intelectual, espiritual y personal.

Surge, por tanto, el caos y el desorden, abanderado por un supuesto progresismo, que nada tiene que ver con hacer al ser humano mejor, más libre, más sabio, más elevado. Las palabras pierden su sentido y la degeneración se acelera.

Tenemos, por tanto, la Civilización materialista. Así pues, se pierde la dimensión espiritual y trascendente, tan necesaria para el ser humano. Se pierden los principios en los que se asienta la vida y hacen posible el orden y la vida cultural.

Se pierde el Logos (la razón y la palabra), reina la confusión, la perplejidad, el abatimiento, la deshumanización del individuo.

El progresismo civilizacional da como resultado una sociedad deshumanizada, espiritualmente muerta, sin sentido trascendente, anclada en lo material y en el presente (el disfrute del «aquí y el ahora»). Una sociedad divorciada de la Naturaleza, del orden cósmico, natural, sin los supremos ideales de Bien, Verdad y Belleza («todo es relativo»).

El bárbaro civilizado como producto de la crisis de la cultura

Es el prototipo del homini progresista; este ser es capaz de alcanzar altas cotas de conocimiento tecnológico, maneja gran cantidad de datos, puede incluso poseer muchos bienes materiales, pero su alma está vacía. Se trata de una persona sin raíces que no sabe nada de sí mismo (quién es, de dónde viene y adónde va). No tiene ni idea del mundo en el que vive (su historia, cultura, religiones, música, poesía, pensamiento). No sabe vivir, ni morir.

La pérdida de los valores hace que ya no haya confianza, compromiso, lealtad, honradez, valentía, decoro, respeto… No acepta normas ni jerarquías (excepto la suya propia).

Surgen así, corrientes de descomposición, como el mal llamado igualitarismo (la igualación por lo bajo, la masificación, la disolución del individuo en una masa gris). Se arruina la enseñanza, se expanden las ideologías radicales y totalitarias, así como la propaganda, el lavado de cerebro y la manipulación más abyecta de la comunidad.

La mediocridad avanza por todos lados. El mundo se hace más vulgar y chabacano. La insolencia, la impertinencia, la demagogia, la estupidez campan por doquier. La democracia se convierte en oclocracia (los dirigentes son la peor expresión de la comunidad, los menos íntegros, los menos sabios y formados).

La crisis de la cultura: la incultura y la anticultura

Son las dos fuerzas que amenazan con destruir la Cultura.

  • La incultura se manifiesta en la ignorancia osada y petulante. Se desprecian los valores culturales pues uno se cree muy cultivado (se siente cultivado estando vacío por dentro). Va ligada a la expansión de una subcultura que lo invade todo. Por ejemplo, la telebasura
  • La anticultura pretende la destrucción de la Cultura, va en contra de ella. Es la Cultura al revés, denigra y empobrece al ser humano. Podemos verlo en el anti-arte, la anti-música, la anti-poesía, la antimoral, anti-justicia, anti-religión (sectas, ateísmo, laicismo), anti-filosofía (demagogia intelectual), el nihilismo (la destrucción del Bien, la Verdad y la Belleza). Destrucción del lenguaje y de la palabra

Como resultado, obtenemos una sociedad indigna, inmoral, sin ideales ni principios, sin honor, sin rumbo fijo. Una sociedad sin normas, en el pozo del nihilismo, del materialismo, del hedonismo, del relativismo. En este estado de cosas se encuentra nuestra Cultura hoy en día.

Rescatar y reconstruir la Cultura

En estos tiempos de crisis de la Cultura, hay quienes se plantean si no sería mejor dejar caer lo que ya está podrido y facilitar el surgimiento de una nueva Cultura. Por contra, otros se plantean rescatar a cualquier precio la Cultura que nos vio nacer y en la que nos desarrollamos. Sin duda, es una decisión muy difícil. Cada una con importantes ventajas e inconvenientes a nivel práctico.

Sin embargo, y ante todo, lo que se impone es recuperar los principios, la visión correcta del mundo y de la realidad personal, social y espiritual. Esta debe ser amplia y generosa, pero no debe ceder un ápice en lo principal.

Es responsabilidad de toda persona afirmar los valores que hacen posible la vida culta y civilizada. Todos deben transmitir esos valores sin complejos. Debemos volver a despertar el entusiasmo por los valores altos, trascendentes; educar en el amor al esfuerzo (sobre todo a las nuevas generaciones).

Es nuestra obligación superar el pesimismo, pues este no tiene cabida en la naturaleza. Hay que usar las dos grandes fuerzas que, como dijimos al principio, sostienen la vida humana: la Luz y el Fuego, la sabiduría y el amor, la inteligencia y la voluntad.

Será difícil, tedioso y llevará tiempo, sin embargo, la alternativa es la decadencia, la degeneración, la nada. Debemos formar nuevas élites con criterios de rigor y exigencia, con espíritu de servicio, sentido heroico y buen liderazgo. Esto es, una minoría selecta que cambie las actitudes de las personas perdidas dentro del nihilismo y la decadencia progresista y promuevan el cambio cultural a mejor.

Referencias

  • Medrano, A. (2002). La senda del honor. Yatay.
  • Medrano, A. (1996). Magia y misterio del liderazgo: el arte de vivir en un mundo en crisis. Yatay.
  • Scruton, R., & Solé, J. (2001). Cultura para personas inteligentes. Península.
  • Scruton, R. (2002). La hegemonía intelectual de la izquierda progresista. Revista Estudios Públicos, (85).
  • Scruton, R. (2016). El alma del mundo. Ediciones Rialp.
  • Scruton, R. (2015). El conservador convencido. CUADERNOS de Pensamiento Político, 11-19.
  • Scruton, R. (2018). Debemos vencer la falsa idea de Europa. Razón española: Revista bimestral de pensamiento, (209), 353-355.
Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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