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La intervención psicológica es un proceso de construcción de un cambio (aceptación de un duelo, superación de una infidelidad, estrategias para el crecimiento personal, etc.) que afecta a los tres pilares de estudio de la psicología: el pensamiento, la emoción y la conducta.

Técnicas de intervención en psicología

Para alcanzar los objetivos que un paciente se propone en terapia, necesariamente trabajaremos sobre estos tres puntos, empleando herramientas y conocimientos que se pueden enfocar más hacia una u otra en función de la dificultad que se plantea.

Por ejemplo, una de las técnicas más empleadas y con mayor eficacia en la terapia cognitivo-conductual es la conocida reestructuración cognitiva, cuyo foco de trabajo es la cognición/pensamiento, que busca modificar (reestructurar) a través de la observación de creencias irracionales y generalistas que pueda tener el paciente, para posteriormente transformarlas en ideas que se ajustan más a la realidad.

En terapia Gestalt, el foco se sitúa en la sensación corporal y la emoción, por lo que se aprovecha la postura corporal y las expresiones faciales para ahondar en algo que se haya podido mencionar, de manera que el psicólogo gestáltico acompaña al paciente en el proceso de hacerse consciente de ese cambio postural o de expresión y la relación que guarda con el tema tratado.

De nuevo en intervención cognitivo-conductual, uno de los tratamientos más habituales del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) tiene un fuerte componente cognitivo a la hora de establecer una buena psicoeducación sobre el trastorno y una modificación de las creencias y actitudes que el paciente pueda tener, pero también incluye una buena gestión emocional de la ansiedad ligada al propio ritual y a la percepción que el paciente puede tener de sí mismo, y estrategias dirigidas directamente a la conducta, como el enlentecimiento o posposición de la compulsión con el objetivo de eliminarla.

¿Qué es la confrontación y para qué sirve?

La confrontación es un recurso psicológico que trabaja a caballo entre el pensamiento y la emoción.

Haciendo referencia a dos autores de nuestro campo enormemente conocidos, Ellis la llamaba “técnica socrática”, pues se centraba en desafiar las creencias del paciente, mientras que Rogers la conocía como “reflejo de sentimiento”, debido a la búsqueda de encontrar las emociones ligadas a la expresión verbal de la persona.

Dicho de otro modo, la confrontación es una herramienta muy útil en el proceso terapéutico porque ayuda a que la persona pueda dar otro enfoque a la situación que atraviesa (en la que puede haberse quedado “atascado”). Cuando la persona consigue posicionarse de forma distinta con respecto a su problema, suele ser mucho más capaz de encontrar también alternativas conductuales.

Sin embargo, es una técnica que se debe emplear de forma muy cuidadosa, y cada psicólogo debe calibrar cómo y con qué pacientes puede hacer uso de una confrontación.

Esto se debe a que no sólo genera un aumento de consciencia sobre el problema y un posible cambio a nivel cognitivo, sino que también puede generar un impacto emocional para el que la persona puede no estar preparada y con el que no sepa muy bien cómo lidiar.

Por esa razón, se recomienda que las preguntas y afirmaciones de tipo confrontativo no se den en las primeras sesiones de intervención psicológica, ya que la alianza terapéutica todavía no es lo suficientemente sólida como para que la persona, si sufre un impacto, se apoye en el psicólogo para hablarle de cómo le ha afectado dicha confrontación.

Si la utilizamos intensamente desde el inicio de la relación terapéutica, es muy probable que creemos una sensación de “ataque” hacia el paciente y esto le provoque rechazo hacia la figura del psicólogo y, por ende, hacia la terapia.

Tres ejemplos prácticos

A continuación, presento tres ejemplos de intervenciones confrontativas basadas en la propia experiencia.

Estas confrontaciones han sido dividas en función del nivel de impacto que buscaban causar y el grado de “sutileza” con el que se plantearon. Cabe mencionar que esta clasificación, en el caso presente, es completamente subjetiva y está basada en el criterio personal subyacente al conocimiento del paciente dado y de la relación terapéutica creada.

Cualquiera de estas intervenciones, fuera del contexto en que se dieron y con cualquier otro paciente, podrían clasificarse de un modo distinto:

Caso 1 

Nivel de impacto bajo, confrontación sutil: Paciente manifiesta necesidad de control en diferentes situaciones y contextos. Refiere buscar siempre una ubicación en aquellos lugares a los que acude en la que pueda tener “vigilado” visualmente a todo el mundo.

Confrontación: ¿Qué te parecería si ambas continuáramos lo que queda de sesión con los ojos cerrados?

Caso 2

Nivel de impacto intermedio, confrontación directa: Paciente manifiesta (en varias ocasiones) acusación de su entorno sobre su carácter hostil, agresivo, celoso y manipulador. Muestra una actitud ligeramente acorde a lo descrito, aunque siempre es amable en terapia.

Confrontación (después de varias sesiones): ¿Crees que hay algo de lo que tú me has contado habitualmente que se corresponde con un carácter hostil, agresivo, celoso o manipulador?

Caso 3

Nivel de impacto alto, confrontación directa: Paciente manifiesta estar en una relación con un hombre que tiende a abandonar a sus parejas cuando se cansa de ellas y teme que le ocurra lo mismo, aunque refiere tal nivel de enamoramiento que le resulta inviable terminar la relación.

Confrontación (de nuevo, después de varias sesiones): ¿Podrías decirme qué diferencias observas entre tu relación con tu pareja y relaciones pasadas que él te haya comentado?

El objetivo de una confrontación siempre es buscar que la persona pueda enfocar la situación, al menos, desde dos puntos de vista y que, por tanto, con dos alternativas pueda elegir.

Es fundamental mencionar que no es competencia del psicólogo juzgar o argumentar (ni a favor, ni en contra) en función de nuestra creencia personal, pues el psicólogo nunca debe empujar en ninguna dirección.

Sin embargo, como profesionales del ámbito de la salud podemos plantearnos que estamos con el paciente ante una sala con muchas puertas. Puede que el paciente sólo esté mirando una, por lo que nuestra labor será iluminar un poco más el lugar para que pueda ver si hay dos, tres o cien más.

En cualquier caso, será el paciente el que finalmente decida cuál es la puerta que quiere abrir para seguir avanzando.

La confrontación en psicología: qué es y cuál es su utilidad
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Irene Micó
Graduada en Psicología por la Universidad de Valencia en 2014. Trabajando como psicóloga en Dopsi desde 2017. Máster en Psicología Clínica y Salud: Estrategias Actuales de Intervención. ADEIT/Universidad de Valencia. Formación en Terapia Gestalt por el Instituto Francés de Terapia Gestalt (IFGT). Formadora para la reeducación y sensibilización vial en infractores de tráfico. Diplomas acreditativos de conocimiento en las siguientes áreas: Marco conceptual de la psicología clínica y de la salud, Counselling y su aplicación sanitaria, Técnicas terapéuticas básicas, Dinámica pericial, Reestructuración cognitiva, Mindfulness, Tratamiento de la depresión y la ansiedad.

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