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El cariño de los padres hacia sus hijos

Todos los niños y niñas, hijos e hijas tienen necesidad de sentirse queridos. Debemos procurar que esta ama se personalice en cada uno los hijos para mantener su individualidad y, sobre todo, se manifieste de todas las maneras posibles – verbales y no verbales- para asegurarnos de que se sientan verdaderamente queridos.

La aceptación de los hijos

Debemos aceptar a los hijos tal y como son, aunque no aceptamos algunas de sus conductas. Debemos saber diferenciar lo que el hijo es de lo que el hijo hace y nunca debemos mostrar reprobación por lo que es como persona si no por lo que ha hecho en un momento determinado (y que puede ser bueno o malo). Debemos ayudarle a desarrollar al máximo sus posibilidades y recursos a partir de lo que es y actuando sólo sobre el comportamiento que manifiesta, sin poner en entredicho su base personal. No es fácil, pero tenemos que hacer esfuerzos para que esto sea así.

La autoestima de los hijos

Debemos procurar crear un clima familiar y de relación con los hijos que les proporcione una imagen de sí mismos positiva y real, que los ayude a adquirir confianza y seguridad personal a la hora de afrontar cualquier tipo de actividad o situación, especialmente de tipo escolar o de aprendizaje.

Los padres son como un espejo donde el hijo se ve reflejado, por tanto, la forma como reaccionen ante determinados comportamientos o conductas -juzgar, criticando, alabando, valorando, razonando, imponiendo, sobreprotegiendo,…- la actitud de confianza que muestren y la, forma en que le hablen, determinarán la imagen que se hará el hijo de sí mismo como persona válida o no válida, útil o inútil, digna o no digna de ser amada.

Los niños quieren agradar a sus padres siempre en todo lo que hacen, buscan su aprobación y si lo que reciben son mensajes negativos o de desprecio, su autoestima bajará considerablemente y bloqueará la energía vital y las ganas de hacer cosas.

Esto no quiere decir que cuando haga algo malo le debemos dejar pasar, si no que se lo tenemos que hacer ver, pero sin utilizar calificativos negativos, que impliquen un juicio sobre su persona, si no simplemente manifestando con respeto qué acción es la que ha hecho mal, explicando nuestra reacción respecto a lo que ha hecho y que no nos ha gustado.

Ejemplo: “eres un desordenado” no es lo mismo que decir “no me gusta que la habitación esté de esta desordenada”. En el primer ejemplo, ponemos un adjetivo de peyorativo en el niño, en el segundo hablamos de lo que nos gusta o no nos gusta a nosotros.

Tiene que haber un equilibrio entre las alabanzas y las “broncas”, por lo que tanto debemos valorar el hijo cuando a mostrado un buen comportamiento y ha actuado de acuerdo con nuestras normas, como cuando ha sido todo lo contrario. A veces tendemos a fijarnos en lo que el hijo no ha hecho o ha hecho mal, de acuerdo con una intención educativa, ignorando el valor que puede tener para el hijo aprobar, valorar y alabar todas aquellas conductas o hechos adecuados tanto en casa.

La comunicación entre padres e hijos

Que entre padres e hijos debe haber comunicación, no es aportar ninguna novedad. Ahora bien, ¿cómo debe ser esta comunicación? algunas

A continuación te ofrecemos algunos consejos:

  • Se debe tener cuidado en no confundir el diálogo con el monologo, y la comunicación con el aleccionamiento.
  • Durante el diálogo se ha de compartir lo que se está hablando, mostrar verdadero interés por lo que nos está contando con entusiasmo y, sobre todo, debe haber capacidad de escucha y espacios de silencio que den tiempo a entender lo que se ha dicho y de elaborar la respuesta.

En este sentido, debemos tener más paciencia cuando hablamos con los hijos de cualquier edad y procurar no avanzar las respuestas, esperar a que se ordenen las ideas y se formule una respuesta razonada, hacer preguntas abiertas que impliquen pensar y no preguntas que sólo supongan decir sí o no.

Hay también que esperar y dar tiempo para que surja la necesidad de comunicación por parte de los hijos y debemos entender que en un momento determinado pueden no tener ganas de hablar y contar cosas. Podemos, en estos casos, dar alternativas de comunicación como la expresión gráfica: dibujos y cuentos. El niño debe saber que: “cuando quieras contármelo, sólo tienes que decírmelo”.

El papel de los padres, aunque cuesta, es mantener una actitud firme respecto a las normas y hábitos que queremos instaurar, dar un buen modelo que el niño pueda imitar. En esta etapa se desarrolla en los niños / niñas una gran capacidad para percibir todo lo que sucede en su entorno tanto a nivel perceptivo como afectivo. Este hecho es trascendental a la hora de conseguir una buena relación con los hijos.

Núria Comas Fornaguera, EAP B-05 Badalona

La comunicación afectiva entre padres e hijos
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