Burrhus Frederick Skinner, nacido en 1904, en Pensilvania (EE.UU). Dejó registrado en la historia de la psicología uno de los experimentos más famosos en referencia al aprendizaje: el experimento de la caja de Skinner. Para ello, utilizó una caja adaptada y palomas. Skinner logró explicar una parte del aprendizaje animal y humano gracias a su experimento con animales. En concreto, el psicólogo investigó sobre el Condicionamiento Operante.

Como define Ardila (1981), «el condicionamiento operante es un proceso de ejercer control sobre la conducta de un organismo en un cierto ambiente, por medio de la aplicación del refuerzo». El refuerzo es un evento que va seguido de la conducta y altera la probabilidad de que ocurra dicha conducta. Por ejemplo, si la paloma presiona un disco y recibe comida, la conducta de presionar el disco tenderá a aumentar cada vez que el animal quiera comer. En este tipo de condicionamiento, el individuo aprender a mantener o eliminar conductas en función de las consecuencias que estas conductas representan para él.


Experimento de la caja de Skinner

Skinner diseñó una caja para experimentar el condicionamiento operante, también llamado instrumental. Su objetivo fue medir cómo los animales reforzaban (o no) su conducta en relación a la consecuencia de sus acciones. ¿Qué significa esto? En la caja había un pequeño disco. Cada vez que la paloma picoteaba el disco, obtenía pequeñas bolitas de comida. El animal, a través de la búsqueda, recorría la caja hasta que por «casualidad» presionaba el disco y obtenía comida. ¿Qué ocurría? Que la conducta de presionar el disco aumentaba cada vez que el animal quería comer.

Para este experimento, Skinner mantuvo a las palomas en tres cuartas partes de su peso para que siempre tuvieran hambre. De esta forma, la comida se usaba como recompensa automática. El animal era estudiado en una caja a la que se adaptaba con facilidad. El número de cantidad de veces que la paloma picoteaba el disco, se midió a través de un gráfico. La paloma aprendió que picotear el disco producía una recompensa. Así pues, la conducta de picotear era estudiada en relación a la frecuencia con la que la paloma obtenía una recompensa.

En palabras de Skinner, «el asunto principal es lo que llamamos programas de reforzamiento. Y eso puede ser programado de manera que la paloma reciba una recompensa cada vez que haga algo. Normalmente usamos la respuesta de la paloma de picotear un pequeño disco en un pequeño punto de la pared y lo recompensamos con comida». Sin embargo, Skinner introdujo diferencias en cuanto a la recompensa. Como él mismo dijo, «no se refuerza cada vez, sino que lo hacemos cada diez veces o una vez por minuto».

El objetivo de Skinner con estas variaciones, fue estudiar los diferentes comportamientos de la paloma. Lo más llamativo, es que el investigador extrapoló los resultados a comportamientos humanos, en concreto, con la adicción al juego. ¿Qué averiguó Skinner con respecto al juego? ¿Por qué el juego puede convertirse en una adicción?

Experimento de la caja de Skinner y adicción al juego

Skinner afirma que «hay muchas formas de programas (variantes del experimento) y cada uno tiene su efecto especial. Y aquí hay un buen ejemplo que se puede extrapolar de las palomas al caso humano. Porque uno de los programas, que es muy efectivo con las palomas, es lo que llamamos un programa de razón variable. Y es lo que está a la base de todas las máquinas de juegos de azar. Y tiene el mismo efecto».

La paloma puede llegar a convertirse en una «jugadora patológica» igual que una persona. Skinner hace referencia a otras explicaciones, que según él, son fallidas para explicar la adicción al juego. El investigador asegura que «no estamos de acuerdo con el punto de vista de que los jugadores se castigan a sí mismos o que juegan porque sienten emoción cuando lo hacen, ni nada parecido. La gente juega por el programa de reforzamiento que le sigue». El programa consiste en reforzar la conducta cada cierto tiempo. De esta forma, la persona tiene la sensación de que de un momento a otro obtendrá el premio.

Skinner, su hija y la polémica

Skinner no estuvo exento de polémica. Construyó una cuna con forma de caja en la que se rumoreó que experimentaba con su hija Deborah. Después de tener a su primer hijo, se percató que los cuidados del niño eran muy laboriosos. Cuando su mujer se quedó embarazada de una niña, decidió diseñar una cuna para facilitar el cuidado de los pequeños y minimizar el trabajo de los padres.

La caja medía unos dos metros de alto un metro de ancho. Las paredes estaban aisladas para impedir la entrada del ruido externo. El bebé se podía sentar en un colchón interior a un metro del suelo y podía ver el exterior a través de un cristal que se subía y bajaba. Por dentro, la caja estaba equipada con un humidificador, un calentador y un filtro de aire que hacía circular aire caliente y fresco en el interior del habitáculo. El nuevo tipo de cuna, sin duda, ofrecía unas comodidades obvias. Al estar el interior climatizado, el bebé iba en pañales, así que sólo hacía falta cambiarle el pañal. También gozaba de mayor seguridad gracias al cristal, tanto para evitar caídas como para impedir la presencia de gérmenes.

Baby in a Box

El colchón en el que se posaba a la bebé se trataba de una lona larga unida a unos rodillos. Gracias a esto, cuando se ensuciaba, Skinner hacía girar una palanca y salía la tela sucia mientras entraba una limpia. Skinner estaba tan contento con su invento que decidió publicarlo en la revista Ladies Home Journal. Sin embargo, a pesar de ser un invento bastante práctico, algo se torció. El psicólogo tituló su artículo «Baby care can be Modernized» (Los cuidados del bebé pueden ser modernizados), pero la revista le cambió el nombre por «Baby in a Box» (Bebé en una caja). Además, la publicación estaba acompañada por una foto de la hija del psicólogo en la cuna. Un título y una foto poco acertadas que acabaron por desatar la polémica.

Lo que Skinner pretendió que fuera una cuna moderna para facilitar el cuidado de los hijos, se convirtió en fuente de rumores sobre una caja para condicionar a los bebés como si de ratas o palomas se tratara. Comenzó a correrse el rumor sobre sus experimentos. Skinner intentó desmentirlo todo, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Un grupo reducido de seguidores se percató del invento e incluso pensaron en comercializarlo, pero el rechazo general fue tan grande, que quedó relegado al olvido. A pesar de que con los años, su hija desmintiera todos los rumores sobre su padre, todavía hoy, quedan dudas sobre si Skinner experimentó con su hija en aquella cuna.

Otras aplicaciones del experimento de la caja de Skinner

Generalización, discriminación y extinción

A través de este experimento, Skinner estudia los procesos por los que se adquieren respuestas instrumentales, al igual que procesos como la generalización, la discriminación y extinción de ciertas conductas. Por ejemplo, imaginemos que se introducen en la caja tres discos de diferentes colores: rojo, azul y verde. Si la paloma picotea cualquier disco para obtener comida, hablamos de generalización. Es decir, ha generalizado su conducta de un disco a los demás.

La discriminación consiste en que la paloma aprenda que sólo obtendrá recompensa si picotea un disco de un color determinado. Por ejemplo, cada vez que picotea el disco rojo se le proporciona comida, pero si picotea el azul y el verde no obtiene recompensa. De esta forma, la paloma, a través de la discriminación, aprenderá que si quiere comida, tendrá que picotear el disco rojo. Por otro lado, la extinción cosiste en eliminar cualquier refuerzo para suprimir la conducta de picoteo. Si la paloma picotea un disco y durante varios ensayos no obtiene comida, deja de emitir su respuesta de picoteo.

Moldeamiento

El psicólogo también investigó el moldeamiento. Con este término, se define el proceso a través del cual se refuerzan conductas que se aproximan a la conducta objetivo. Debido a que la conducta que se persigue no siempre se puede conseguir a la primera, es necesario condicionar la conducta que se aproximan a la misma.

Terapia

Por otro lado, Skinner también llevó el condicionamiento operante a terapia. Los métodos más conocidos son «la economía de fichas» y la «terapia de aversión». Para aplicar el condicionamiento operante en terapia, es necesario analizar los refuerzos y los estímulos que llevan a una persona a tener un comportamiento concreto. A través de la modificación de estos estímulos y refuerzos se lograría un cambio de conducta por otro.

Bibliografía

Skinner, B. F. (1975). La conducta de los organismos. Barcelona: Fontanella.

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