Un adecuado nivel de autoestima es la base de la salud mental y física de las personas. El concepto que tenemos de nuestras capacidades y nuestro potencial no se basa sólo en nuestra forma de ser, sino también en nuestras experiencias a lo largo de la vida. Lo que nos ha pasado, las relaciones que hemos tenido con los demás (familia, amigos, etc.), las sensaciones que hemos experimentado, todo influye en nuestro carácter y por tanto en la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Los seres humanos formamos nuestra visión del mundo entre los 3 y los 5 años de edad. La  percepción que tenemos del mundo que nos rodea, ya sea como un lugar seguro o peligroso,  nuestra predisposición a interactuar con éste de manera positiva o negativa, es determinada a tan temprana edad.

Sólo en la adolescencia, a partir de los 11 años aproximadamente, con la instauración del pensamiento formal, el joven podrá conceptualizar su sensación de placer o displacer, adoptando una actitud de distancia respecto de lo que experimenta, testeando la fidelidad de los rasgos que él mismo, sus padres o su familia le han conferido de su imagen personal. Siendo la identidad un tema central de esta etapa, el adolescente explorará quién es y quién querrá ser de forma consciente, respondiéndose a preguntas sobre su futuro y su lugar en el mundo.

En lo relativo al entorno familiar, existen cuatro factores condicionantes para que este proceso de formación de la autoestima marche normalmente y de forma equilibrada.

La vinculación del niño

El niño necesita sentirse parte de algo, ya sea su familia, sus hermanos o una pandilla. Para él es necesario saber que hay alguien que se preocupa de él, que es necesario e importante para otro. La vinculación se relaciona también con sentir que tiene objetos significativos para él y que le pertenecen. Necesita ser escuchado, tomado en cuenta, que le permitan participar y dar sus opiniones. El grado de vinculación va a estar en estrecha relación con la calidez, la apertura para aceptarlo y brindarle seguridad, la comprensión e incluso el sentido del humor que manifiesten las personas que lo rodean y que él considera importantes. La vinculación es necesaria a la vez con lugares y circunstancias que al niño le producen satisfacción.

La singularidad del niño

Corresponde a la necesidad de saberse alguien particular y especial, aunque tenga muchas cosas parecidas a sus hermanos u otros amigos. La noción de singularidad implica también espacio para que el niño se exprese a su manera, pero sin sobrepasar a los demás. La condición de singularidad también entraña el respeto que los demás le manifiestan y que será para él un parámetro de la seriedad con que lo consideran. Otra característica que promueve la singularidad se relaciona con el incentivo hacia la imaginación. El hecho de permitirle crear e inventar le sirve para reconocer lo distinto que puede ser su aporte, fomenta su flexibilidad y la valoración de sus propias habilidades.

El poder del niño

La sensación de poder implica que el niño cree que puede hacer lo que se planea y que en la mayoría de las veces obtendrá éxito. En las excepciones, es decir, cuando no logra lo que se propone, será de vital importancia que comprenda la verdadera razón de los impedimentos y cómo ellos se relacionan con sus futuros propósitos. Necesita disponer de medios básicos sobre los cuales estar a cargo. El niño desarrolla una confianza en sí mismo cuando se le permite decidir sobre cosas que están a su alcance y que él considera importantes. El poder se relaciona también con saber controlarse ante determinadas circunstancias, como ante la frustración o el agobio. Cuando el niño aprende una nueva habilidad, es necesario que se le de la oportunidad para practicar lo que ha aprendido. Es importante permitirle que resuelva problemas a su medida.

Las pautas del niño

Las pautas se relacionan con el sentido que el niño le otorga a su existencia y a lo que realiza. Requiere de modelos positivos, que cuando los imite obtenga resultados satisfactorios y alentadores, a través de los cuales aprenda a distinguir lo bueno de lo malo. Los niños son como esponjas frente a quienes ellos consideran importantes. La forma en que los modelos actúan, lo que dicen y cómo lo dicen, dejará un sello indeleble en su retina. Los patrones éticos, los valores, los hábitos y las creencias se transmiten a través de las figuras de apego. Saber porqué ocurren los cambios, qué sentido tiene el trabajo y qué cosas se valoran a la hora de decidir, le permitirá desenvolverse con confianza, prediciendo que si actúa de determinada manera logrará lo que se propone. El orden y las reglas -dentro de límites razonables- son especialmente importantes para crear en el niño la sensación de pautas o guías, que le permitirán conducirse, organizar el tiempo, planificar y resolver problemas.

Para entender mejor la capacidad de superación de un niño debemos saber que muchos de ellos, aún en condiciones sociales adversas y contra todo pronóstico, llegan a tener una vida saludable, alcanzan metas académicas, realización personal y logros económicos. Algunos autores han explicado este proceso con la presencia de un condicionante básico: la afectividad. El hecho de que estos niños reciban cariño incondicional de al menos una persona, puede ser un factor de intervención tan positiva que altera el curso de su desarrollo, protegiendo a estos menores de la agresión ambiental.

Carta de un hijo a su madre. Podría servirnos a todos nosotros para entender un poco más a nuestros hijos.

Quiéreme así, por favor…

  • NO ME DES TODO LO QUE PIDO. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.
  • NO ME GRITES. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.
  • NO ME DES SIEMPRE ORDENES. Si a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
  • CUMPLE LAS PROMESAS, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.
  • NO ME COMPARES CON NADIE, especialmente de la familia. Si tú me presentas mejor que a los demás, alguien va a sufrir; y si me presentas peor que los demás, seré yo quien sufra.
  • NO CAMBIES DE OPINION TAN A MENUDO sobre lo que debo hacer, decide y mantén esa decisión.
  • DÉJAME VALERME POR MI MISMO. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
  • NO DIGAS MENTIRAS delante de mí, ni me pidas que las diga por ti aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que dices.
  • NO ME EXIJAS QUE TE DIGA EL PORQUE CUANDO HAGO ALGO MAL. A veces ni yo mismo lo sé.
  • ADMITE TUS EQUIVOCACIONES: crecerá la buena opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir las mías.
  • TRÁTAME CONLA MISMA AMABILIDAD QUE A TUS AMIGOS. ¿Es que por que seamos familia no podemos tratarnos con la misma cordialidad que si fuéramos amigos?
  • NO ME DIGAS QUE HAGA UNA COSA SI TÚ NO LA HACES. Yoaprenderé y haré siempre lo que tú hagas aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no lo hagas.
  • NO ME DIGAS “NO TENGO TIEMPO” cuando te cuente un problema mío. Trata de comprenderme y ayudarme.
  • Y QUIÉREME Y DÍMELO. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Con amor, tu hijo.

No te olvides suscribirte a nuestro canal YouTube de Psicología y Educación

Te recomendamos nuestros Test de Autoestima y Frases de Autoestima.

La autoestima en los niños
4 (80%) 1 voto.

2 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.