En otro artículo nos referimos a la Drapetomanía. En el presente analizaremos otra tipología diagnóstica denominada Americanitis que, al igual que la anterior, no puede ser entendida por afuera del contexto histórico y social en el que fue propuesta. Como dijimos anteriormente, los diagnósticos psicopatológicos expresan los cambios en la subjetividad de las personas, por lo que a cada momento histórico le corresponden distintos tipos de diagnóstico.

Origen de la Americanitis

En la segunda mitad del siglo XIX se vivieron cambios profundos en la sociedad norteamericana. La derrota de las oligarquías sureñas en la Guerra de Secesión (1860-1865) significó la unificación del país bajo el liderazgo del norte capitalista. Inmediatamente terminada la contienda comenzó un proceso acelerado de expansión hacia el oeste, en el que participaron exploradores, tramperos, mineros, cowboys y aventureros de todo tipo. Las tierras arrebatadas a los pobladores originarios fueron repartidas a pequeños agricultores o farmers de manera gratuita o a bajo costo, lo que permitió el desarrollo de la producción agropecuaria y de la economía en general. Un porcentaje considerable de estas tierras fueron entregadas a las empresas ferroviarias y a los recién creados Estados para el fomento de la educación y el transporte.

A fines del siglo XIX un Ferrocarril cruzaba toda Norteamérica, desde California hasta New York, pasando por territorio aún poblado por comunidades originarias y por manadas de miles de bisontes. Todo esto junto con el fomento estatal para el desarrollo industrial y la innovación tecnológica fue lo que llevó a que para 1917, cuando ingresó a la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos fueran una potencia mundial. Para la década de 1920 era la primera sociedad de consumo de masas de la historia (1).

¿Qué es la Americanitis?

En este contexto es que empieza a utilizarse el diagnóstico de Americanitis, para referirse a un tipo particular de trastorno de ansiedad que afectaba a la sociedad norteamericana. El origen del término es desconocido. Una revista médica de 1882 lo atribuyó a un científico inglés que visitó el país en los años anteriores. La escritora Annie Payson Call (1853-1940), en su libro Power Through Repose (1891), lo atribuyó a un médico alemán. El “padre de la psicología norteamericana” William James (1842-1910) también es señalado a menudo como el inventor del término (2).

El estilo de vida estadounidense y la salud mental

La idea de que el ritmo de vida estadounidense de la época tenía efectos adversos para la salud no era una novedad. Ya en 1871 el médico militar Jacob Mendes Da Costa (1833-1900) había acuñado el término de Astenia Neurocirculatoria o Síndrome del Corazón Irritable, aunque este cuadro pasó a ser más conocido como Síndrome del Corazón de Soldado por diagnosticarse principalmente a veteranos y sobrevivientes de la Guerra de Secesión. Los síntomas incluían palpitaciones, opresión precordial, sensación de ahogo y fatiga crónica (3). Sin embargo fue la acuñación del término específico de Americanitis el que terminó por ser legitimado en los círculos médicos y científicos. El psiquiatra William S. Sadler (1875-1969) la definió como “el apuro, el ajetreo y el impulso incesante del temperamento norteamericano” que podía provocar hipertensión arterial, endurecimiento de las arterias, ataque cardíaco, neuroticismo y agotamiento, pudiendo llevar a la locura.

La American Medical Association reconoció la condición en 1898 y atribuyó sus causas a los cambios que se estaban dando en una sociedad rápidamente industrializada: el aumento del ruido callejero por las fábricas, la iluminación eléctrica que afectaba los ritmos del sueño y el desarrollo de los medios de transporte que daban a la gente una falsa necesidad de urgencia. Rápidamente el concepto pasó al habla cotidiana para referirse a una mezcla patológica de urgencia y preocupación.

Al poco tiempo se convirtió en un diagnóstico universal para explicar cualquier tipo de dolencia física, psíquica y social. En 1907 los medios atribuían a la americanitis la muerte del empresario de la carne Nelson Morris (nacido en 1838). El destacado docente del Massachusetts Institute of Technology (MIT) William Thompson Sedgwick (1855-1921) la consideró responsable del empeoramiento de la vista de los estadounidenses. En 1912 un profesor de Harvard la culpó de la creciente tasa de divorcios, y en 1922 el presidente del Departamento de Psicología de la University of Iowa dijo que el jazz y las “chicas flappers” (especie de “tribu urbana” de la época) eran manifestaciones de esta patología (4).

Combatiendo la Americanitis

Las revistas de difusión popular ofrecían consejos para combatir la americanitis que incluían el tomarse tiempo para hacer las cosas, no estar tan apurado, jugar más con los niños, comer más despacio, ingerir más frutas y verduras, reducir las listas de llamadas o de correspondencia, trabajar menos horas, salir a caminar o practicar deportes. Como podemos ver, no se diferencian mucho de los consejos que se ofrecen hoy para combatir el estrés.

Por otro lado, la industria farmacéutica no dejó pasar la posibilidad de hacer negocios con esta enfermedad de moda. La empresa Rexall lanzó al mercado el Americanitis Elixir, que promovió “para cada miembro de la familia, exceptuando el perro”. Los anuncios publicitarios prometían “alivio a los hombres de negocios sobre-exigidos«, a las “mujeres nerviosas, con exceso de trabajo y descuidadas”, y a los niños “delgados o nerviosos” con riesgo de volverse “inválidos para toda la vida”. Entre otros ingredientes, el elixir contenía 15 por ciento de alcohol y un poco de cloroformo. Su precio rondaba los 75 centavos la botella. Hay quienes proponían la terapia de electroshocks para “reestablecer el funcionamiento normal del cerebro” (5).

Parece que estos remedios no eran muy eficientes porque en 1925, la revista Time y otros medios de prensa reproducían las estimaciones de Sadler –que dictaba conferencias y había escrito un libro al respecto- de que la americanitis se cobraba la vida de 240.000 personas al año, siendo los principales afectados los hombres de entre 40 y 50 años (6).

La Gran Depresión en EEUU y la desaparición de la Americanitis

Pese a esto los días de la americanitis ya estaban contados y no fueron los tratamientos los que acabaron con ella. El 29 de octubre de 1929 se produjo la caída de la Bolsa de Valores de New York, dando comienzo a la Crisis Económica Mundial o Gran Depresión, como se la conoció en los Estados Unidos. La crisis modificó radicalmente la forma de vida en todo el país. Las industrias comenzaron a cerrar, los salarios cayeron estrepitosamente (para 1932 eran un 60% inferior a 1929), la desocupación afectaba a 8 millones de personas, los suicidios se multiplicaron en la población masculina, y se popularizaron las hoovervilles (“villas miserias”, caseríos precarios) y las “ollas populares” (7). La gente ya no andaba apurada ni se quejaba del exceso de trabajo. Los diagnósticos de americanitis comenzaron a desaparecer y, al poco tiempo, esta “enfermedad” quedó como una curiosidad en la historia de la psicopatología.

Americanitis vs Neurastenia

En la actualidad hay una tendencia a considerar a la Americanitis como el equivalente norteamericano de lo que en Europa se conocía en la misma época como Neurastenia. De hecho, si escribes “Americanitis” en algunos diccionarios médicos digitales, el buscador te redirige al término “Neurasthenia” (8). Lo mismo sucede en Wikipedia, tanto en su versión en inglés como en español. La neurastenia fue descrita por el médico estadounidense George Beard (1839-1883) como una enfermedad de origen nervioso que presentaba síntomas similares a la americanitis: fatiga física, cefaleas, dispepsias y constipación. Posteriormente Sigmund Freud (1856-1939) la incluiría dentro de las llamadas “Neurosis Actuales” (junto a la Neurosis de Angustia y la Hipocondría) y le atribuiría un origen sexual presente sin relación con situaciones traumáticas infantiles (9).

Otra tendencia es asociarla al TAG o Trastorno de Ansiedad Generalizada (F41.1). El DSM-V define este cuadro por las siguientes características: preocupación excesiva, problemas para controlar la preocupación y síntomas fisiológicos (inquietud, fatiga, irritabilidad, tensión muscular, problemas para dormir) que no pueden atribuirse al consumo de sustancias, enfermedad orgánica u otro trastorno mental (10). La CIE-10 incluye síntomas similares, pero lo que la diferencia del manual norteamericano es que excluye específicamente a la Neurastenia (F48.0) en el diagnóstico de TAG (11).

Pero más allá de las similitudes que podamos encontrar con diagnósticos actuales, la americanitis debe ser entendida dentro de un contexto específico y como la expresión clínica de los cambios vertiginosos que se dieron en los Estados Unidos en la época en que fue postulada.

Bibliografía:

(1) Bianchi, Susana; Historia Social del Mundo Occidental: del feudalismo a la sociedad contemporánea, Bernal, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, 2009, pp. 121-122; y Azcuy Ameghino, Eduardo; Trincheras de la Historia, Buenos Aires, Imago Mundi, 2004, pp. 150-162.

(2) Daugherty, Greg; “The Brief History of Americanitis”, Smithsonian.org, 25 de marzo de 2015.

(3) https://psiquiatria.com/glosario/corazon-irritable.

(4) (5) (6) Daugherty, Greg; “The Brief History…”, op. cit.

(7) Bianchi, Susana; Historia Social del Mundo Occidental…, pp. 217- 219.

(8) Un ejemplo se puede ver en: https://medical-dictionary.thefreedictionary.com/Americanitis.

(9) Lagache, Daniel (dir.), Laplanche, Jean y Pontalis, Jean-Bertrand; Diccionario de Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidos, 2015, pp. 235-236.

(10) American Psyquiatric Association; Guía de Consulta de los Criterios Diagnósticos del DSM-V, Washington-London, 2014, pp. 137-138.

(11) OMS; CIE 10: Clasificación Estadística Internacional de las enfermedades y problemas relacionados con la salud, Washington, Organización Panamericana de la Salud, 1995, cap. V.

Luciano Andrés Valencia
Nacido en Argentina. Escritor, Licenciado en Historia (Universidad Nacional de La Pampa) y estudiante de Psicología (Universidad Nacional del Comahue). Es autor de los libros: La Transformación Interrumpida (2009), Páginas Socialistas (2013) y Breve Historia de las personas con discapacidad (2018), además de haber participado en decenas de antologías y publicado artículos en medios argentinos y extranjeros.

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