Jonestown: el mayor suicidio colectivo de la historia

Verificado Redactado por Vanessa Viqueira. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 29 abril 2021.

El «mayor suicidio colectivo de la historia«, así lo calificaron los medios de comunicación que cubrieron la tragedia. Sin embargo, para muchas personas, fue un asesinato en masa.

La única verdad es que después de escuchar: «Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía», en boca del pastor evangélico estadounidense Jim Jones, 918 personas perdieron la vida el 18 de noviembre de 1978, en un remoto lugar de Guyana, en el noroeste de América del Sur.

Conozcamos qué sucedió.

El Templo del pueblo y Jonestown

El denominado Templo del pueblo fue una agrupación religiosa fundada en los años 50, rodeada de secretismo y liderada por un personaje muy llamativo: Jim Jones.

Jones fundó el Templo del Pueblo en su natal Indianápolis (Indiana) en la década de los 50, con la idea de amalgamar el ideal socialista, perseguido en aquellos años, en una comunidad donde no existieran fronteras de raza o nacionalidad.

Como todo líder de una secta, gran parte del atractivo para captar miembros emanaba del discurso atrayente de Jim Jones.

Jim Jones Jonestown
Jim Jones

La fascinación se convirtió en lealtad; esta se transformó en fanatismo; y finalmente acabó en idolatría.

A la vez que Jones continuaba agregando seguidores/as a su comunidad, su forma de hacer las cosas le iba granjeando enemigos. De esta forma, en 1975 decidió instalarse en Guyana, donde decidió fundar una localidad en la que se viviera el ideal forjado en el interior del Templo del Pueblo: se llamaría Jonestown.

Jim Jones defendía el proyecto como «un lugar dedicado a vivir por el socialismo, por la equidad económica y racial», de acuerdo a las grabaciones intervenidas por el FBI. Pero fue precisamente la vigilancia de los servicios de inteligencia el elemento que tornó en histeria su idealismo.

Además, estaba convencido de la inminencia del estallido de una guerra nuclear y solo la remota Guyana saldría indemne de la hecatombe.

Casi 900 adeptos viajaron desde California hasta Guyana.

Jonestown GuayanaDe esta forma se construyeron casas, se estableció una comunidad que muchos de quienes en ella vivieron no dudaron en describir como el paraíso. También se crearon granjas comunitarias que proveyeron gran parte de los suministros de Jonestown y los que faltaban eran traídos desde Georgetown (capital de Guyana) debido a un acuerdo comercial con el gobierno del país.

Sin embargo, poco a poco, la personalidad de Jim Jones comenzó a volverse errática y empezó a cambiar.

Las noches blancas

Partiendo de las investigaciones llevadas a cabo por el FBI, Jones creó lo que se llamaron las «noches blancas«, en las que se simulaban suicidios con cianuro y otras sustancias. Durante estos eventos, comenzó a mencionar acusaciones, como «traidores» y «cerdos capitalistas», para describir supuestas amenazas de la CIA contra su «paraíso».

Según reveló el informe del FBI, «Durante estas noches blancas, Jones daba a los miembros de Jonestown cuatro opciones: huir a la Unión Soviética, cometer un ‘suicidio revolucionario’, quedarse en Jonestown para luchar contra los invasores o huir hacia la selva».

Este proceso fue calificado como de lavado de cerebro.

El principio del fin

Jones lideraba a sus fieles con un socialismo utópico que en los agitados años sesenta no gustaba a la CIA. Fue así que en 1978 se envió a Jonestown al congresista norteamericano, Leo Ryan, acompañado de tres reporteros de la NBC, un desertor de la secta y once norteamericanos más familiares de los fieles, junto al diplomático Richard Dwyer, de la embajada de Estados Unidos en Guyana.

El solapado objetivo era investigar las actividades de la secta, en concreto los supuestos malos tratos infligidos a algún miembro.

Según cuenta una superviviente, «con la inminencia de la visita, Jones comenzó a hablar en un tono fatalista y a reforzar su discurso.

A tratar de traidores a las personas que intentaran irse con el congresista Ryan», dijo Johnston Kohl, superviviente.

Pero en este punto de la historia, el relato comienza a ser confuso. Aun así, nada hacía prever la masacre.

Después de sortear reticencias iniciales, pudieron acceder al recinto y constataron que «contrariamente» a lo que transmitía la opinión pública, “todos los miembros parecían bastante saludables», en palabras de Charles Krause, un reportero del ‘Washington Post’ que formaba parte de la comitiva. No obstante, mientras pasaban la noche a las puertas de la ciudad, una docena de personas se les acercaron para suplicarles volver a Estados Unidos.

De acuerdo con el testimonio de los pocos supervivientes, el 18 de noviembre cuando Ryan concluyó su visita a Jonestown, y antes de salir en una avioneta rumbo hacia Georgetown invitó a las personas que quisieran irse con él de regreso a Estados Unidos.

Antes de que la delegación despegara, sufrió una emboscada a manos de fieles encolerizados que acabaron con la vida de Ryan y otras cuatro personas. Todos murieron.

Simultáneamente, Jim Jones invocaba el ritual que había ensayado decenas de veces ante la inminente llegada de «los invasores».

Un asesinato en masa

Cuando el líder mandó a reunir a todos los integrantes de la comunidad, reiteró que las amenazas al paraíso eran reales y que se debía hacer una revolución de «muerte».

«Por el amor a Dios, ha llegado el momento de terminar con esto», se puede escuchar en las grabaciones en estado de casi delirio.

Jonestown Suicidio Colectivo
Unas 900 personas murieron ese día, incluido unos 200 niños

Entonces Jones lanzó la frase premonitoria de la muerte:

«Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo.
Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados.
Acabemos con esto ya.
Acabemos con esta agonía».

De esta manera, las secretarias y enfermeras que trabajaban en Jonestown comenzaron a entregar frascos llenos de cianuro potásico mezclado con zumo de uva. Los y las menores fueron las primeras víctimas.

Debemos recordar en este punto que la muerte por envenenamiento de cianuro es sumamente dolorosa, y en aquel momento al ingerirlo las víctimas gritaban de dolor.

Cuando los medios de comunicación dieron cuenta de la tragedia, quedó consignado como el mayor suicidio colectivo de la historia.

Finalmente, Jones fue hallado muerto también, pero no había sido derribado por el cianuro, sino por el disparo de una escopeta. El culto religioso nacido al calor de los movimientos contraculturales en Estados Unidos había encontrado su fin.

Recursos

Vanessa Viqueira es Psicóloga (Col. O-02483), Criminóloga (Col. M-0099) y Especialista en Psicopatología y Salud. Dispone de amplia experiencia en el ámbito de la Psicología Forense, está habilitada como Perito Judicial TSJ Madrid y es miembro del Área de Psicología Jurídica COP España. Además trabaja como Docente presencial y Tutora e-Learning. Es Autora experta en ADR Formación y también es Redactora en la Editorial Paraninfo.

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