Joker

«Joker», la última película de Todd Phillips, protagonizada por Joaquin Phenix, está cosechando críticas muy positivas desde la prensa especializada y desde el público en general. Este artículo tiene como finalidad plantear y debatir ciertos aspectos de la película en torno a los trastornos mentales. ¿Es necesario haber visto la película para leer este artículo? Realmente no, pero sí aconsejable. A lo largo del artículo se hablarán de algunos puntos de la película, aún así, se trata de momentos o acontecimientos que no desvelan el final del largometraje.

Cuando se ha visionado la película, llama la atención la empatía que se siente hacia un personaje que resultar ser un asesino en serie. Sin embargo, se aborda tanto la caída de su protagonista, Arthur Fleck, que nos llegamos a encontrar en sintonía con sus acciones. Es por ello, que puede llegar a incomodarnos. ¿A caso sentiríamos empatía hacia un criminal fuera de las pantallas? La película logra hacernos ver que aquellas personas que sufren trastornos mentales pueden verse éstos agravados si la sociedad, en lugar de ayudarles y aceptarlos, los marginan.


Arthur Fleck, un hombre marginado

Arthur Fleck, el nombre real del personaje del Joker, es un hombre marginado y atormentado. Un hombre a quien la sociedad golpea física y emocionalmente. En este punto ya podemos empezar a indagar en las consecuencias que la marginación social puede tener. Entre ellas: ansiedad, baja autoestima, depresión, sentimientos de ira, frustración, venganza, rencor… Fleck, cuyo propósito en la vida es hacer reír a los demás, se percata que los demás no están por la labor de aceptarle, al contrario, lo ven como un ser extraño.

A nivel general, cuando alguien lleva a cabo según qué conducta negativa, solemos tacharlo de «loco». Pero lo vemos como una excepción. Sin embargo, es interesante empezar a cambiar el punto de vista y analizar si esa persona que ha cometido un acto condenable es «víctima» de unas circunstancias adversas. Con esto, no se justifica ni se resta importancia al acto, sino que se intenta explicar una conducta delictiva. Desde la psicología, explicar este tipo de comportamientos es importante para poder prevenirlos.

Arthur Fleck, se convierte en el Joker, entre otras cosas, por el hartazgo de una sociedad que no acepta al diferente, que no acepta a alguien con unas peculiaridades muy marcadas. Una nula aceptación mostrada a través de burlas y agresiones. El vaso del Joker estaba al borde del derrame y se derramó. ¿Justifica todo ello que se convierta en referente del crimen? En absoluto. ¿Explica todo ello que pueda convertirse en este referente? Sí. Así pues, con este tipo de conocimientos, se puede promover y fomentar la aceptación, la compasión y el amor entre nosotros.

Joker y el trastorno mental

La marginación y el acoso no son los únicos problemas de Arthur Fleck. También padece un trastorno mental. Es importante señalarlo ya que esto agrava la conducta de los demás con nuestro protagonista. El comportamiento del Fleck es extraño. Su mirada, su forma de hablar, sus gestos… A pesar de que su objetivo sea hacer reír, no transmite alegría ni tranquilidad, sino todo lo contrario. Y esta extrañeza la transmite a los demás, tanto conocidos como desconocidos.

«La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras».

-Arthur Fleck, el Joker (Película)-

El personaje es desconcertante e incómodo, por lo que la conexión con aquellos que le rodean se dificulta. Su trastorno mental (y todo su complicado pasado) dificulta al personaje una correcta interacción con su entorno. Como escribe en su diario Arthur Fleck: «La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras». Con esta afirmación, se refleja a la perfección que aunque intentemos normalizar los trastornos mentales, hay gente a quien le molesta. Alguien que padece un trastorno no sólo debe lidiar contra él mismo, sino con aquellos que le tratan como alguien «raro».

Un reflejo del trastorno mental que padece nuestro protagonista es su risa incontrolable e incómoda en situaciones de tensión. Cada vez que se ríe, provoca las burlas, las quejas y las miradas frívolas y hostiles de aquellos que están a su alrededor. De esta forma, la incomprensión de este trastorno, se convierte en un problema: cuando Arthur Fleck se ríe de forma descontrolada, el mundo le señala. La falta de comprensión de los trastornos mentales y sus expresiones conductuales, acentúa la falta de socialización que presentan muchos afectados por estos trastornos.

Joker, la consecuencia

Además de todo lo anterior, el Joker, es el resultado de una educación deficiente, de una familia desestructurada y de una infancia nefasta. ¿Qué podemos esperar de alguien que ha vivido en semejantes condiciones? Buscamos la paz, la concordia y la racionalidad en alguien que nunca ha estado en contacto con la cordura. Es por ello tan necesario reflexionar sobre el correcto trato hacia los demás y sobre la educación que posee la sociedad sobre los trastornos mentales.

Si nos dejamos condicionar por la el diagnóstico, tan sólo veremos un trastorno, pero no a la persona. Sin embargo, cuando comencemos a ver a la persona que hay detrás de cada etiqueta, empezaremos a comprender que no todos somos iguales y que el trato a cada uno depende de sus circunstancias. La película Joker, nos ayuda a reflexionar sobre este punto a través de la empatía que podemos llegar a sentir hacia el personaje. Comprendemos su situación, sus circunstancias, lo vemos como una víctima en casi todos sus aspectos. Lo observamos como alguien perdido en mitad de la noche y que nadie le enciende una luz. Así pues, en lugar de juzgar tanto a los demás, ¿por qué no encendemos más luces? 

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