honor

El honor ha sido la principal fuente de energía física y espiritual de todas las culturas durante milenios. La máxima expresión de su significado lo encontramos en las culturas indoeuropeas y europeas occidentales. Aunque, claro está, también se ha dado en otras culturas, como la japonesa. Nos hallamos ante un valor elevado, cuyas formas de expresión o manifestación han sido muy diversas a lo largo de la historia.

El sentido del honor ha estado presente en muchos pueblos y en muchas épocas históricas, aunque hoy en día se encuentre en grave retroceso. Este noble ideal ha vertebrado la sociedad, el orden social. Ha motivado a muchos a realizar proezas extraordinarias, aunque también actos reprochables.


De esta manera, el honor ha sido uno de los valores supremos de la cultura tradicional, forjada sobre sólidos principios espirituales y sagrados, e inspirada por una visión aristocrática de la vida y la existencia. En la cual, los mejores han de estar a la cabeza, a la cabeza de ellos el mejor, y todos con el mejor.

El escritor italiano afirma Attilio Mordini afirma lo siguiente:

Al remontarse hacia atrás, en sentido inverso al fluir del tiempo, la investigación histórica nos pone siempre frente al hombre del rito y del honor, de la sabiduría y del orden.

Comprender la forma de sentir y de aprehender la realidad de nuestros ancestros, nos ayuda a entender su psicología, y a tratar de explicarnos qué dirigía sus vidas y por qué actuaron de la forma que lo hicieron.

No podemos incurrir en el error de tratar de juzgar el pasado bajo la óptica presente. Hay que tratar de comprender y ponerse el lugar de nuestros antepasados, para tratar de entender su complejo y peligroso mundo.

El honor en la cultura tradicional española

La península ibérica ha sido siempre un lugar estratégico, donde han confluido muchas culturas y tradiciones. Muchas de ellas trataron de imponer su visión del mundo y de la vida, con mayor o con menor acierto.

España fue, tal vez, la nación donde la idea del honor caló más fuertemente en todas sus clases sociales. Realmente, la honra y el sentido aristocrático de la vida forjaron la identidad hispana desde la Edad Media hasta prácticamente nuestros días.

El ideal del honor en España es claramente una herencia goda, tan inclinada hacia las cuestiones como la honra, la lealtad y la devoción personal. En pocas naciones arraigaron tanto estos ideales como en España, tal y como defienden muchos autores españoles y extranjeros.

La España medieval

En la España medieval el sentido del honor daría origen a la figura del hidalgo, la cual se asienta en dos firmes pilares: honra y deber.

Así pues, ese noble caballero está moldeado por gestas heroicas, actos meritorios, esfuerzo y cumplimiento del deber. De igual modo, el hidalgo se distingue por sus valiosos servicios al Rey, a la patria y a su estirpe.

Miguel de Cervantes, imbuido por el espíritu del hidalgo español, y fiel heredero del espíritu medieval hispánico dirá lo siguiente:

Las heridas recibidas en el combate por quien en él ha peleado de forma heroica son estrellas que guían a los demás al cielo de la honra

Miguel de Cervantes en la Batalla de Lepanto (1571). Cuadro de Ferrer-Dalmau.

Recuerden que el propio Cervantes resultó herido, quedando impedido de un brazo, durante la Batalla de Lepanto, que enfrentó a las escuadras españolas y turcas, con resultado victorioso para las naves españolas.

La honra en los tiempos más difíciles

La gesta española, desde la Reconquista hasta el siglo XVII fue grandiosa. No solo descubrió, civilizó, evangelizó y conectó comercial y culturalmente todos los continentes del planeta. Si no que, a la vez, tenía que combatir contra los turcos en el sur y el este (que eran la superpotencia de la época), a la vez que sostenía guerras con Francia, Inglaterra y Holanda.

En el presente nos preguntamos cómo fue posible todo aquello y qué pudo motivar a los españoles a resistir y seguir adelante. La respuesta es clara, el sentido del honor.

Un sentido del honor, unido a un fuerte y profundo sentido religioso que lo supeditaba todo a la gloria de Dios y de la Patria. Según el hispanista alemán Karl Vossler:

Las aventuras atraían más al alma española que el comercio, la guerra más que el trabajo. Para los españoles el poder y el honor valían más que las riquezas. De ahí acuñó el concepto de Ein kriegerisch-fromme Herrenvolk (el pueblo español como un pueblo guerrero-religioso de señores)

García Valdecasas señala que hubo una época en España en la cual el honor era un centro espiritual, hacia el que gravitaba la vida, con un eje en cuyo torno se orientaban las actividades sociales. Así pues, y según el autor, para los españoles el honor era el Sol del firmamento social.

En esta misma línea, el poeta Lope de Vega calificó a España como la más honrada nación, queriendo decir con la anterior que era el pueblo que más importancia le concedía al honor.

El honor dio forma a la nación española

Batalla de Rocroi (1643). Los tercios españoles se baten contra el ejército francés

No es exagerado afirmar que el honor dio forma a la nación española. Sin él sería imposible comprender ni el carácter ni muchas de las vicisitudes por las que pasó España a lo largo de su historia. Sin la omnipotente presencia del honor habrían sido imposibles las hazañas y gestas históricas que nos caracterizan.

El honor era la más básica condición para prestar servicio a la Patria, en nombre de Dios y del Rey. Tal y como afirma el francés René Quatrefages sobre los españoles: «sin honor no se podía servir al Rey». El mismo autor sostenía que «al español poco le importaba la muerte siempre que el honor quedara a salvo. «

En la misma línea, otro francés, Jean Creac’h, afirma «El único sufrimiento que este pueblo es capaz de sentir en su carne, el único que no sabe soportar es el que le producen las heridas en el honor».

Para el hispanista estadounidense Waldo Frank, «España no es más que una sinfonía en clave del honor. Así pues, el sentido español del honor es el esfuerzo de España entera por resistir y vencer al adversario». Por otra parte llegó a afirmar: «El pundonor fue el asidero por donde el español cogió, no ya su lugar en el cielo, sino su puesto en la tierra».

Imperio, cultura, ejército y honor

Fue claramente el sentido del honor lo que dio su enorme fuerza al ejército español durante los siglos XVI y XVII, que llegó a ser el más poderoso de su época. La convicción de estos soldados, de sentirse firmemente asentados en el valor de la honra y el sentido del deber, lo que los hizo invencibles durante más de un siglo.

El historiador italiano Raffaele Puddu, atribuye al sentimiento del honor la cohesión y disciplina de las tropas españolas en todos los frentes de combate. Así, sostenía:  “Desde el príncipe hasta el simple soldado de infantería la cadena del honor enlaza entre sí a todos los miembros de la sociedad militar”.

La catalana Agustina Zaragoza y Doménech, apodada «Agustina de Aragón», al frente de una batería española durante el Sitio de Zaragoza (1809)

El supremo aprecio de la propia honra que tenía cada soldado, la conciencia de su propia dignidad personal, unida a “la idea cristiana de que en todo hombre hay un alma que honrar”, convirtió a los ejércitos de la Monarquía hispánica en una comunidad integrada por “señores soldados”.

Vossler, por su parte, señala que el ejército imperial español fue una auténtica escuela de honor. Todo aprendían a honrar y ser honrados. El honor se ganaba sirviendo con distinción a su Patria, al tiempo que enfrentaban situaciones de vida o muerte, casi siempre en total inferioridad numérica y de medios.

Comentarios Finales

Es muy cierto que el culto al honor ha degenerado con el tiempo, siendo el causante, en varias ocasiones, de graves desviaciones e imprudencias. El pueblo español, que ha sido el que más se ha distinguido en el aprecio y el culto al honor, ha incurrido también terribles deformaciones del verdadero concepto de honra. Todo esto ocurre cuando se exaltan ciertas pasiones y se llevan muchos ideales al extremo.

Sin embargo, esto no debe empañar el fondo noble e idiosincrático de la visión española tradicional de la vida, centrada en las ideas de honor, deber, lealtad y un sentido aristocrático de la existencia.

Referencias

  • Quatrefages, Los Tercios, trad., Madrid, 1983
  • Vossler, Spanien und Europa, München, 1952
  • García Valdecasas, El hidalgo y el honor, Madrid, 1948,
  • Frank, España virgen, trad. de León Felipe, Santiago de Chile, 1941
  • Puddu, El soldado gentilhombre, trad., Barcelona, 1984
  • Navasal y de Mendiri, La hora de España, Santander, 1938
Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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