mujer-interrogantes

Para entender el concepto de salud y enfermedad dentro del enfoque humanista, es importante comprender la concepción psicológica que tienen del ser humano, que tiene como principios la autonomía y la autorrealización en el hombre, la búsqueda de sentido en la existencia y la concepción global del ser humano.

Los principios del humanismo

Los principios de la perspectiva humanista se conciben como sigue:

  • Autonomía e interdependencia social: autonomía significa aquí capacidad para dirigir el desarrollo propio, tomando decisiones y aceptando responsabilidades. Se sostiene que la autonomía individual y la responsabilidad social no son principios contrapuestos sino complementarios, por lo que sólo un individuo que es autónomo puede ser responsable ante la comunidad.
  • Autorrealización: se concibe como una tendencia inherente al organismo que lo impulsa hacia el crecimiento y la diferenciación. El desarrollo de esta tendencia depende en gran medida de la satisfacción previa de las necesidades básicas del organismo.
  • Búsqueda de sentido: aquí el énfasis recae en el carácter intencional de la acción humana. Sostiene que el hombre no sólo se mueve por motivaciones materiales, sino también para principios axiológicos, como la libertad, la justicia y la dignidad, que significan el intento de trascender la propia existencia.
  • Concepción global del ser humano: el ser humano se considera como una Gestalt, un conjunto integral en que sentimiento, pensamiento y acción forman un todo orgánico.

Debemos tener en cuenta que este modelo acepta que el individuo no reacciona ante la realidad, sino ante la percepción que tiene; esta experiencia subjetiva no puede ser conocida por otra persona, sólo se puede inferir empáticamente o comprender por medio de la narración del mismo sujeto. El mundo interior de la persona es un campo en el que interactúan todos los elementos, y en el que resulta difícil, sino imposible, identificar una causalidad concreta.

De hecho, la creencia fundamental para este modelo es que el individuo está sujeto a un proceso de crecimiento llamado maduración, que consiste en pasar del apoyo del ambiente al autoapoyo, ya que el ser humano parece dirigir su vida hacia un proceso creciente de autonomía e independencia. Este proceso de maduración transcurrirá de forma adecuada si el individuo es capaz de discriminar cuáles son sus necesidades y sus límites a la hora de conseguirlas.

Personalidad madura vs inmadura

Características de la personalidad madura o funcional

Las personas que funcionan bien, guiadas por sus necesidades, suelen tener un conjunto muy rico de experiencias bien aceptadas y asimiladas. Sienten sus emociones sin distorsionarse, y pueden activar su energía y movilizarse en la dirección correcta. Tienen una gran capacidad discriminativa para identificar las experiencias satisfactorias y rechazar las inconvenientes o separarse. Tienen todo un arsenal de posibilidades y alternativas que les dan flexibilidad para adaptarse a las diferentes condiciones vitales, lo que les garantiza el equilibrio y el bienestar.

Características de la personalidad inmadura o disfuncional

Los individuos disfuncionales, en cambio, pueden tener pocas experiencias o muchas pero mal aceptadas o asimiladas, o estar pegados a situaciones inconclusas. Distorsionan sus emociones, y eso dificulta que se movilicen y utilicen sus recursos correctamente. Todo esto les impide vivir en el aquí y ahora la experiencia, y poderse enriquecer con esta experiencia y madurar.

Otras dificultades que podrían encontrar serían las siguientes: no sienten sus sensaciones; las sienten pero se bloquean en identificarlas, lo que hace que las transformen en amenazantes y por ello las repriman; dan cuenta de lo que necesitan, pero no desarrollan suficiente ímpetu para ejecutar lo que saben que es adecuado para ellos; tienen energía, pero no les es posible encarrilarse la para conseguir lo que desean; presentan dificultades para discriminar las experiencias; no pueden reponer después de alcanzar una meta, y así están en continuo movimiento, sin poder asimilar adecuadamente su experiencia. Todo esto generaría insatisfacción y sufrimiento, que se manifestarían por diferentes síntomas.

La neurosis estaría relacionada con necesidades no satisfechas o la satisfacción de las que fue interrumpida prematuramente.

En los modelos humanistas para explicar por qué el individuo se comporta de una manera disfuncional no se apela al pasado, a la historia personal, sino a los mecanismos del presente que actúan para mantener la disfunción. Así, el individuo que funciona bien está en el “aquí y ahora”, aunque tenga en cuenta el pasado y planifique su futuro; vive, piensa y actúa en el presente. Cruz enteramente en lo que hace, se compromete con la experiencia, si siente que es enriquecedora. En cambio, el individuo disfuncional tiende a bloquear el contacto, a restringirse, a limitarse. A menudo no sabe lo que siente, tiene dificultades para expresar adecuadamente sus emociones y las utiliza inadecuadamente en el proceso de activación.

Una persona saludable, por tanto, es la que a lo largo de la vida se enriquece con las experiencias, madura, y así gana en libertad, flexibilidad y capacidad de relación consigo misma y con los demás.

Los trastornos psicopatológicos son defensas, negaciones, estancamientos, renuncias o pérdidas de libertad de la persona, que de esta manera no puede seguir el proceso de maduración y crecimiento vital.

mujer-pajaro-pelo

Dificultades para lograr el proceso de maduración

Según Rogers, hay dos tipos de conductas patológicas que dificultan el proceso de maduración:

Conducta defensiva neurótica

Se da cuando el sujeto siente como una amenaza las experiencias que le resultan incompatibles con la imagen que tiene de sí mismo. Se construye entonces una estructura rígida, el objetivo es defender el sistema. Para ello, utiliza mecanismos represivos, es decir, los que anulan parte de la experiencia. Cuando fallan se genera tensión y angustia.

Ejemplo

La Rosa es una mujer de cuarenta y tres años con una baja autoestima. En el colegio, a pesar de que estudiaba mucho, su profesor siempre le ponía un cinco y le decía que era muy tonto. Se casó joven y mientras duró su matrimonio se dedicó a las tareas domésticas. Cuando decidió separarse se sacó la FP-1 y el FP-2 de la rama administrativa, se presentó a oposiciones y las sacó. Ahora ha decidido estudiar una carrera. Está nerviosa y no confía en que esté al nivel de sus compañeros. Cada vez que recibe una buena nota en algunos trabajos, la atribuye a la suerte, a que la profesora es muy poco exigente, que sus compañeros no han trabajado mucho… Nunca es porque ella tiene suficiente inteligencia para hacerlo bien. Esto sería incompatible con la imagen de sí misma como “tonta”.

Conducta regresiva y desorganizada

Se dan cuando la incongruencia entre la imagen de uno mismo y la experiencia es demasiado grande y los mecanismos defensivos resultan incapaces para sostener la organización. En estas condiciones la estructura se puede derrumbarse, y esto produce crisis y cambios bruscos, y genera como consecuencia la conducta errática y contradictoria característica de la psicosis.

Ejemplo

María tiene sesenta y cuatro años y se acaba de jubilar. Era la dueña de una fábrica textil. Su vida era la fábrica. Su marido también trabajaba en el negocio familiar pero su función era de tipo comercial, que compatibilizaba con la atención de los hijos de ambos. De hecho, María apenas tenía contacto con ellos. Desde que se ha jubilado, dice que su marido le esconde las joyas familiares, rompe los zócalos del baño y le abre las ventanas de la habitación mientras duerme para que se enfríe. Él lo niega todo.

Quizás María siente que no tiene un papel en la vida y que su estructura se erosiona.

Las personas con funcionamiento neurótico responden ante una experiencia que no confirme la imagen de sí mismas con tensión y angustia, ya que su estructura tiene dificultades para llevar a cabo los cambios que conlleva este nuevo concepto de uno mismo.

Las personas con funcionamiento psicótico lo hacen con un comportamiento errático y contradictorio, ya que su estructura se derrumba al no poder asimilar esta nueva realidad interna o externa.

Los psicólogos humanistas describen los mecanismos de resistencia o evitación del contacto que habitualmente utilizamos para defendernos de las experiencias no confirmatorias de la imagen de nosotros mismos. Estos mecanismos son útiles y “normales”, pero se transforman en patológicos si se utilizan de una manera rígida y fuera del contexto en que son aceptables. Estos serían:

Introyección

Se entiende como la interiorización de un evento externo de una manera más o menos indiscriminada.

Ejemplo

El introyector patológico se conforma a “tragarse” las cosas enteras, sin “probarlas” ni “masticarlas”, sin diferenciar entre lo que es innecesario y lo que verdaderamente necesita.

Si al introyector alguien le dice que es tonto, se lo cree sin plantearse qué ha pasado, qué ha hecho y si su conducta ha sido adecuada o no, y cuáles son los motivos explícitos e implícitos del otro para decirle eso. Para él, es más fácil asumir lo que dicen los demás, por muy doloroso que resulte, que enfrentarse y entrar en conflicto, ya que no confía mucho en sus posibilidades y / o no cree en sus razones con firmeza.

Proyección

Es lo contrario de la introyección; en este caso, el sí mismo invade el mundo externo. La proyección “sana” permite la comprensión del otro, ponerse en su lugar, mientras que la patológica se caracteriza por funcionar de una manera habitual y estereotipada. El proyector patológico no puede aceptar sus propios actos o sentimientos inadecuados para que no se compaginan con la idea que tiene de sí mismo, “no debería” tener. Por ello, no reconoce sus problemas y sus responsabilidades y los atribuye a los demás. No es capaz de reconocer los aspectos rechazados de sí mismo, pero es muy hábil reconociéndolos en los demás.

Ejemplo

Luis pregunta a Ana donde va y con quién. Le hace la vida imposible. Está muerto de celos porque cree que flirtea con los chicos. Cuando está en terapia reconoce que a él le gusta mucho seducir y que en el trabajo lo suele hacer de forma habitual con todas las compañeras.

Retroflexión

Quien utiliza este mecanismo vuelca hacia sí mismo lo que quiere hacer al otro, o se hace a sí mismo lo que quiere que otro le haga. La retroflexión “sana” es necesaria, no se pueden expresar de una manera “salvaje” los impulsos agresivos y los deseos sexuales. Este mecanismo se puede utilizar para rectificarse y corregirse. Pero el retroflector habitual abandona cualquier tentativa de influir sobre el medio, y se convierte en una unidad aislada y autosuficiente, que impone severas restricciones al intercambio entre el medio ambiente y él. Cuando se cronifica como mecanismo da pie a actitudes masoquistas, somatizaciones o satisfacciones narcisistas.

Ejemplo

La Rosa es una chica de veinte años que sufre de anorexia nerviosa. Está hospitalizada. Cada vez que su familia le anuncia que no puede acudir a visitarla, comienza a darse golpes contra la pared.

Deflexión

Es una maniobra que tiende a rehuir el contacto directo con otra persona. Es una actitud de evitación, de manipulación, de ir con rodeos. El deflector se toma a broma las cosas serias, evita mirar al interlocutor a los ojos y se desvía del tema cuando habla. Prefiere las emociones “débiles” a las “fuertes”. La deflexión puede ser una estrategia eficaz si el individuo no se quiere involucrar, pero el uso crónico impide el contacto verdadero. Es característico del deflector sentirse aburrido, vacío indiferente y fuera de lugar.

Ejemplo

Núria viene a terapia por problemas de ansiedad. Le cuesta profundizar en las cosas y mantiene un tono divertido y superficial. En un momento determinado, la terapeuta apunta que su ansiedad la podría proteger de sentimientos depresivos. Núria responde: “Que me deprimiré. Que aburrido, ¿verdad?”.

Confluencia

Se trata de una situación de no-contacto, de no confrontación. Es un estilo de relación en la que el individuo trata de no tener fricciones, huye de los conflictos con la esperanza de evitar la agresión de los demás, o de obtener “premios” por su “buena conducta”. La persona que la utiliza no hace las cosas que le gustan, sino que se ajusta a lo que cree que los demás le exigen. Solo se permite los pensamientos, los sentimientos o las conductas que él supone que los demás esperan. Puede ser adecuado en determinadas circunstancias, si la persona tiene otros objetivos y prefiere no tener problemas que le distraigan. Pero si se transforma en un modo habitual de ser, limita mucho su vida y suele ser fuente de insatisfacciones y resentimientos, sobre todo si no obtiene los “premios” que esperaba.

Ejemplo

Teresa tiene graves problemas de inseguridad que, según ella, compensa pensando que es lo que los demás quieren que haga y haciéndolo. Pero esto le devuelve una imagen tan triste de ella misma que ya no puede más.

Grados de maduración y de crecimiento personal en psicología humanista
Vota este artículo!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.