25 frases de Zelda Fitzgerald que te dejarán pensando

Verificado Redactado por Isbelia Farias. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 30 abril 2021.

Estas frases de Zelda Fitzgerald no te dejarán indiferente, pues, ella fue una increíble mujer que inspiró a muchas otras, e incluso a la saga de videojuegos que lleva por título The Legend of Zelda.

Zelda Fitzgerald, cuyo apellido de soltera fue Sayre, nació en el año 1900, en Alabama, fue una bailarina y una novelista famosa. Su popularidad aumentó luego de que su esposo, Francis Scott Fitzgerald, publicase su exitosa novela, A este lado del paraíso, en 1920.

Se dice que muchas de las frases de Zelda, su esposo las tomó para sus obras, sin embargo, estos son rumores.

Luego de haber fallecido, Zelda alcanzó una fama notoria tras la publicación de una biografía basada en su vida. Sin embargo, en dicha biografía también salió a la luz que su esposo era controlador y ella era víctima de él.

A partir de 1992 entró en el Salón de la Fama de las mujeres de Alabama. Por ello, queremos mostrarte las más grandiosas frases de Zelda Fitzgerald.

Esta compilación de frases contempla aquellas que han sido las más notorias dentro de su carrera como novelista, así como en su vida ordinaria.

Frases de Zelda Fitzgerald

Para cuando una persona ha cumplido los años adecuados para elegir un rumbo, la suerte está echada y hace mucho que pasó el momento en que determinó su futuro.

No entiendo por qué tengo constantemente este presentimiento de un desastre inminente.

Tenemos algo que hacer y tan pronto como lo tenemos, nos atrapa.

Todo lo que quiero ser es siempre muy joven y muy irresponsable y sentir que mi vida es mía, vivir y ser feliz y morir a mi manera para complacerme a mí misma.

Silenciosamente esperaba que le sucedieran grandes cosas, y sin duda esa es una de las razones por las que sucedieron.

Nadie ha medido jamás, ni siquiera los poetas, cuánto puede contener el corazón.

«Son los cabos sueltos con los que los hombres se cuelgan.

Se negó a aburrirse principalmente porque no era aburrida.

Recuerdo cada punto de luz que alguna vez hizo una sombra junto a tus huesos.

Discúlpame por ser una intelectual. Sé que preferirías a alguien más femenina, agradable y afectiva.

Ojalá pudiera escribir un libro hermoso para romper esos corazones que pronto dejarán de existir: un libro de fe y pequeños mundos limpios y de personas que viven según las filosofías de las canciones populares.

Realmente soy solo yo misma cuando soy otra persona a la que he dotado de estas maravillosas cualidades de mi imaginación.

Gracias de nuevo por salvarme. Algún día, yo también te salvaré.

La noche que me diste mi fiesta de cumpleaños… eras un joven teniente y yo era un fantasma fragante, ¿no? Y fue una noche radiante, una noche de suave conspiración y los árboles coincidieron en que todo iba a ser lo mejor.

¿No es gracioso cómo el peligro apasiona a la gente?.

Sin ti, querido amor, no podría ver, oír, sentir, pensar, ni vivir, te quiero tanto y nunca en toda nuestra vida voy a dejar que nos separemos una noche más.

Parecía haber un apoyo celestial debajo de sus omóplatos que levantaba sus pies del suelo en una suspensión extática, como si secretamente disfrutara de la habilidad de volar, pero estuviera caminando como un compromiso con las convenciones.

Crecimos fundando nuestros sueños en la promesa infinita de la publicidad estadounidense. Sigo creyendo que se puede aprender a tocar el piano por correo y ese barro te dará una tez perfecta.

El problema con las emergencias es, dijo, que siempre me pongo mi mejor ropa interior y luego no pasa nada.

Puedo hace exactamente lo que me venga en gana, ¡lo que sea! ¡Si quiero, puedo dormir mientras estoy despierta!

Para mí, la mejor forma de provocar lo inesperado es acostarme con la crema de la cara puesta.

«Te amo de todos modos, incluso si no hay ningún yo o ningún amor o incluso una vida, te amo.

Ante de las nueve, París es un dibujo a pluma y tinta china.

Las personas son como los almanaques, Bonnie: nunca encuentras la información que buscas, pero vale la pena hojearlos.

Algo en mí vibra hasta convertirse en un olor oscuro y soñador de lunas y sombras moribundas.

Estas han sido las frases de Zelda Fitzgerald, una mujer que siempre deseó alcanzar un puesto en la sociedad por mérito propio, en lugar de ser solo una sombra de su esposo, pero que, en sus múltiples intentos, llegó a fallar, pues, finalmente fue recluida en un sanatorio.

Previo a ello, su deseo de convertirse en una bailarina la llevó hasta el agotamiento extremo y, al final, su propio esposo la descalificó cuando ella escribió su propia novela, acusándola de plagio, a lo que cabe preguntarse, ¿de quién eran verdaderamente las ideas?, ¿sería Zelda la mujer inspiradora, real y la verdadera novelista? Esto queda a consideración de cada lector.

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Licenciada y Máster en filosofía (Universidad del Zulia), maestrante en Orientación en Sexología (CIPPSV) su área está enfocada hacia el bienestar y la sexualidad en la pareja. Posee certificación en coaching (Universidad Autónoma de Barcelona), Fundamentos de la escritura (Tecnológico de Monterrey), Sexualidad, mucho más que sexo (Universidad de los Andes), Psicología Positiva (Universidad Metropolitana de Caracas), diplomada en Logoterapia y Análisis Existencial, Orientación de la Conducta y Psicología Forense.

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