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Félix Rubén García Sarmiento (1867 – 1916), conocido como Rubén Darío, fue un poeta nicaragüense que inició el movimiento literario hispanoamericano conocido como modernismo, que floreció a fines del siglo XIX. Darío ha tenido una gran y duradera influencia en la literatura y el periodismo español del siglo XX. Ha sido elogiado como el “Príncipe de las letras castellanas” y padre indiscutido del movimiento literario modernista.

Citas célebres de Rubén Darío

La virtud está en ser tranquilo y fuerte; con el fuego interior todo se abrasa.

Cuando el hombre ama de veras, su pasión lo penetra todo y es capaz de traspasar la tierra.

Creo que siempre es preferible la neurosis a la imbecilidad.

Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo.

Las traiciones de la ambición nunca cesan.

No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura.

La poesía existirá siempre que haya un problema de vida o muerte.

Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer.

Este axioma a toda hora habrás de meditar: la ciencia de vivir es el arte de amar.

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa.

Todo lo que vemos o nos parece, ¡no es sino un ensueño dentro de un ensueño!

Las letras, como las flores, como las frutas, como los pueblos, suelen sufrir epidemias que las devastan y desfiguran.

Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma.

Hagamos, porque es bello, el bien…

La elegancia no consiste en el exceso de adornos, ni en la profusión de alhajas.

Aborreced las bocas que predicen desgracias eternas.

Hoy, en plena primavera, dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.

Las lamentaciones y los gemidos, los suspiros y las lágrimas son apaciguadas entre tanto por esta horrible palpitación de mi corazón; ¡ah, esta horrible palpitación!

Pues si te empeñas en soñar te empeñas en aventar la llama de tu vida.

No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura.

Sin mujer, la vida es pura prosa.

La luz produce los colores: los colores no encienden la luz.

Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer…

Ser sincero es ser potente: de desnuda que está, brilla la estrella.

¡Dejad al huracán mover mi corazón!

Lástima de aquel que algún día mira su esfinge interna y la cuestiona. Él está perdido.

Cuando el hombre ama de veras, su pasión lo penetra todo y es capaz de traspasar la tierra.

Y cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, amar la inmensidad que es de amor encendida ¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

Un buen libro es el mejor de los amigos, lo mismo hoy que siempre.

Eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones.

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, porque ésta ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de estar vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

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De la excelsa beldad que encarnas, han brotado estrellas sobre el mundo.

Porque siento que allá arriba, en el cielo, los ángeles que se hablan dulcemente al oído, no pueden encontrar entre sus radiantes palabras de amor una expresión más ferviente que la de “madre”.

Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella. El cielo estaba azul, y yo estaba desnudo.

Una vez voló un clavel de su tallo hecho mariposa roja, y una estrella descendió fascinada y se transformó en flor de lis.

¡La mejor musa es la de carne y hueso!

Para qué querré yo la vida cuando no tenga juventud.

La torre de marfil tentó mi anhelo; quise encerrarme dentro de mí mismo, y tuve hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de mi propio abismo.

El canto vuela, con sus alas: armonía y eternidad.

El libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor.

Si pequeña es la patria, uno grande la sueña.

El verbo puede crearse su propia carne, como el caracol su concha: pero la carne sola jamás creará al verbo, y como la estatua existirá sin alma.

El eterno femenino puede tornar humano lo divino.

Busco una forma que mi estilo no pueda descubrir, un capullo de pensamiento que quiera ser una rosa.

Pero tu carne es pan, tu sangre es vino.

La palabra no es en sí más que un signo, o una combinación de signos; mas lo contiene todo por la virtud demiúrgica.

Nada de filosofías, nada de finalidades trascendentes, ni de abstracciones sensibilizadas, humanizadas y universalizadas. Eso, estoy seguro, hiere vuestros tímpanos delicados hechos para la música y el amor.

¿Y aquellas alas de mariposa azul de qué nos sirven? Preguntarán los que nacieron sin alas.

Pieza de música por pedazo de pan.

La religión y la filosofía se encuentran con el arte en tales fronteras, pues en ambas hay también una ambivalencia artística.

Quiero expresar mi angustia en versos que abolida dirán mi juventud de rosas y de ensueños, y la desfloración amarga de mi vida por un vasto dolor y cuidados pequeños.

La monstruosa, la tormentosa, la irresistible capital del cheque. Rodeada de islas menores, tiene cerca a Jersey; y agarrada a Brooklyn.

Sí, el arte es el azul, pero aquel azul de arriba que desprende un rayo de amor para encender los corazones y ennoblecer el pensamiento y engendrar las acciones grandes y generosas.

En una senda abandonada y triste que recorren tan sólo ángeles malos, una extraña Deidad la negra Noche ha erigido su trono solitario; allí llegué una vez…

He acariciado a la gran naturaleza, y he buscado al calor del ideal, el verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la perla en lo profundo del océano.

Ama tu ritmo y rima tus acciones; bajo su ley, así como tus versos; eres un universo de universos, y tu alma, una fuente de canciones.

Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado, y las uvas de cristal. ¡Naturaleza muerta!

Diré que eres más bella que la luna; Que el tesoro del cielo es menos rico que el tesoro que vela la importuna caricia de marfil de tu abanico.

¡Ah, mi adorable, mi bella, mi querida garza morena! Tú tienes en los recuerdos profundos que en mi alma forman lo más alto y sublime, una luz inmortal. Porque tú me revelaste el secreto de las delicias divinas, en el inefable primer instante del amor!

No sabemos explicarnos por qué el halcón devora a la paloma, y nuestra ignorancia se retuerce contra el Creador del Cielo y de la tierra, origen de la justicia y fuente de todo bien.

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