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John Milton (1608 – 1674) fue un escritor y poeta inglés que vivió en el siglo XVII, a él se le atribuye la escritura de una de las epopeyas más famosas de la literatura inglesa. Es sin duda uno de los más grandes poetas ingleses y su trabajo reflejó un profundo sentido de compromiso con las causas de la libertad de expresión y la autoexpresión, en un momento en que estos derechos no estaban en la mente de la mayoría de los intelectuales.

Aparte de ser uno de los poetas más influyentes de todos los tiempos, Milton también era un funcionario que trabajaba bajo la Mancomunidad de Inglaterra. La obra más famosa de Milton, que aún se estudia en universidades y escuelas de todo el mundo, es la épica “El paraíso perdido” escrita en 1667, y seguramente seguirá siendo inmortal en los anales de la literatura. La otra obra famosa de Milton es el libro “Areopagítica” escrito en 1644, que trata temas como la autoexpresión y la libertad de expresión. No hace falta decir que se adelantó a su tiempo en este sentido.

Hoy te traemos algunas de sus mejores citas para que puedas disfrutarlas.

Citas célebres de John Milton

Bien que no se conoce, no es tal bien, y el poseer lo que no se aprecia, es como si no se poseyese.

La soledad es a veces la compañía más agradable, y una separación, aunque corta, hace más dulce el placer de volver a verse.

¿Qué tiene que ver la noche con el sueño?

La tierra contiene en sí misma el mal y su remedio.

La suerte es el residuo de los designios.

Donde no hay esperanza no hay temor.

La juventud anuncia al hombre como la mañana al día.

No ames ni aborrezcas la vida, pero mientras te dure, esfuérzate en vivir bien.

Largo y difícil es el camino que desde el infierno conduce a la luz.

Despierta, levántate o quédate para siempre.

¡Qué hermosa, qué divina creación es la mujer! ¡Cuán digna es del amor de los dioses!

El demonio se avergonzó y sintió cuán terrible es la bondad, y vio la virtud en su forma, que adorable: y le dolió la pérdida.

¿Qué es la fuerza sin una doble porción de sabiduría?

Lo que no me mata me hace más fuerte.

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Para los nobles como para los que no lo son, la vida más dulce es la más extraña a las armas, cuando no se acude a ellas por un impulso de desesperación.

No lo negaré, pero la mejor disculpa contra los falsos acusadores es el silencio y el sufrimiento, y los hechos honestos contra las palabras deshonestas.

¡Oh Espíritu! Que prefieres a todos los templos un corazón recto y puro, inspírame tu sabiduría.

Ni hombres ni ángeles pueden discernir la hipocresía, vicio invisible en cielo y tierra, excepto para Dios que lo consiente.

También sirven quienes solamente soportan y esperan.

Cuando la razón lucha con la fuerza, por más que sea empresa ardua y temeraria, la victoria debe estar de parte de la razón.

Denme la libertad para saber, pensar, creer y actuar libremente de acuerdo con la conciencia, sobre todas las demás libertades.

Nunca puede crecer la verdadera reconciliación donde las heridas de odio mortal hayan perforado tan profundamente…

Todos los caminos me llevan al infierno. Pero ¡Si el infierno soy yo! ¡Si por profundo que sea su abismo, tengo dentro de mí otro más horrible, más implacable, que a todas horas me amenaza con devorarme!

El sufrimiento purifica. Aquel que sepa sufrir mejor, hará mejor obra.

No todo está perdido, la voluntad inconquistable y el estudio de la venganza, el odio inmortal y el coraje de no rendirse nunca.

Todos los caminos me llevan al infierno. Pero ¡si el infierno soy yo! ¡Si por profundo que sea su abismo, tengo dentro de mí otro más horrible!

En un mundo de fugitivos el que transita el justo camino, parece huir.

La elocuencia deleita el alma y la música los sentidos.

Mundo en que toda vida muere, en que toda muerte vive.

¿Tan horrible parezco ahora a tus ojos cuando en el cielo me tuviste por tan hermoso?

El que se alaba a sí mismo siempre encuentra quien se ría de él, lo cual no es cómico sino trágico.

Este horror crecerá suave, esta oscuridad se iluminará.

La inocencia, una vez perdida, nunca puede ser recuperada. La oscuridad, una vez vista, nunca puede perderse.

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¿A qué extremo no son capaces de descender la ambición y la venganza?

El comienzo de toda guerra puede descubrirse, no en el primer acto de hostilidad, sino en los consejos y los preparativos que le anteceden.

Lo que está oscuro dentro de mí, ilumina.

El espíritu lleva en sí mismo su propia morada y puede llegar en sí mismo a hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo.

Quizá la muerte consista en esto, en trocar la naturaleza humana por la divina.

No creas que, aunque el hombre no existiese, carecería el cielo de espectadores, y Dios de alabanzas; mientras velamos, mientras dormimos, millones de criaturas espirituales marchan invisibles por el mundo.

El amor purifica el pensamiento y engrandece el corazón.

¿Cómo un corazón esclavizado ha de mostrar que se somete voluntariamente a su servidumbre, si cohibido por el destino, carece de toda elección posible?

¡Maldecido amor, o maldecido odio, que tanto valen para mí uno como otro, dado que es eterna mi desventura!

Vale más reinar en el infierno que servir en el cielo.

El conocer lo que tenemos delante de nosotros, en nuestra vida ordinaria, esa es la principal sabiduría.

A aquellos que han apagado los ojos del pueblo, reprochadles su ceguera.

Un buen libro es preciosa sangre de vida de un espíritu magistral, embalsamado y atesorado con el propósito de dar vida más allá de la vida.

La mejor actitud contra acusaciones falsas es el silencio, y los hechos honestos contra palabras deshonestas.

El mejor partido que nos resta, es fomentar algún secreto designio para obtener por astucia o por artificio lo que no hemos conseguido por la fuerza.

Donde no hay ningún bien que disputar, no puede alzarse en guerra facción alguna.

El ambicioso, para lograr su fin, debe rebajarse tanto como ha pretendido elevar sus miras, y por encumbrado que esté, humillarse hasta los más viles empleos.

La mujer es un hermoso defecto de la naturaleza.

Vileza es mostrarse débil, bien en las obras, bien en el sufrimiento.

¡Oh bondad infinita, bondad inmensa, que hasta del mal haces nacer todo este bien, trocando en bienes los males, maravilla más grande que la de la creación al salir la luz de las tinieblas!

Lo que quiso el amor, que jamás quiso cosa alguna en vano.

Sólo me falta la sordera para ser el mejor partido de Inglaterra.

No creo en la casualidad ni en la necesidad. Mi voluntad es el destino.

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El que mata a un hombre, mata a un ser de razón, imagen de Dios; pero quien destruye un libro, mata la razón misma, mata la imagen de Dios.

Dios no puede castigaros siendo justo, y si no es justo no es Dios, y dejando de ser Dios no hay para qué temerle ni obedecerle.

Libremente servimos, porque libremente amamos; de nuestra voluntad depende el amar o no, y en ella por consiguiente estriba nuestra elevación o nuestra ruina.

Los Dioses fueron los primeros que existieron, y se prevalen de esta ventaja para hacernos creer que todo procede de ellos, pero lo dudo, porque, al paso que veo esta hermosa tierra que con el calor de los rayos del sol produce tantas cosas, ellos no producen nada.

La bondad, entre más comunicativa, crece con mayor rapidez.

El menosprecio que haces de la vida y del placer, parece indicar que hay en ti algo más sublime.

Una mente no debe ser cambiada por lugar o tiempo. La mente es su propio lugar, y en sí misma puede hacer un cielo del infierno, un infierno de un cielo.

Se levantaron libremente los que estaban, y cayeron los que cayeron.

De repente aparecen ante los ojos de Satán y los dos espectros los secretos del antiguo abismo, sombrío e inmenso océano, sin límites ni dimensiones, donde se pierden la extensión, la profundidad, el tiempo y el espacio.

El abismo no tiene límites ni vacío, porque yo soy el abismo; lo infinito está lleno de mí. Pero yo, a quien nada puede contener, me retiro y no extiendo por todas partes mi bondad, que es libre de obrar o de no obrar: el hado y la necesidad en mí no influyen: mi voluntad es el destino.

No cabe duda que la gente tiene que estar loca o extrañamente obcecada para cifrar la principal esperanza de su fidelidad o seguridad común en una sola persona, la cual, en el caso de que sea buena, no puede hacer más que otro hombre, y si es mala tiene poder para hacer más daño que millones de otros hombres.

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