Jean de La Fontaine (1621 – 1695) fue un poeta, moralista, dramaturgo, libretista y escritor francés.

La Fontaine es conocido por sus fábulas, recogidas de la tradición de diversas culturas y escritas en verso a Fábulas de La Fontaine. Algunas fábulas famosas son: La cigarra y la hormiga, El cuervo y el zorro, El zorro y la cigüeña, El molinero, su hijo y el asno, El ratón de campo y el ratón de ciudad.



No te pierdas hoy estas hermosas frases llenas de sabiduría.

Citas célebres de Jean de La Fontaine

Nadie tiene dominio sobre el amor, pero el amor domina todas las cosas.

A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.

El hombre está hecho de tal manera que cuando algo dispara su alma, las imposibilidades se desvanecen.

La desdicha es el vínculo más estrecho de los corazones.

Me doblo, pero no me rompo.

Nada nos pesa tanto como un secreto.

Nada es más peligroso que un amigo sin discreción; incluso un enemigo prudente es preferible.

La sabiduría es un tesoro que nunca causa entorpecimientos.

Raro como es el verdadero amor, la verdadera amistad es más rara.

Todo adulador vive a expensas de quien le escucha.

Cualquier poder, si no se basa en la unión, es débil.

El hombre es hielo para la verdad y fuego para la falsedad.

La mejor victoria es conquistar el propio corazón.

La paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia.

La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros.

Ten cuidado, mientras vivas, de juzgar a los hombres por su apariencia externa.

La mitad de hoy es mejor que la de mañana.

La gracia, más bella aún que la belleza.

Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.

La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad.

El trabajo es el único capital no sujeto a quiebras.

Por su obra se conoce al artesano.

Lo bello nos atrae, despreciamos lo útil; y lo bello muchas veces nos pierde.

La amistad, como la sombra vespertina, se ensancha en el ocaso de la vida.

En toda cosa hay que considerar el fin.

Ni la riqueza ni la grandeza nos hacen felices.

Todos creen muy fácilmente lo que temen o desean.

Nos volvemos inocentes cuando somos desafortunados.

La amistad es la sombra de la tarde, que aumenta con el sol poniente de la vida.

Las personas que hacen poco ruido son peligrosas.

De nada sirve el correr, lo importante es el partir a tiempo.

La tristeza vuela en las alas del tiempo.

Él conoce el universo y no se conoce a sí mismo.

Nos arriesgamos a todo por ser demasiado codiciosos.

El ejemplo es un señuelo peligroso: donde la avispa atravesó el mosquito se pega rápido.

En todas las épocas los pequeños han tenido que expiar por la tontería de los grandes.

Ningún camino de flores conduce a la gloria.

Las personas deben ayudarse unas a otras; Es la ley de la naturaleza.

Un estómago hambriento no puede oír.

Nunca vendas la piel del oso antes de que uno haya matado a la bestia.

La mayor desgracia es merecer la desgracia.

Cada uno vuelve a caer cada vez en su falta habitual.

Engañar al que engaña es doblemente entretenido.

La avaricia lo pierde todo por quererlo todo.

Desde la distancia es algo; y cerca no es nada.

No exageremos nuestros talentos, no sea que no hagamos nada con gracia.

Cosa dulce es un amigo verdadero; bucea en el fondo de nuestro corazón inquiriendo nuestras necesidades. No ahorra el tener que descubrirlas por nosotros mismos.

Vestido con la piel de león, extendió el terror por todas partes.

Cada editor de periódicos rinde homenaje al diablo.

La muerte nunca toma al sabio por sorpresa, siempre está listo para irse.

En todo hay que considerar el final.



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